El estudio ISVOLCAN, centrado en analizar el impacto en la salud de la población de La Palma tras la erupción del volcán, continuará su tercera fase en 2026.
En esta nueva etapa, el equipo de investigación del Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria volverá a contactar con los participantes para evaluar cómo ha evolucionado su estado de salud a corto y medio plazo.
Los primeros resultados apuntan a un incremento de los síntomas respiratorios y oculares entre quienes accedieron a la zona de exclusión durante jornadas superiores a ocho horas o a lo largo de más de 70 días. Esto ocurrió incluso empleando medidas de protección como mascarillas y gafas, según informó la Consejería de Sanidad.
Estos datos fueron presentados por la investigadora Cristo Rodríguez, del Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria y de la Gerencia de Atención Primaria de Tenerife, durante las jornadas científicas de la Conferencia Internacional: Erupción del volcán de La Palma, donde especialistas de distintos ámbitos comparten avances y análisis sobre la emergencia volcánica.
Desde enero de 2022, la investigación ha completado su fase inicial con más de 1.000 participantes, a quienes se les realizaron cuestionarios de salud, exploraciones físicas y análisis de sangre.
Entre los hallazgos, destaca que quienes permanecieron más tiempo en la zona afectada presentaron mayor probabilidad de manifestar irritación ocular, problemas respiratorios y alteraciones del sueño.
Resultados ya publicados sobre los efectos del volcán
Hasta el momento, ISVOLCAN ha dado lugar a tres publicaciones científicas centradas en:
- Síntomas registrados durante la erupción.
- Biomonitorización de sustancias presentes en las emisiones volcánicas.
- Estrés postraumático asociado al desastre natural.
Uno de los estudios analizó a 857 personas, revelando que el 90% participó en tareas de limpieza de ceniza volcánica. Entre los síntomas más frecuentes destacaron la irritación ocular (45,9%), insomnio (44,9%), ansiedad y depresión (44,7%) y molestias respiratorias (36,45%). Los residentes de la zona oeste, la más expuesta, fueron quienes mostraron mayor prevalencia de estos problemas.
La biomonitorización en sangre realizada a 393 participantes de la comarca oeste observó concentraciones más altas de aluminio y titanio en quienes vivían a menos de 6,5 kilómetros del volcán. Aunque no alcanzan niveles tóxicos, sí son elementos presentes en las emisiones volcánicas.
Además, las personas fumadoras exhibieron niveles mayores de cadmio y plomo, mientras que quienes limpiaron ceniza registraron aumentos de níquel y cobre, incluso usando protección.
En cuanto al estrés postraumático, las puntuaciones más altas se detectaron en mujeres, en personas evacuadas y en quienes vivían más cerca del foco eruptivo, especialmente con baja formación académica o antecedentes de depresión.
También se encontró relación entre una peor calidad del aire y niveles más elevados de TEPT.
Nueva fase de seguimiento
El equipo investigador ha iniciado ya la fase de seguimiento, que se extenderá durante el próximo año. Este análisis permitirá valorar de manera más detallada la evolución clínica y epidemiológica de la población expuesta al volcán de La Palma.
En 2026, los participantes serán nuevamente evaluados mediante un cuestionario epidemiológico, revisiones físicas y nuevos análisis de sangre. Estos datos servirán para comprobar la aparición de nuevos problemas de salud y continuar con la biomonitorización de contaminantes, comparando los valores recogidos tras la erupción con los obtenidos cinco años después.
Un equipo multidisciplinar
El proyecto cuenta con especialistas en Salud Pública, Medicina Preventiva, Toxicología, Análisis Clínicos, Neumología, además de expertos en vulcanología, geoquímica y geofísica.
La muestra del estudio incluye 831 personas de la comarca oeste, la más afectada por la erupción, y residentes de la zona este, seleccionados aleatoriamente para garantizar la representatividad.






