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Desvelando el misterio del almirante de la mar océana

En ‘Colón, el mensajero de Dios’, Ariadna Criado García se adentra en los enigmas que rodean al célebre navegante
La escritora tinerfeña Ariadna Criado García. / DA

Existe un cuadro del pintor Luigi Sciallero (Génova, 1829-1920), titulado Gli ultimi momenti di vita di Colombo (Los últimos momentos de la vida de Colón, 1868), que llamó mucho la atención de Ariadna Criado García, pues, según señala en una charla con DIARIO DE AVISOS, el artista usa un recurso que, por ejemplo, también está presente en La Virgen de las Rocas, de Leonardo da Vinci (1452-1519). Cristóbal Colón, en su lecho de muerte, parece posar su mano sobre la cabeza de un cuerpo invisible, y a la altura de un cuello que no se ve, da la impresión de que se cierran unas cadenas que sí están pintadas por el artista.

El simbolismo de este óleo sobre tela, que se conserva en la Galleria d’Arte Moderna de Génova, fue el punto de partida, y también el primero de los enigmas en torno al almirante de la mar océana, en el que se adentró la escritora tinerfeña, un trabajo que ahora ha dado como resultado Colón, el mensajero de Dios (Editorial Kinnamon, 2025).

Imagen de ‘Gli ultimi momenti di vita di Colombo’ (1868), obra de Luigi Sciallero (1829-1920). / DA

LAS LECTURAS

La curiosidad llevó a Ariadna Criado García a leer numerosos libros que abordan la figura del descubridor de América. Y a medida que leía, fue percibiendo que en torno al navegante “un misterio envuelve a otro misterio y existen tantos Colones como libros escritos acerca de él”. “Prácticamente -detalla-, unos autores rebatían las teorías de otros, por lo que al final solo podía saber lo que decían de él, pero no lo que él mismo había dicho”, comenta.

EN PRIMERA PERSONA

Pero llegó a sus manos una obra de Consuelo Varela Bueno, una de las grandes expertas en Cristóbal Colón, que reúne cartas y documentos salidos de la pluma del almirante. “Nada más comenzar a leer -afirma Ariadna Criado-, me di cuenta de que lo que allí se contaba poco o nada tenía que ver con el personaje del que nos habla la Historia”. “A partir de ahí, me dije que iba a dejar a un lado las conclusiones de otros y buscar las mías, basándome en lo que él mismo contó de su vida y también en lo que escribió de ella su hijo Hernando, autor de la primera biografía de su padre, quien pidió que fuese publicada 40 años después de morir él, una petición que agrega más secretismo”.

“En la figura de Colón hay contradicciones, significados espirituales y claves ocultas que resultan incómodas”

Paso a paso, Ariadna Criado García va desmontando cuestiones que históricamente se han difundido como certezas. Por ejemplo, la de su origen: “Nos han contado que Colón fue hasta 1472 lanero en Génova -señala la autora- y que en 1476 llegó a Portugal y se puso a estudiar cosmografía. Sin embargo, en 1492, justo antes de su viaje, en las Capitulaciones de Santa Fe ya se le nombra como almirante de la mar océana”.

“¿De verdad podemos creer que los Reyes Católicos pusieron al mando de su armada a una persona que en Génova estaba registrada como dedicada al oficio de la lana?”. Frente a esto, la escritora indica que el propio Hernando Colón afirma “que su padre simuló unos orígenes humildes para parecerse al ideal de Cristo”. “Aunque, realmente -apostilla-, esto tiene más que ver con el ideal caballeresco, en el que los antiguos caballeros dejan atrás nobleza, familia y comodidades para alcanzar la gloria por sí mismos”.

LA IGLESIA

Ariadna Criado García menciona el libro Colón, el último de los templarios, de Ruggero Marino, que, entre otros aspectos, alude a la decisiva intervención de la Iglesia en el descubrimiento y, especialmente, al papa Inocencio VIII (1432-1492). “En el curso de la investigación -apunta-, me doy cuenta de que si comienzo a establecer conexiones con la Iglesia, por ejemplo, con las Bulas Alejandrinas, las cosas van cuadrando”.

“Al abordar este trabajo de investigación me dije que iba a dejar a un lado las conclusiones de otros y sacar las mías”

“La vida de Colón -indica- está llena de contradicciones históricas, claves ocultas y significados espirituales que son muy incómodas para la Historia y se han preferido obviar”. Y de ahí el título de su obra, Colón, el mensajero de Dios, un apelativo que el navegante utiliza en muchas de sus cartas. “Es comprensible que Colón se viera a sí mismo como un mensajero de Dios. E incluso que recopilara en un libro las profecías que, según él, habían anticipado su papel en la Historia”, añade.

En este trabajo, la escritora cuestiona la propia noción de descubrimiento, el 12 de octubre de 1492. Los argumentos que presenta para ello son numerosos, dentro de unos hechos de evidente complejidad.

Uno de ellos, la imposibilidad de que en aquellos tiempos se ignorase el valor del grado terrestre, teniendo en cuenta que Eratóstenes, en el siglo III a. C., ya había medido la circunferencia de la Tierra con notable precisión. Del mismo modo, Ariadna Criado García alude al conocimiento que existía de ese continente al que llamamos América mucho antes de la llegada de Colón. Un conocimiento que salvaguardaban las grandes potencias de aquellos tiempos y, por encima de ellas, la Iglesia católica. “Europa está unida desde hace siglos por el cristianismo”, recalca. “Mucho antes de convertirse en una unión económica, lo era religiosa. Roma, a través del papado, intentaba mediar entre los reinos europeos -siempre priorizando sus propios intereses- para preservar una visión común del mundo basada en sus valores morales y en la herencia grecolatina. Y ello solo fue posible, porque en aquel tiempo, jurídicamente, se le reconocía el Dominium Mundi o Dominio del Mundo“.

La autora pone de relieve el vínculo del navegante y su expedición con la Iglesia y, en concreto, con el papa Inocencio VIII

“Se ha comentado, por ejemplo, que los templarios conocían América. Es muy posible, pero, en todo caso, ese conocimiento procedía de la Iglesia”, indica. “América era más que conocida, pero como Indias, lo que hoy llamamos América del Norte, Central y del Sur”. En su argumentación, la autora alude, asimismo, a diversa cartografía, como los mapas de Waldseemüller (1507) y de Piri Reis (1513), que no han dejado de llamar la atención por la exactitud con la que describen cierzas zonas del continente que aún no habían sido exploradas.

LA FIRMA

Una de las claves de Colón, el mensajero de Dios es la firma del almirante: una rúbrica en la que se halla una serie de letras, donde las S vienen precedidas y sucedidas de puntos, y la inscripción Xpo FERENS. A partir de un detallado análisis comparativo, la autora muestra el vínculo del navegante y su expedición con la Iglesia y, más concretamente, con el papa Inocencio VIII.

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