Los seis centros de Educación Infantil y Primaria (CEIP) de Anaga cuentan en este curso escolar 2024-25 con 60 alumnos, que son atendidos por 25 docentes; de ellos siete son tutores fijos en los centros. María Mamely Díaz puso en valor la labor de todos los docentes del colectivo y, en especial, de los maestros itinerantes, que imparten inglés, educación física o música -docente que da clase en las seis unitarias y debe ajustar el horario, para que al día pueda itinerar entre dos o tres centros- teniendo en cuenta la complicada orografía y las distancias entre los centros.
“La figura de los docentes especialistas son muy importantes porque nos pueden llevar recursos de un lado para otro y también cohesionan las escuelas”. Dos ejemplos son la preparación de las próximas Olimpiadas Canarias de Anaga o las actividades con motivo del Día de Canarias, donde ensayan con los alumnos en cada uno de los colegios para ponerlo en común.
Las Escuelas Rurales tienen entre sus objetivos “socializar el alumnado de todos los centros, generando puntos de encuentro para que se conozcan y compartan actividades”. Estas acciones también minimizan las dificultades que pudieran tener al pasar al Instituto de Secundaria. “Preparamos a los niños socialmente y, aunque viven en un territorio aislado, no tienen dificultades”. Además, hoy en día tienen a su alcance avances tecnológicos como tablets, móvil e internet.
Cuestionada por lo que supone este premio Viera y Clavijo para el colectivo, afirmó que “es un reconocimiento a toda la trayectoria” y recordó a estos docentes que “apostaron por las medianías y por mantener estas escuelas abiertas, personas comprometidas con el territorio y que han sabido crear espacios de transferencia pedagógica, poniendo en valor las tradiciones y el patrimonio”.
Admitió que esos pioneros “han dejado su huella en Anaga. Esos primeros maestros y maestras que circulaban por pistas para llegar cada día al colegio. Pese a que ya se han jubilado, “muchos siguen vinculados al territorio” y marcaron el camino, recordando hitos como el plan de formación del profesorado denominado Trabajamos en Anaga, en el que “conocemos el territorio, de la mano de sus vecinos, que nos cuentan los oficios y las costumbres, sus labores, sus cultivos o sus comidas, o visitamos negocios o lugares” como el Molino de Gofio de Las Mercedes o el centro de interpretación del Semáforo de Anaga, “para luego transmitirlo a los alumnos”.
Las escuelitas de Anaga cuentan con muchos aliados y personas que se acercan a contar sus experiencias a los menores, entre ellas Antonio que ha creado un jardín botánico o da charlas de ornitología, botánica, etc. “Realmente Anaga es su población, las personas que apuestan por este territorio. En estos 21 años en los que llevo subiendo a Roque Negro, tanto profesional como por compromiso moral, sin duda merece la pena poner en valor toda la riqueza de Anaga”. El CEAR Anaga edita desde finales de los años 90 del siglo pasado el periódico escolar, Anaga Cuenta…, un verdadero archivo histórico de los caseríos y sus gentes.





