Felisa Martín tiene 64 años y, en dos se jubilará, pero hace uno tomó una decisión que pocos se atreven a tomar a su edad: cambiar de rumbo profesional. Dejó atrás su trabajo de camarera de piso —una labor que desempeñó durante 15 años— y se metió de lleno en el mundo de la cocina. Una actividad económica donde los trabajadores habitualmente acaban donde empezaron, su historia es la excepción.
Impulsada por la necesidad de cambio, por un duelo que la marcó y por una vitalidad que nunca se apaga, Felisa demuestra que nunca es tarde para empezar de nuevo. Martín vive en el sur de Tenerife, en el municipio de Adeje. Allí ha criado a sus hijos, ha trabajado y allí ha decidido reinventarse. Su vida no ha sido fácil: tras estudiar enfermería, acabó dedicándose a la hostelería.
Durante 15 años fue camarera de piso, un trabajo que define sin rodeos: “Es bastante duro, tienes que coger mucho peso y hacer muchos esfuerzos”. A ese desgaste físico se le sumó una tragedia personal: la pérdida de uno de sus hijos. “Ese golpe me dejó tocada y hundida”, cuenta. “Me hizo parar”.
Durante un tiempo, el futuro se le volvió incierto. La llegada del COVID-19 agudizó aún más sus miedos. “Me volví hipocondríaca y lo pasé muy mal”, recuerda. Aturdida por la situación, pero guiada por la necesidad de seguir hacía adelante. Estando en el paro, empezó a realizar cursos obligatorios. “El Ayuntamiento de Adeje incentiva este tipo de cursos, así que me apunté a todos los que pude”.
Aunque nunca había “cocinado sin música alta y en una cocina que no era la suya”, dice, la formación le sirvió para desarrollar sus mañas culinarias. En uno de estos, un profesor vio algo en ella. Le recomendó dar un paso más: apuntarse a una formación profesional para conseguir el Certificado Profesional de Cocina Nivel 1.
“Con la edad que tengo, no me sentía capaz. Pensé: ¿otro trabajo ahora?”, dice. Pero la insistencia de su profesor y su propio espíritu inquieto la empujaron a intentarlo.
Lo que vino después confirmó que había tomado la decisión correcta.
Tras superar la formación, empezó sus prácticas en un hotel en La Caleta. Allí conectó con el equipo de cocina. “Tienen mucho tacto conmigo”, comenta.

UNA SEGUNDA JUVENTUD
“¡Estoy en una segunda juventud, como una chiquilla con zapatos nuevos!”, confirma.
Martín no se limita a agradecer la oportunidad: observa, analiza y aconseja, en una labor también de mucha entrega y carga.
“Soy una persona activa y con salud. Veo a las chicas jóvenes del hotel que están quemadas y yo, que soy mayor, pero a la vez se me hacen nuevas las tareas, tengo muchas ganas”.
También ofrece consejos a quienes aún están a tiempo de cambiar: “Brinquen de un lado a otro, aprendan, cojan experiencia”, afirma, concluyendo que, “la solución no es quedarse quieto esperando a la muerte”.
“En estas Islas hay muchos trabajos donde se te requiere diariamente desarrollar la libertad creativa. En este hotel hay gente con mucho nivel, potencial y ganas, pero los jóvenes deben estar listos. Mirar más allá”.
EDADISMO
Felisa critica el edadismo en el sector. “Si seguimos ampliando la edad de jubilación y vivimos más, habrá que abrir la mente en algún momento”, dice, recordando que esta es cada vez más alta, lo que obligará a los trabajadores de mayor edad a ocupar una parte creciente del mercado laboral.
La cocina le ha devuelto algo más que una ocupación. “Las relaciones sociales son importantes para envejecer con calidad”. Y cuando llegue la jubilación, lo tiene claro: “Viajaré y seguiré saliendo con mis amigas. Doy gracias a Dios por haber hecho este cambio”.
Por primera vez, más de 5 millones de mayores de 55 siguen en activo
En España, la participación laboral de las personas mayores de 60 años ha experimentado un notable incremento en los últimos años. Según datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024, por primera vez, las personas activas mayores de 55 años superaron los 5 millones, alcanzando los 5.089.500, lo que representa un aumento del 4,6% respecto a 2023. Además, se observa que la mitad de los trabajadores en España ya tiene más de 45 años, aumentando diez puntos en la última década. Este envejecimiento del mercado laboral plantea desafíos, destacando la necesidad de valorar el talento sénior.





