Eva, Pablo, Roxana, Celine, Olga, Silvia y Anja se presentan a las cinco en punto en la antigua estación del tren infantil de Ten-Bel. Aparecen con sus chalecos fluorescentes y provistos de las herramientas necesarias para realizar un zafarrancho de limpieza, otro más, en la urbanización de Costa del Silencio, la misma por la que entraron los primeros turistas al sur de Tenerife en los años 60. Minutos después se incorporan Carla, Elisa, Luisa, Przench, Katleen y Rgoer con sus prendas reflectantes, utensilios y sus ganas de asear los espacios comunes de este complejo privado.
Las mujeres de nacionalidad extranjera son mayoría entre las residentes y turistas de larga estancia que forman la asociación de Voluntarias Costa del Silencio Limpio, un colectivo presidido por Hannelore Ottevaere, ciudadana belga que sembró la semilla de un movimiento vecinal sin precedentes volcado, desde hace tres años, en mejorar la calidad de vida de los habitantes de un núcleo urbanístico que mira con nostalgia a su pasado e inmerso durante demasiados años en la desidia y el abandono.
DIARIO DE AVISOS asistió esta semana a uno de los zafarranchos y pudo comprobar la meritoria labor que realizan las voluntarias, desplegadas en grupos por jardines, solares, pequeños barrancos y cunetas, al rescate de todas las huellas de incivismo que encuentran a su paso y que acaban en grandes bolsas de basura.
Pero no solo recogen papeles, cartones, plásticos, latas y excrementos de perros. También reparan escaleras, eliminan los baches de las aceras, pintan muros, borran graffitis, colocan papeleras adquiridas en el rastro y hasta podan árboles y palmeras. Una tarea encomiable compaginada con la recuperación de objetos perdidos que devuelven a sus dueños, como ocurrió hace varias semanas con una cartera y un teléfono móvil hallados durante una de las limpiezas a fondo.
Sus actuaciones no dejan de sorprender a propios y extraños. Algunas de las muestras más evidentes de su labor son la reparación del histórico minigolf de Damon Park (el primero de la Isla), la creación de una biblioteca gratuita al aire libre con más de 200 títulos a la vista a disposición de cualquier transeúnte y el arreglo del parque infantil, donde los niños y niñas disponen, además de columpios y toboganes, de una estantería con medio centenar de cuentos y todo tipo de juguetes, desde coches a pequeñas bicicletas y piezas de lego.
Para la poda de palmeras, la asociación ha recurrido a una novedosa fórmula que ha permitido que una veintena de ejemplares de la calle Ten-Bel se encuentren en perfecto estado de revista: el apadrinamiento de cada árbol por los establecimientos del entorno mediante una donación de cien euros. Una acción altruista compensada con un cartel colocado en el tronco de cada palmera en el que se especifica el nombre de la empresa que ha hecho posible el arreglo. La respuesta solidaria salta a la vista en la céntrica vía, aunque los árboles de mayor altura requerirán de los servicios de una grúa que ya se gestiona.
Este grupo de residentes en Costa del Silencio de más de una docena de nacionalidades, en el que paradójicamente no se ha enrolado ningún ciudadano canario aunque sí tres peninsulares, continuará con el acicalado de esta zona retirando en las semanas venideras las palmeras secas, colocando picón en los jardines e instalando iluminación solar.
MURALES DEL RECUERDO
Otro de los aspectos embellecedores que saltan a la vista son los murales pintados por una integrante de la asociación, Olga Lvova, joven artista rusa que ha reproducido viejas estampas de la época esplendorosa de Ten-Bel. Siete murales acrílicos llenos de color y diseminados por espacios públicos con los que su creadora ha pretendido “mostrar lo que era este lugar”.
Contemplar sus obras es dirigir una mirada al pasado y una oportunidad para rememorar las escenas y paisajes que marcaron a varias generaciones de turistas nacionales y extranjeros así como a veraneantes tinerfeños y canarios.
En una de ellas aparecen dibujadas las pequeñas lanchas de choque que navegaban por el lago del parque de Ten-Bel y que tanto divirtieron a miles de niños y niñas. En su entorno, las voluntarias han acabado con una montaña de escombros, aunque su esfuerzo ha quedado deslucido por la instalación de algunas infraviviendas.
Costa del Silencio Limpio es una familia numerosa formada por medio centenar de miembros que esta semana ha llegado a los 5.000 seguidores en Facebook, su red habitual de difusión junto a Instagram, donde los aplausos y las felicitaciones se multiplican.
La asociación prepara ahora la salida, el próximo 1 de noviembre, del calendario solidario de 2027, una de sus principales fuentes para recaudar fondos y destinarlos a la compra de nuevos materiales, si bien el Ayuntamiento de Arona les aporta diferentes herramientas. El siguiente reto inmediato es ampliar su labor los domingos con zafarranchos en los entornos de las carreteras por las que se accede a Costa del Silencio: las vías TF-652, TF-653, TF-66 y la calle Olimpia.
Tres años después de que esta ciudadana belga convocara por primera vez a través de Facebook a sus vecinos para limpiar la basura acumulada en unos terrenos próximos a Chayofita, Hannelore reconoce que ha habido momentos en los que las dudas han asaltado a las jabatas brigadistas: “A veces pierdes el ánimo y queremos tirar la toalla, porque nos desanimamos cuando encontramos basura tirada donde limpiamos hace un par de días e incluso horas antes, pero no podemos dejarlo; hay un mundo de diferencia entre la Costa del Silencio actual y lo que era esto hace tres años: eso es lo que pensamos cuando las fuerzas flaquean”.
Asimismo, destaca como una “gran motivación” los comentarios favorables de ciudadanos anónimos tanto sobre el terreno como en las redes sociales. Entre los últimos recibidos, Hannelore destaca dos que le han llegado al alma: “Sois una maravilla de seres humanos, devolvéis las ganas de vivir” y otro que pone a la asociación como ejemplo y aboga “por una isla de Tenerife y unos ciudadanos 10”.
“El objetivo es hacer bonito todo lo que podemos”, subraya Hannelore, antes de lanzar su último mensaje dirigido a quienes no ayudan precisamente a ir por ese camino: “Siempre hay una papelera o un contenedor cerca, no está justificado tirar nada al suelo”.
Los ángeles de Costa del Silencio, como se les empieza a conocer popularmente en la calle, representan un ejemplo de solidaridad, integración y convivencia. Llevan tres años predicando con el ejemplo y defendiendo esa ley natural que asocia las acciones positivas con consecuencias positivas.
















