Por José Cruz | Hace tiempo que los patrocinios de las galas gastronómicas recaen fundamentalmente en las administraciones públicas y cada vez es menos relevante, aunque sí importante, los fondos que aportan a estos eventos las empresas privadas. No es frecuente, pero recientemente se ha hecho público cuánto costará, o al menos, cuánto corresponderá al erario público la próxima gala anual de la Guía Michelin, que se celebrará en el Palacio de Ferias y Congresos de Málaga (Fycma).
El desembolso para este evento se reparte de la siguiente manera: Junta de Andalucía, 600.000 euros; Diputación de Málaga, 200.000 euros, y Ayuntamiento de esta ciudad otros 200.000 euros. Es decir, un total de un millón de euros. Lo mismo que el máximo galardón de un premio Planeta. El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre Prados, ha dicho sobre el retorno de esta millonaria inversión en Gastroeconomy, que “es mucho más el beneficio que lo que nos cuesta”.
La gala Michelin desde hace unos años ha ido rotando por ciudades como Murcia, Barcelona, Toledo, Valencia y también, como recordarán, en el año 2017 en The Ritz Carlton Abama, en el municipio tinerfeño de Guía de Isora. No dudo de la repercusión que tiene la gala Michelin y su impacto en la ciudadanía, pero ¿no parece desorbitado gastar un millón de euros en una gala? ¿Acaso el negocio de venta de neumáticos rueda directo hacia el de la gastronomía? Ahí lo dejo.





