cultura

Málaga y el Museo Picasso se encuentran el viernes con el arte de Óscar Domínguez

La exposición antológica, con la colaboración de TEA Tenerife Espacio de las Artes y el comisariado de Isidro Hernández, reúne hasta el 13 de octubre más de un centenar de obras del pintor
Óscar Domínguez, fotografiado por Eduardo Westerdahl en París. / E. W.

TEA Tenerife Espacio de las Artes colabora con el Museo Picasso Málaga en una retrospectiva dedicada al pintor Óscar Domínguez (Tenerife, 1906-París, 1957), que podrá visitarse en el centro andaluz desde este viernes.

La exposición mostrará más de un centenar de obras de Domínguez, uno de los protagonistas de la vanguardia surrealista de los años 30 del pasado siglo, considerado por la crítica especializada el artista de origen canario más internacional de todos los tiempos. Su permanece unido al de otros creadores españoles que participaron en aquel movimiento, como Joan Miró, Salvador Dalí, Remedios Varo y Esteban Francés.

Comisariada por el conservador de la Colección TEA, Isidro Hernández Gutiérrez, Óscar Domínguez reúne hasta el 13 de octubre un conjunto de obras maestras del artista, poniendo especial atención en la época surrealista, el mejor momento de su producción. Además de las piezas cedidas en préstamo por TEA, entre ellas varias obras muy significativas, como La bola roja (1933), Le dimanche (1935), Los sifones (1938) y Autorretrato con cabeza de toro (1941), la exposición cuenta con obras procedentes de otras instituciones. En esa relación figuran el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de Madrid; el Museo de Bellas Artes de Bilbao, la fundación gallega Abanca, el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), la Fundación Telefónica, la Fundación CajaCanarias, la Fundación Mapfre, la Colección LM de La Laguna (Tenerife), la Fundación María José Jove (A Coruña) y la Colección del Gobierno de Canarias.

De igual modo, la muestra cuenta con préstamos procedentes de instituciones internacionales, como el Museo Cantini de Marsella, que colabora con la cesión temporal de una obra hasta ahora inédita del pintor, datada en 1940, La solitude, de la antigua colección del poeta Paul Éluard. Esta pintura, perteneciente a su etapa de las redes, representa la deflagración meteórica de estrellas suicidas a punto de colisionar, como premonitorias de la mayor de las catástrofes. Junto a esta se exhibe una pintura de 1935 procedente de la colección alemana Ulla y Heiner Pietzsch de Berlín -sin duda una de las obras estrellas de le exposición-, y hoy depositada en la Berlinische Galerie.

‘Sin título’ (1935), Óscar Domínguez. Colección Ulla y Heiner Pietzsch. / DA

Otra de las obras es Máquina de coser electrosexual, de la Heine Onstad Kunstsenter de Oslo, considerada la obra cumbre del artista, en la que, según el comisario de la muestra, el pintor busca “dinamitar lo convencional y ortodoxo del deseo y de la sexualidad en beneficio de un erotismo excesivo y ritual”.

“Las creaciones del Domínguez de los años 30 -subraya- buscan dotar de sentido al ejercicio de la libertad creadora, entendiendo arte y vida como un único impulso en el que el azar, el deseo, el humor negro y lo irracional se dan la mano”.

Otras colecciones privadas han colaborado en esta importante retrospectiva, así como las galerías madrileñas Leandro Navarro, Guillermo de Osma y la parisina Applicat-Prazan.

Personajes surrealistas (1937), de Óscar Domínguez (colección particular). / DA

La obra de Óscar Domínguez se nutre de una iconografía ligada a su juventud en el norte de Tenerife, donde gesta una concepción irracional y sobreabundante de los enigmáticos procesos de la metamorfosis que van a acompañar a su trabajo creativo a lo largo de toda su trayectoria.

Pintor visionario y magnífico constructor de objetos de funcionamiento simbólico, Óscar Domínguez fue incluido en el Diccionario del surrealismo (1937) como el inventor de la técnica de la decalcomanía, una de las más altas manifestaciones del impulso de juego de la imaginación. Además, el imaginario de su pintura, estrechamente vinculado a la naturaleza de Canarias y al de la cultura material aborigen del Archipiélago, da forma a una obra muy singular, cargada de elementos míticos y simbólicos, que lo diferencia de otros surrealismos.

Estos elementos son materia viva que muta en imágenes oníricas, donde las formas lávicas se funden con desbordantes masas de color, como si el subconsciente brotara en erupciones desde sus pinceles.

El drago de Canarias (1933), una de sus pinturas más comentadas, se eleva en su pintura como tótem simbólico, y los mares de nubes adquieren una cualidad metafísica que invita a una contemplación suspendida entre lo real y lo fantástico. Domínguez convirtió este mundo mágico y primitivo en un lenguaje propio, inspirado por los vestigios del mundo prehispánico y la sorpresa de los entornos naturales que lo vieron crecer.

La exposición no se limita al período surrealista del artista, sino que presenta también una buena representación de sus obras de las décadas de los años 40 y 50 del siglo XX. Se trata, en su mayor parte, de obras del período esquemático de su pintura o de triple trazo, donde el color toma un protagonismo totalmente nuevo, y las líneas, en un acto disciplinado de expresión mínima, perfilan cada uno de los objetos representados sugiriendo solo su presencia, sin llegar a dotarlos de una apariencia de realidad. La muestra cuenta con un representación muy significativa de este período. Asimismo, una de las secciones de la exposición se abre al contexto artístico en el que Domínguez trata su trayectoria, de forma que se exhiben varias obras de algunos de sus contemporáneos, como Victor Brasuner, Jacques Herold, Dora Maar, Roberto Matta, Maud Bonneaud, Man Ray, Georges Hugnet o Yves Tanguy.

Anteriores retrospectivas del artista fueron las realizadas por Ana Vázquez de Parga para el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en 1996, y la comisariada por Véronique Serrano para el Museo Caniti de Marsella, en 2005. Esta muestra viene a sumarse al esfuerzo por situar al pintor Óscar Domínguez en el lugar que, por mérito propio, le corresponde en el marco de las vanguardias artísticas.

En palabras del director del Museo Picasso de Málaga, Miguel López-Remiro Forcada, “pocos artistas encarnan el alcance y el significado del surrealismo con tanta intensidad como Óscar Domínguez”. “Con esta exposición -afirma- el museo malagueño se reafirma en la idea de dar a conocer artistas y manifestaciones artísticas coetáneas a Picasso, su época y su contexto.