conversaciones en los limoneros

Alberto G. Segura, productor musical, creador de Manzana: “Sería bueno buscar alternativas para recuperar el pasado”

Lo que se inició como un proyecto surgido desde su gran afición a la música derivó, en pocos años, en una empresa de máximo nivel, logrando implantar una extensa red de tiendas
Alberto G. Segura, productor musical, creador de Manzana
Alberto G. Segura, productor musical, creador de Manzana. DA

Alberto González Segura (Santa Cruz,1954) abandonó sus estudios de arquitectura técnica en la Universidad de La Laguna cuando se disponía a presentar el proyecto de fin de carrera. El motivo no fue otro que su dedicación al comercio cultural, tras abrir una tienda de discos en septiembre de 1975 en La Laguna, junto a un amigo de la infancia. Y así comienza la historia de Manzana, porque lo que se inició como un proyecto surgido desde su gran afición a la música derivó, en pocos años, en una empresa de máximo nivel, logrando implantar una extensa red de tiendas, no sólo en las islas sino también en Madrid. Durante un tiempo desarrolló una actividad que logró destacar en todas las áreas posibles del sector discográfico: estudios de grabación, producciones, editorial. Contando casi todo, desde la primera piedra, colocada hace 50 años, aparece ahora un libro, muy evocador, que celebra esta trayectoria.

-¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

“¿Por qué me lo preguntas?”.

-Pues porque lo dijo el poeta.

“La historia de Manzana responde básicamente al reflejo de una sociedad que, especialmente en esos años, necesitaba despegar fulminantemente y ponerse al día en muchas áreas, de una manera especial en la de la industria de la música. Era aquella una España de alguna forma poco activa y desconectada del mundo por los 40 años del franquismo. Un país en el que lo que venía de fuera no era bien visto por el régimen”.

-Pero si vinieron hasta Los Beatles, Alberto.

“Sí, pero decir eso como referencia, tras aquel doble concierto en directo en Madrid y Barcelona, no hace sino confirmar lo que te digo: fue una llegada tardía (1965) y además no tuvo apoyo y hasta intentó ser boicoteada”.

-Era el principio, pero también fue un hito.

“Sí, porque a pesar de ello tuvieron éxito y aquellos “melenudos” lograron calar tanto en nuestro país como en el resto del planeta”.

-Diez años después nació Manzana.

“Eso es y realizamos un viaje elíptico durante muchos años, que sería imposible que hoy volviera a ocurrir, porque estamos en otro mundo. En ese sentido sí debo reconocer que cualquier tiempo pasado fue mejor”.

-¿Y qué mundo te gusta más?

“No me gusta el mundo actual. Hay que intentar buscar alternativas, desde la creatividad, para recuperar el pasado. Pero estamos sometidos a una trampa, cada vez más compleja. Es preciso recuperar la confianza, pero no resulta fácil”.

-¿Qué significó Manzana?

“Conseguimos algo insólito en nuestro país, como fue desarrollar, desde Canarias, un proyecto discográfico que logró estar presente en todas las áreas posibles de la industria musical. Red de tiendas de discos, estudios de grabación, productora discográfica y sellos artísticos, distribución propia, editorial musical, promotora de conciertos, emisora de radio. Fuimos un referente español de Richard Branson y de su empresa, Virgin Records, a pequeña escala”.

-Te llegaste asociar con el grupo Polanco y, juntos, fundaron Crisol. ¿Acabó este proyecto con Manzana?

“Todo lo contrario. La llegada de Crisol, en la etapa final de Manzana, fue el comienzo de la alianza estratégica con el grupo Prisa, en torno a nuestros proyectos en Cuba, donde habíamos creado un sello especializado con el gran tesoro comercial de la isla caribeña”.

-¿Y por qué al final llegó el final, como dice Sabina?

“Debo achacarlo a no prever con antelación un cambio de ciclo que se producía en todo el mundo y que nos cogió con el pie cambiado, porque nos endeudamos para seguir creciendo y lo hicimos en exceso”.

-Cerraron todos…

“Sí, tras Manzana, cerraron la propia Crisol, Virgin Records, Madrid Rock y otras grandes cadenas nacionales y las empresas matrices de las grandes tiendas y mega stores a nivel mundial, como eran Tower Records, HMV, etcétera”.

-¿Fueron fundamentales Los Sabandeños en la vida de los Estudios Manzana?

“Los Sabandeños fueron siempre nuestro buque insignia en el sello discográfico, no sólo por lo que representaban sino también porque el resultado de nuestras inversiones en sus discos ofrecieron magníficos resultados durante muchos años. Grabaron con nosotros entre 1983 y 2002, salvo un breve parón en el que lo hicieron con Zafiro”.

-Alberto, ¿el vinilo ha vuelto para quedarse o se trata de una moda pasajera?

“El mundo del vinilo, hoy, es sólo una sombra de lo que fue. Hay un nicho de negocio con él, es cierto, especialmente con los nostálgicos y la gente joven, que está enganchada a una especie de moda. Pero es impensable que podamos regresar a los felices 60, 70 y 80, o incluso a los 90”.

-Este noviembre se presenta el libro sobre Manzana. Lo he visto, me lo has dedicado y me parece una joya.

“Llevaba cinco años pensando en ese libro. La historia definitiva y completa está todavía por contarse. La prematura muerte de Martín Rivero retrasó el proyecto. Tenía cuatro o cinco meses para acometer la historia de Manzana, disponía de un desorganizado archivo fotográfico que me costó recuperar, pero creo que el resultado ha sido bueno. He contado con el apoyo fundamental del ICDC del Gobierno de Canarias y del Cabildo de Tenerife, que nos ha permitido también realizar varios lanzamientos discográficos conmemorativos en formato vinilo y un CD de Javier Segura y de su nuevo disco “Amo a mi tierra guanche”, basado en ritmos autóctonos del folklore canario desde una perspectiva de música de vanguardia y electrónica, así como otros proyectos en triples CDs de géneros y músicas variadas realizados en aquellos años por nuestra productora musical y estudios de grabación. El libro es la historia incompleta de un proyecto maravilloso”.

-¿Volverías a resucitar Manzana o ya tienes bastante con tus tiendas El Cinematógrafo, donde también vendes música vintage?

“Yo sigo aportando, humildemente, mi experiencia a los proyectos que están en manos de la familia. Manzana siempre tuvo un objetivo cultural, pero los parámetros han variado. Sigo, pero hay que morir con las botas puestas, como en la película de Errol Flynn”.

-¿Son nuestras islas una tierra privilegiada para la música?

“Canarias es un lugar donde el cruce de culturas ha sido algo histórico, especialmente por su relación con América Latina; y esto las generaciones de canarios lo llevan en los genes”.

-Una música que cruza los océanos, ¿verdad?

“Los ha cruzado, en un viaje de ida y vuelta, y ha creado un lenguaje que nos ha atravesado a todos el corazón. Hoy todo es más global y llega al instante, pero apresuradamente. Yo creo en la pasión y en el genio de las gentes de nuestra tierra para la música. Y en nuestra época, especialmente, la lejanía geográfica fue un obstáculo para que muchos artistas pudieran explosionar más allá de nuestras fronteras insulares”.

-¿Qué le debe la salsa a estas islas?

“Ese fue otro viaje de ida y vuelta”.

-¿Por qué?

“Porque nos influyó en todo a lo largo de muchos años. Las orquestas canarias fueron un fiel reflejo de fusión y mezclas de ritmos y bailes desde épocas pretéritas, como la de la Nicanrandy, hasta otras más recientes como las de Los Bajip, La Maquinaria o La Guayaba. Se creó una industria regional con músicos que pudieron vivir de este sector. Y también Canarias fue la puerta por la que entraran los ritmos afrocaribeños a España e incluso a Europa. La salsa debe estar agradecida, sí, a estas islas”.

(Alberto González Segura cita nombres. Javier Zerolo, por su difusión en las ondas con el programa Échale Salsita; Paco Padrón, por su permanente apuesta hacia eventos y conciertos en sus años –“gloriosos”, los califica mi interlocutor— de Radio Club Tenerife; y finalmente a Manzana, con edición y distribución de cientos de propuestas musicales, a través de su compañía discográfica).

“Todos ellos fueron, indudablemente, pilares básicos en la consolidación e introducción de la salsa en nuestro país y más allá de él”.

-Trajiste a España a la Fania, diste a conocer en las islas, junto a otras personas, a Celia Cruz, editaste a la artista cubana el disco “Feliz encuentro en el Carnaval de Tenerife”, llenaste el Palacio de los Deportes de Madrid con salseros que triunfaban en América. ¿Te queda algo por hacer?

“La vida, amigo mío, es un transcurrir de situaciones que no deberían terminarse nunca”.

-O sea, que no pararás.

“Debemos seguir ilusionándonos cada mañana, al despertar, y continuar afrontando, aunque sean pequeños, nuevos retos en nuestra agenda diaria, lógicamente adaptados a la edad que tenemos”.

-¿Por ejemplo?

“El ejemplo está en otros, tanto en la música como en el cine. En gente muy grande a la que probablemente le sobra el dinero y que con más de 80 y 90 años siguen haciendo cosas; y cosas muy buenas. Me refiero a personas como Clint Eastwood, Paul McCartney, Ringo Starr, Mick Jagger, etcétera, que siguen trabajando casi como si fueran jóvenes. Ellos lo han conseguido todo, pero continúan sintiendo la necesidad de hacer algo más cada día. Y estos, repito, deberían ser los ejemplos a seguir”.

-Eso que dices es bonito.

“Lo es, porque deberían ser también los espejos en los que mirarnos. Y no perder nunca la ilusión por seguir creando algo nuevo cada día”.

(Alberto González Segura ha venido a Los Limoneros con su mujer, Cristina Mantecón, otro de los pilares de Manzana y de los proyectos de su marido. La conversación derivó por derroteros del pasado, por personas que ya no están, por lugares comunes irrepetibles, por aventuras más o menos conocidas que forjaron los principales caracteres del emprendimiento musical. Estamos ante un luchador, cuya vida a veces no ha sido fácil. Un hombre tolerante y con un gran sentido del humor, que probablemente le ha ayudado, sobre todo en los fracasos, donde es preciso también saber sonreír. Pero han sido mucho más los triunfos; y los triunfos, como este libro que aparece este mes sobre la historia de Manzana, hay que celebrarlos como se merecen).