Tras meses de silencio, el artista grancanario, Abhir ha vuelto con su tema “Lealtad”, una pieza cargada de simbolismo, dolor y denuncia que pone el foco en una supuesta traición por parte de su propio mánager. La música, en este caso, se convierte en terapia. En el único refugio posible para procesar el golpe más inesperado: el de la deslealtad, un proceso que forma parte de la vida, desgraciadamente, de muchos artistas.
Abhir cuenta en la actualidad con más de medio millón de oyentes mensuales en Spotify, todo ello precedido tras la consolidación de su aplaudido álbum “Brown Boy”, donde exploró con madurez sus raíces indias y su identidad e imaginario canario. Canciones como “Bombay a Las Palmas” o “Hijo de inmigrante” reflejaron esa doble pertenencia con crudeza y sensibilidad, marcando un punto de inflexión en su carrera tras su debut con “Lazos y nudos”.
Con esa obra, Abhir no sólo consolidó un estilo, también echó a andar una intensa gira nacional. “Elefantes cabalgando” y “Beber agua es prioritario”, lo llevaron a actuar por toda la península durante 2023 y 2024, sumando fechas y seguidores a un ritmo constante. Todo indicaba que su carrera estaba en plena ebullición, a punto de estallar al más alto nivel. Hasta que, de forma inesperada, el silencio se impuso.
Tras el lanzamiento de su álbum, la carrera de Abhir experimentó una pausa, algo que en una industria tan voraz y exigente como la actual puede sentirse como un retroceso.
Durante cuatro meses, Abhir desapareció del radar. Nada de música nueva, o más bien poca, al mismo ritmo que sus apariciones públicas. El parón, ahora se sabe, escondía una grieta profunda: una supuesta estafa por parte del que habría sido su propio mánager, Ramiro McTersse, CEO de la agencia Stepfamily, conocida en la industria del cultural management por trabajar con marcas como Vans, Dickies o Arnette, y por impulsar a artistas como Delaossa, Saske o Eaziboi.
La noticia, aunque aún no confirmada oficialmente por procesos legales, ha estallado con fuerza gracias al videoclip de “Lealtad”, el regreso musical de Abhir. Lejos de la euforia de los sencillos anteriores, esta canción, disfrazada de balada y acompañada por una guitarra rítmica y ligera, es una carta abierta que expresa la decepción de Abhir, una pieza audiovisual cuidadosamente narrada, tratada y producida, donde la denuncia toma forma a través del arte.
¿La vida tras la música?
El videoclip arranca con un renovado Abhir en una nueva vida, aparentemente alejada de la música, ahora como agente inmobiliario.
Todo empieza a hablar. Tras la visita a una vivienda, el artista se cruza con una taza con el logo de Stepfamily, la empresa de su exmanager, lo que deja perplejo al artista. La tensión crece mientras la letra va destapando su dolor.
“No estoy enfadado, estoy desilusionado… Me diste donde más dolía”, canta Abhir con una voz contenida.
En el clímax del vídeo, un actor —representación evidente de Ramiro— aparece consumido por el insomnio, tomando pastillas, acechado por sus culpas. Un Abhir enmascarado irrumpe en su habitación, convirtiendo el plano en una escena casi alegórica de ajuste de cuentas. El cierre, con una foto Polaroid en la que el rostro de Ramiro aparece tachado, no deja lugar a dudas: esta no es una canción más.
“Uno, dos y tres, son unos dos y tres… me da mucha pena, sin padre van a crecer”, lanza con ironía amarga, mezclando rencor y tristeza en una misma línea.
El arte como vía de supervivencia
Más allá del conflicto personal y del tono aparentemente alegre de la canción —desmentido por completo en su letra—, Lealtad es una poderosa muestra de cómo el arte, en su forma más cruda, puede convertirse en un canal de desahogo, reparación y reconstrucción. Abhir no recurre al drama forzado que impera en las redes, a su vez, utiliza la música como un lienzo emocional, donde la traición se transforma en relato y el dolor se convierte en expresión.
En el imaginario del rap, la lealtad no es solo una palabra: es un código y un principio. “Lealtad” no suena a venganza —o al menos no únicamente—. Es testimonio y advertencia a partes iguales. Una forma de sanar, pero también de señalar, todo bajo la premisa artística.





