El Auditorio de Tenerife será la próxima semana el escenario del estreno europeo de Yerma, la ópera de Heitor Villa-Lobos (1887-1959) basada en la tragedia teatral que concibió Federico García Lorca (1898-1936). Con este título, en una coproducción de Auditorio de Tenerife, Teatro de la Zarzuela, Festival Amazonas de Ópera (Brasil) y Festival de Ópera do Theatro da Paz (Brasil), se inaugura la temporada de abono de Ópera de Tenerife, los días 14, 16, 17 y 18 de octubre.
La dirección de escena, la dramaturgia y la escenografía corren a cargo de Paco Azorín, mientras que de la dirección musical se encarga el maestro brasileño Luiz Fernando Malheiro, que aborda una revisión de la partitura y dirigirá a la Sinfónica de Tenerife en tres de las funciones, pues en la del viernes 17 lo hará Pablo Urbina. Todas ellas comenzarán a las 19.30 horas. Al elenco de solistas hay que sumar los cantantes que integran el Coro Titular Ópera de Tenerife-Intermezzo.
-La próxima semana afronta la dirección musical de ‘Yerma’, una ópera de Heitor Villa-Lobos basada en la obra teatral de Federico García Lorca. ¿Qué transmiten las partituras del compositor brasileño a partir del relato del poeta y dramaturgo andaluz?
“Villa-Lobos quedó encantado con Yerma, algo que, por otra parte, no es nada difícil [ríe], y la quiso musicar exactamente como la pieza teatral. No existe un libreto como tal, sino que la música se fusiona con la tragedia que cuenta Lorca. Esta perspectiva resulta muy interesante, porque Heitor Villa-Lobos logró traducir en música el drama de Yerma. Al mismo tiempo, eso de no contar con un libreto hace que la ópera sea muy difícil para los cantantes, especialmente, para la protagonista, quien, básicamente, está cantando todo el tiempo. Sin pausas para descansar. El de Yerma es un rol muy complejo, pero estoy convencido de que contamos con un buen elenco para ese y los restantes papeles”.
“Si no creo en lo que veo sobre el escenario, no puedo dirigir una ópera. El director musical y el de escena deben caminar juntos”
-Usted se ha encargado de realizar una revisión crítica de las partituras de su compatriota. ¿Cuál ha sido el mayor desafío de esta relectura?
“Más que una revisión crítica, es una edición para facilitar la interpretación de Yerma a quien esté interesado en hacerlo. Hemos seguido trabajando aquí, en Tenerife, durante los ensayos, haciendo correcciones… Creo que después de las funciones contaremos con una edición bastante correcta. Las ediciones en las que se suele recurrir a un ordenador presentan siempre errores imprevistos. La partitura solo se puede limpiar a medida que se ejecuta, que es lo que estamos haciendo en la Isla. En cuanto a los retos que se presentan, en Yerma todo son desafíos. Es una ópera compleja para la orquesta, para los cantantes, para el director… Se trata de una ópera muy teatral, el teatro protagoniza esta puesta en escena. Es necesario contar con una dirección escénica muy eficiente para traducir esta obra, y creo que Paco Azorín es la persona perfecta para asumirla”.
-No son tantas las representaciones de ‘Yerma’ desde que se compusiera en 1956. ¿Es muy diferente abordar una ópera de repertorio, con muchas referencias, a encarar un título prácticamente contemporáneo?
“Sí, es muy distinto cuando no tienes patrones establecidos. Por otro lado, esto nos aporta una cierta libertad para descubrir la obra e intentar traducir las intenciones del compositor lo mejor posible. Para un intérprete resulta muy interesante poder abordar un título muy poco representado. Además, esta es una producción en la que se hace Yerma de forma completa, sin ningún tipo de cortes, con todo lo que eso requiere”.
“En ‘Yerma’ todo son desafíos: es una ópera muy teatral, compleja para la orquesta, los cantantes y el director”
-¿Cómo se ha desarrollado el trabajo con la orquesta, los cantantes solistas y el coro?
“Mis impresiones son las mejores posibles. La orquesta es muy buena, muy profesional. En Yerma no hay nada fácil, pero con estos músicos se torna factible plasmar este proyecto. Los cantantes también son muy buenos. Berna Perles, por ejemplo, hace una Yerma profunda, visceral, que encarna muy bien a la protagonista de Lorca y de Villa-Lobos. La elección del elenco ha sido la idónea”.
-¿De qué modo entiende la labor del director musical? ¿Qué objetivos asume en la plasmación de un espectáculo como la ópera, en el que confluyen varias artes sobre el escenario?
“La ópera es un todo en el que resulta fundamental que el teatro y la música estén bien ligados, deben caminar juntos. Me resulta imposible dirigir una ópera si no creo en lo que estoy viendo sobre el escenario. La colaboración entre el director musical y el de escena es esencial. Tiene que existir una vinculación fuerte y que cada uno crea en el trabajo que desarrolla el otro. La labor del director musical es trabajar con cada uno de los elementos musicales, con la orquesta por separado, con los cantantes por separado, con el coro por separado…, y juntar todo eso de una manera armónica, de un modo que todo funcione lo mejor posible. Es un trabajo muy interesante, pero siempre, en el caso de la ópera, es básico que haya esta parceria, esta colaboración, de los directores musicales y escénicos”.
-¿Cuáles son las principales enseñanzas que recibe y cuáles intenta compartir en ese diálogo con la orquesta y los cantantes?
“Nunca dejas de aprender, es un intercambio permanente. Las experiencias se renuevan. Tengo 67 años y más de 40 de trabajo, pero siempre los músicos te enseñan cosas. Esta orquesta tiene muchos intérpretes jóvenes, y todos ellos están muy preparados. Es una orquesta sinfónica, pero trabaja muy bien la ópera. Sus integrantes se muestran muy interesados, con mucha disciplina, al afrontar este título, y los solistas son excelentes. Está siendo un diálogo muy positivo y enriquecedor”.
“Aprendí que resulta más fácil atraer al público joven con un título cercano a nuestra realidad que, por ejemplo, con el bel canto”
-¿Cómo animaría a alguien que nunca ha presenciado una ópera en directo, especialmente a los más jóvenes, a acudir a un teatro, a un auditorio?
“Cuando llegué a Manaos [Malheiro es director artístico y titular de la Orquesta Filarmónica de Amazonas, además de director artístico del Festival Amazonas de Ópera], 25 años atrás, el público no tenía ningún tipo de experiencia en ópera, porque no se escenificaba. En todos estos años he aprendido que hoy es mucho más fácil atraer a una platea joven con títulos como Yerma, con óperas que son diferentes en muchos sentidos: más teatrales, más próximas a nuestra realidad, que con el bel canto, que con Lucia di Lammermoor [Gaetano Donizetti]…, por ejemplo, donde las voces son las auténticas protagonistas. Considero que lo más importante es que el público se envuelva con la música, con la historia, con el drama que se le está contando… Si una ópera está bien hecha, siempre es capaz de generar una emoción profunda en el público, y da igual que sea aficionado o no”.
-‘Yerma’ es una coproducción entre Brasil y España. ¿Cómo ve el presente y el futuro de la ópera, cuando hoy lo digital, lo fugaz y lo instantáneo ocupan cada día un espacio más amplio en el mundo frente al arte, a la cultura, que reclaman más atención?
“Es un panorama que presenta pros y contras. Cuando comencé mi carrera en Brasil, tener acceso a una partitura, a un disco, a la grabación de una ópera, no era sencillo. Teníamos pocas tiendas en las que poder adquirir óperas completas, aparte de que costaban mucho dinero. Sin embargo, y eso es algo que le digo mucho a los jóvenes cantantes, hoy tenemos la suerte de acceder a todo, simplemente, a través del teléfono móvil. Si quieres, por ejemplo, escuchar a Francesco Tamagno (1850-1905), el primer tenor que protagonizó Otelo (1887), de Giuseppe Verdi (1813-1901), lo encuentras en YouTube. Así que les digo que no solo deben estudiar la música, aprender los roles, sino también la historia de la interpretación de ese papel. Esto resulta accesible hoy para cualquier cantante, para cualquier músico. Las partituras y las grabaciones se obtienen fácilmente de Internet, ahí se puede escuchar todo: ver vídeos y escuchar grabaciones del pasado. Me cuesta entender que un joven intérprete conozca muy poco del pasado reciente, no hablo del remoto, porque es prácticamente una obligación. Y no se trata de imitar, de hacer una interpretación muy semejante, sino de conocer lo que se ha hecho antes, para hacerse con un bagaje de información que luego le servirá, sin duda, para el desarrollo de su carrera artística. Son herramientas de las que debemos servirnos todos”.





