la guancha

El vecino que lo dio todo por su pueblo

José Velázquez Afonso costeó la remodelación de la iglesia del Dulce Nombre de Jesús, mejoró la calzada que une La Guancha de Abajo con el casco urbano y dotó a este núcleo del municipio de un sitio de culto con la ermita Nuestra Señora del Coromoto. Más de 70 años después es reconocido Hijo Predilecto a título póstumo

José Velázquez Afonso nació en La Guancha en 1914 y siendo muy joven, previo a la Segunda Guerra Mundial, emigró a Venezuela. Igual que muchos canarios, se fue a probar suerte, solo que él contaba con una pequeña ventaja: tener formación académica, ser valiente, y con don de gentes. Fue un sacerdote quien percibió su capacidad y facilidad para el estudio y le dio clases, llegando a un nivel que hoy podría asimilarse a un bachillerato, un privilegio para pocas personas en esa época.

En Venezuela puso en marcha una tienda de repuestos de coches a la que se dedicó durante unos años, hasta que una crecida del río se la anegó. Afortunadamente pudo cobrar el seguro, pero al mismo tiempo destinó a dos operarios a engrasar los repuestos, y en unos días consiguió casi duplicar el capital y recuperar el material estropeado por la inundación. Esta situación lo llevó a convertirse en un representante de empresas del rubro de Estados Unidos, a importar coches y más tarde, a dedicarse a la construcción.

Su perspicacia también la trasladó a Canarias. Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial amplió sus ingresos y eso le permitió traer desde Venezuela los neumáticos que no tenían uso para fabricar las suelas de los calzados de lona que se usaban en las Islas, cuyo coste era más barato y por lo tanto, más accesible para la gran mayoría de la población.

“Era un negociante y al mismo tiempo un visionario”, sostiene su familia. Llegó a progresar tanto que llegó a tener transporte aéreo propio para desplazarse entre los dos continentes. Fue en uno de esos viajes, en los años 40, cuando su avioneta tuvo un accidente y se cayó en medio de la selva. A José Velázquez le dejó una herida muy profunda en el estómago, pero el piloto que lo acompañaba estaba más grave, así que no dudó en cargarlo, una hazaña que luego fue considerada como meritoria. Juntos llegaron a la primera tribu que se encontraba al lado del río y desde allí fueron evacuados a Caracas.

En el hospital conoció a una enfermera con la que luego se casó y tuvo una hija llamada Fidela. Sin embargo, José se dio cuenta que su matrimonio no funcionaba y en los años 50 regresó a Canarias con el firme propósito de encontrar una segunda mujer.

Fue en Garachico donde conoció a María del Carmen Ramos Rodríguez, vecina de Garachico y conocida por todos como Carmita, más joven que él, y se enamoraron. Juntos enfrentaron un problema que no preveían: en España no existía el divorcio y él estaba casado en Venezuela. Juntos también regresaron al país andino, donde nacieron sus cuatro hijos, Carmuchi, Joseíto, Marisela y Miguel Ángel, tras conseguir la anulación eclesiástica y contraer matrimonio con Carmita.

José Velázquez siempre fue una persona religiosa y preocupada por su pueblo y por eso destinó parte de su fortuna a ayudar a mejorar la tierra que lo vio nacer. Entre sus obras más importantes destacan la de costear la remodelación de la iglesia del Dulce Nombre de Jesús y mejorar la calzada (un antiguo camino de cabras) que une La Guancha de Abajo con el casco urbano del municipio, la actual calle San Antonio.

Pero su auténtico propósito era dotar a este último núcleo de un sitio de culto, y no dudó en disponer de terrenos colindantes a la casa familiar, además de alguno que le donaron. Para ello, trajo todos los materiales de Venezuela, incluida una imagen tallada de la Virgen de Coromoto, patrona de ese país, ya que, debido a la devoción que le profesaba, decidió que el templo llevase su nombre.

Fue un 13 de septiembre de 1953 cuando se procedió a la colocación de la primera piedra para la edificación de la ermita, finalmente inaugurada el 1 de septiembre de 1957.

A partir de esta fecha, las fiestas de La Guancha de Abajo en honor a la Virgen de Coromoto se celebran cada mes de mayo y por eso ayer José Velázquez Afonso, un vecino que lo dio todo por su pueblo, fue declarado a título póstumo Hijo Predilecto del municipio.

Al volver a Venezuela el país vivía una situación de conflicto y revuelta bajo la dictadura de Marcos Pérez Giménez -derrocado en un golpe de estado en 1958- y por eso decidió que sus hijos e hijas estudiaran en un internado en Estados Unidos.

A principios de los años 60 intentó retirarse, sin éxito, del mundo de los negocios. No solo porque estaba cansado sino porque empezaba a tener problemas de salud importantes, y quiso volver a Tenerife.

En la Isla compró una casa para residir y otra para veranear. La primera fue el palacete Martí Dehesa, en Santa Cruz de Tenerife, el inmueble que fue la primera residencia del Gobierno de Canarias. La segunda, estaba ubicada en Vistabella, frente a la clínica San Juan de Dios, rodeada de grandes jardines que en la actualidad han sido suplantados por una urbanización de chalés.

Pero la retirada fue por poco tiempo ya que había ampliado su negocio, tanto en Venezuela como en Estados Unidos, y se vio obligado a regresar al país andino.

Desde allí, en esos años de pobreza en la Isla, ayudó a muchos compatriotas que, como él, habían decidido emigrar en búsqueda de trabajo y un futuro más próspero. “Quizás su faceta social es la menos conocida”, apunta la familia. Abrió el Bar Obrero, en el centro de Caracas, desde donde mandaba cartas de invitación a familias de La Guancha y también de San Juan de la Rambla que se aclimataban allí, actuando como una especie de banquero y les ayudaba a montar su negocio.

“Así se fueron muchos vecinos para allá. Y cuando regresaba a Tenerife les proveía necesidades y ayuda económica para que pudieran terminar de construir sus viviendas. Era una especie de servicios sociales de la época, pero financiados por él. Allí donde detectaba una necesidad, intentaba resolverla”, subrayan sus familiares.

José Velázquez falleció en Venezuela el 17 de marzo de 1970 a los 56 años. Todos estos méritos no se le habían reconocido hasta el 26 de julio del año pasado, cuando el Pleno del Ayuntamiento acordó por unanimidad saldar la deuda con un vecino “que merece ser recordado como un guanchero distinguido por su desinteresada labor en favor del municipio que lo vio nacer”.

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