cultura

Óscar Domínguez se reencuentra con Picasso

Málaga dedica una gran antológica al artista tinerfeño, conformada por más de un centenar de obras, merced a la colaboración de TEA y el comisariado de Isidro Hernández
'Óscar Domínguez' se podrá ver en Málaga hasta el 13 de octubre. / DA

“Español, canario, surrealista, pintor, poeta, amañado y gran bailarín de tango, Domínguez destaca con talla de coloso e imaginación de niño en una época en la que el intelectualismo gira en redondo y gira”. Así describía Maud Bonneaud (Limoges, 1921-Madrid, 1991) al artista tinerfeño (La Laguna, 1906-París, 1957) en un artículo en La Tarde de 1955. Y así lo recoge ahora, entre otros comentarios y reflexiones pasados y presentes acerca de él, el catálogo de Óscar Domínguez, la exposición que se abre hoy en el Museo Picasso de Málaga (MPM), una muestra conformada por unas 120 obras, que se podrán contemplar en la ciudad andaluza hasta el 13 de octubre.

Organizada con la colaboración de TEA Tenerife Espacio de las Artes y comisariada por el conservador de su colección, Isidro Hernández, la muestra fue presentada ayer en un encuentro en el que participaron, además de Hernández, el consejero insular de Cultura y Museos de Tenerife, José Carlos Acha; el director artístico de TEA, Sergio Rubira; su homólogo en el MPM, Miguel López-Remiro; el presidente del Consejo Ejecutivo del MPM, Bernard Ruiz-Picasso, y José Ángel Vélez, secretario general de Innovación Cultural y Museos de la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta andaluza.

Isidro Hernández, comisario de la muestra. / DA

AMPLIAR LOS LÍMITES
“Óscar Domínguez encarna como pocos el espíritu del surrealismo, al ampliar los límites del arte con un lenguaje radical”, recalcó López-Remiro, quien también apuntó a la idea de reencuentro entre Pablo Ruiz Picasso y Domínguez: “Como si ahora, con esta exposición, Domínguez visitará la casa de Picasso y juntáramos el estudio de un artista con el del otro, uniéramos las obras del tinerfeño con las 150 de la muestra permanente de este museo”.

Si bien el surrealismo es un movimiento esencialmente urbano, apuntó Isidro Hernández, el artista tinerfeño recurre en su imaginario a la orografía insular y a su naturaleza, en un ejercicio continuo de metamorfosis, detalló el comisario, que pone en primer plano la “condición mágica de las Islas”. Y así, uno de los símbolos de su imaginario, el drago, “aparece como si fuera el árbol del mundo”.

“Domínguez, un hombre del exceso, pero también de la melancolía, es muchos pintores a la vez”, expuso Isidro Hernández. De esa manera, para reflejar esta multiplicidad, la de “un artista experimental en un proceso de transformación permanente”, la exposición que ha recibido el Museo Picasso de Málaga se articula en siete secciones, que recogen diferentes tiempos, obsesiones e intereses. Para mostrar esta mirada panorámica al arte de Domínguez, el MPM reúne una buena parte de sus mejores obras.

Prácticamente la mitad de las piezas expuestas han sido cedidas en préstamo por TEA, entre ellas varias muy significativas, como La bola roja (1933), Le dimanche (1935), Los sifones (1938) y Autorretrato con cabeza de toro (1941). Pero la exposición también cuenta con obras procedentes de otras instituciones. En esa relación se encuentran el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de Madrid; el Museo de Bellas Artes de Bilbao, la fundación gallega Abanca, el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), la Fundación Telefónica, la Fundación CajaCanarias, la Fundación Mapfre, la Colección LM de La Laguna (Tenerife), la Fundación María José Jove (A Coruña) y la Colección del Gobierno de Canarias.

La exposición se podrá visitar hasta el 13 de octubre. / DA


De igual modo, la muestra cuenta con préstamos de instituciones internacionales, como el Museo Cantini de Marsella, que ha cedido La solitude (1940), de la antigua colección del poeta Paul Éluard, perteneciente a su etapa de las redes. Tambien se exhibe una pintura sin título de 1935, de la colección Ulla y Heiner Pietzsch de Berlín, hoy depositada en la Berlinische Galerie, así como la célebre Máquina de coser electrosexual, de la Heine Onstad Kunstsenter de Oslo.