sociedad

20 años del ‘Delta’, el ciclón tropical que desató su furia en Canarias

El desplazamiento anómalo de una potente perturbación golpeó de lleno a la isla de Tenerife, con vientos que alcanzaron los 248 kilómetros por hora, el valor máximo registrado en España
20 años del ‘Delta’, el ciclón tropical que desató su furia en Canarias
El paso de la tormenta dejó imágenes tan desoladoras como estas. DA

Canarias recuerda como si fuera ayer – y hoy se cumplen 20 años- el devastador paso de su primera tormenta tropical. El ciclón Delta desencadenó su furia sobre todo en la isla de Tenerife, con vientos que alcanzaron los 248 kilómetros por hora en Izaña (el valor máximo registrado en España) y hasta 152 en las costas.

La tempestad derribó en la Isla 44 torretas eléctricas de 40 metros de altura y 20.000 kilos de peso, además de 150 postes, dejando sin fluido eléctrico a más de 350.000 personas durante cuatro días, lo que originó caceroladas de protesta por las noches.

Las zonas más afectadas por el apagón fueron el área metropolitana (Santa Cruz, La Laguna, Tegueste y El Rosario), el Valle de Güímar y los municipios de Fasnia y Arico.

El entonces director general de Endesa en Canarias, José María Plans, calificó los efectos de la tormenta como la “peor catástrofe de la compañía en España” y la comparó con el gran apagón de Nueva York.

El fenómeno adverso causó la muerte de un hombre en Fuerteventura al ser arrastrado al vacío por la fuerza de los vientos y la desaparición de seis migrantes subsaharianos cuando se dirigían en una patera hacia Canarias. La embarcación naufragó a 200 kilómetros al sur de Gran Canaria.

Numerosos pacientes de las plantas más altas del Hospital Universitario de Canarias (HUC) tuvieron que ser evacuados debido a la rotura de cristales en las habitaciones.

La magnitud del temporal obligó a suspender las clases, cortar carreteras y cerrar aeropuertos.

Los vientos huracanados desplazaron aviones ATR de casi 150 toneladas en Tenerife Norte (donde numerosos pasajeros pasaron la noche), levantaron un ferry de Trasmediterránea de 200 metros de eslora y hundieron un remolcador en el puerto de Santa Cruz, además de una veintena de embarcaciones de recreo en Tenerife y La Palma.

En Gran Canaria, la tormenta mutiló el Dedo de Dios, el emblemático monumento natural de roca basáltica, símbolo geológico de la Isla, que se erigía en la costa de Agaete.

El ciclón, que llegó precedido por aire cálido y un aumento anómalo de las temperaturas, arrasó con las cosechas, arrancó la tercera parte de los árboles en la capital tinerfeña y causó la caída de más de la mitad de la telefonía móvil y de casi 9.000 líneas del servicio de telefonía fija.

El caótico panorama provocó que se agotaran las existencias de pilas, velas, linternas y camping gas en los comercios. Solo algunas emisoras de radio lograron mantener informada a la población gracias a la activación de sus equipos de energía autónomos.

Un exhaustivo informe de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) sobre este insólito episodio meteorológico que golpeó a las Islas subrayó el desplazamiento “anómalo” en la trayectoria del Delta, que definió como un “ciclón no tropical” con procesos de “ciclogénesis marina” y de “transiciones tropical”, inicialmente, y “extratropical”, en su fase final.

“Cuando llegó a las Islas Canarias, lo hizo como una perturbación extratropical conducida por una alteración polar de niveles altos”, se especifica en el estudio, que también recoge que, antes de barrer las Islas, Delta llegó a ser una tormenta tropical, como confirmó el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos.

En las conclusiones de la Aemet, también se apunta que, hasta dos días antes de golpear Canarias, los modelos de predicción tendían a desplazar la cola del ciclón algo más al norte, con vientos menos intensos y una baja algo menos profunda.

El impacto de los vientos, agravado por la orografía insular, fue “subestimado por los modelos operativos”, se reconoce en el análisis coordinado por Francisco Martín León, en el que se califica de “singular” el desplazamiento del virulento evento meteorológico, atribuido a “una concatenación de acontecimientos ciertamente raros, pero posibles”.

La Agencia Estatal de Meteorología no relacionó este ciclón otoñal con los efectos del cambio climático a causa del calentamiento global atmosférico y aportó en su informe un precedente similar ocurrido treinta años antes en el Archipiélago, cuando entre el 15 y el 17 de diciembre del año 1975 afectó a las Islas una depresión en su origen que se transformó a su paso en un ciclón tropical y, posteriormente, experimentó una “transición extratropical” en las cercanías de Canarias, “interactuando con una vaguada polar en altura”.