El pasado sábado, 20 de septiembre, las autoridades marroquíes detuvieron en el paso fronterizo de Beni Ansar (Nador) a un agente de la Guardia Civil española que trataba de introducir en Melilla cerca de 30 kilos de hachís ocultos en su coche. La droga estaba escondida en compartimentos del vehículo cuando el guardia civil intentaba cruzar hacia la ciudad autónoma.
Fuentes oficiales citadas por EFE precisaron que el agente se encontraba de vacaciones en Marruecos en el momento del arresto. La Fiscalía de Nador ha ordenado abrir una investigación para determinar si el caso guarda relación con redes internacionales de narcotráfico.
La detención ha generado un fuerte impacto en la zona fronteriza al tratarse de un miembro en activo del Instituto Armado sorprendido con una cantidad relevante de estupefacientes. El funcionario permanece bajo custodia de las autoridades marroquíes mientras prosiguen las diligencias judiciales.
De manera paralela, el narcotráfico volvió a situarse en el punto de mira en el estrecho de Gibraltar. En aguas próximas a Cala Arena (Algeciras), una patrullera del Servicio Marítimo de la Guardia Civil chocó con una narcolancha cargada de droga. El choque provocó la muerte de uno de los tripulantes de la embarcación, aunque ningún agente resultó herido.
Este tipo de intervenciones refleja los riesgos a los que se enfrentan los efectivos de la Guardia Civil, que llevan tiempo denunciando la escasez de medios frente a las potentes lanchas de los contrabandistas.
El episodio de Nador supone un golpe para la imagen del cuerpo en su lucha contra el tráfico de hachís, una actividad ilícita que continúa siendo una de las principales vías de entrada de droga hacia la península.





