El CD Tenerife militará la próxima temporada en Primera RFEF. En la noche de ayer se consumó su descenso matemático tras los triunfos cosechados por el Real Zaragoza y el Sporting de Gijón.
Un descenso que tiene muchos padres. A la hora de repartir culpas, el primero en la lista es el aún máximo accionista de la entidad, José Miguel Garrido. Exiliado desde hace meses en Londres, el empresario es el principal autor de, primero, elegir mal a los dos primeros entrenadores de la temporada (Óscar Cano y Pepe Mel), y, segundo, por confeccionar una plantilla con claras carencias. Además de propiciar un clima de guerra civil y extrema tensión en la cúpula directiva. Unas guerras intestinas en el consejo que, sin duda alguna afectaron al rendimiento deportivo.
Sus lugartenientes, Santiago Pozas y Juan Guerrero, fueron sus brazos armados a la hora perpetrar sus tropelías, por lo tanto también son claros culpables de este descenso. No se puede excluir a Mauro Pérez, exdirector deportivo, de esta cuadrilla de incalificables ‘profesionales’.
Y por último, los árbitros, que machacaron al equipo en el tramo final de la competición, desbaratando cualquier posible reacción.
Cabría la opción de hacer menos culpables a la mayoría de jugadores, que han dado la cara y han peleado por revertir la situación hasta el último momento; al cuerpo técnico, que ilusionó a la afición con lograr la salvación; y al actual consejo, que ha hecho todo lo posible para evitar lo imposible.
Atendiendo solo a la clasificación, los blanquiazules estaban condenados a sufrir este final prácticamente desde las primeras jornadas ligueras, después de iniciar el curso perdiendo en Elda (2-1) y ante el Racing en el Heliodoro (0-1). Desde entonces, su presencia en la zona baja de la tabla ha sido constante.
El momento más agónico llegó con la derrota en Anduva ante el Mirandés (2-0). En esa fecha del calendario, la 29, eran 17 puntos los que separaban al equipo del decimoctavo, que era el Zaragoza. Una diferencia insalvable.
Pero llegó Álvaro Cervera al banquillo tinerfeño y gracias a una racha de cuatro victorias, contra Huesca, Cádiz, Granada y Sporting, el equipo pudo reducir la diferencia negativa a ocho unidades.
Se creía en esos momentos en la remontada, pero surgió el factor arbitral para echar por tierra cualquier ilusión. Cuatro empates seguidos, ante el Burgos, Deportivo, Eibar y Levante, frustraron cualquier aspiración de lograr la permanencia.
Así, tras 12 años en Segunda División, el CD Tenerife vuelve a bajar al tercer escalón del fútbol profesional, como ya sucedió en 2011. Ahora toca centrarse en regresar, lo más pronto posible, a la categoría que, por historia, le pertenece: la Segunda División.





