cultura

Maite Alberdi: “Hacer documentales es estar presente, paciente, dispuesta al hallazgo y a que la película se transforme junto con la realidad”

El Festival Internacional de Cine de Realidad de Canarias Miradas Afroindígenas, que se celebra en Puerto de la Cruz, ha otorgado su premio Narrativa Personal a la cineasta chilena
Maite Alberdi (Santiago de Chile,1983), Premio Narrativa Personal de Miradas Afroindígenas. / Micromundo

Miradas Afroindígenas, el Festival Internacional de Cine de Realidad de Canarias, que se celebra hasta el 29 de noviembre en Puerto de la Cruz, ha otorgado su premio Narrativa Personal a la cineasta Maite Alberdi (Santiago de Chile,1983). En la jornada inaugural, celebrada este sábado, figuró la entrega del galardón a Alberdi, junto al premio Visión Lúcida a Georgina Higueras, pionera entre las corresponsales de guerra españolas. Además, se programó la proyección de El agente topo (2020), de la directora chilena. Alberdi conversará hoy domingo (19.00 horas) con el periodista y crítico cinematográfico Javier Tolentino, entre la exhibición de sus películas La once (2014), desde las 17.00 horas, y La memoria infinita (2023), a partir de las 21.00.

-Ha venido a Miradas Afroindígenas a encontrarse con el público y a recoger un premio. ¿Cómo vive estas distinciones y la oportunidad de mantener un diálogo con los espectadores?
“Es un reconocimiento muy especial, porque España ha acogido mis películas con una cercanía única, casi como una extensión natural de mi propio territorio. Hay algo en la manera en que se reciben los puntos de vista, los lenguajes y las formas de narrar que me hace sentir en casa. Dialogar con el público español es profundamente nutritivo, y este premio lo agradezco especialmente porque reconoce una mirada que nace de historias que pertenecen a otros, pero que también me atraviesan y terminan perteneciendo un poco a todos. Lo que recibo como un regalo de mis personajes se convierte también en un regalo para el público. Por eso este encuentro me produce tanta satisfacción. La conversación con los espectadores es siempre el mejor lugar para que las películas sigan vivas”.

-Es usted guionista, montajista, directora de fotografía, sonidista… ¿De qué manera todos estos oficios cinematográficos han ayudado a configurar su mirada como autora?
“Me considero, ante todo, directora, es lo que hago. En las otras áreas trabajo con un equipo extraordinario que aporta su mirada. Mi lugar es el de tomar las decisiones estéticas, acompañar a los personajes y definir desde dónde se cuentan las historias. Creo que mi mayor oficio es la observación: filmo durante muchos años, con mucha paciencia, dejando que la realidad se revele. Ese acompañamiento prolongado es lo que ha ido moldeando mi mirada y mi punto de vista como autora”.

“No podría filmar a alguien con quien no sienta una conexión: la empatía es lo que moviliza al director y, finalmente, al espectador”

-Si uno observa su filmografía, las historias que elige (o la eligen) no son las que ocupan los grandes titulares, sino que se adentran en lo cotidiano. ¿Es justo eso lo que despierta su interés por ellas?
“Elijo historias donde siento que la realidad y los temas actuales se filtran por las paredes, aunque no se nombren. Mis películas abordan cuestiones contingentes y profundamente políticas, pero desde otro lugar: no desde la temática declarada ni desde la exposición directa, como suele entenderse en el documental más tradicional. Me interesan asuntos que están presentes en las discusiones sociales, pero para los cuales no siempre existen historias que nos permitan visualizarlos desde la intimidad. Lo que intento es ofrecer esas historias: relatos que encarnan temas amplios a través de experiencias concretas y humanas. Por ejemplo, en La memoria infinita siento que la película habla, en el fondo, sobre los cuidados y sobre el rol de las mujeres cuidadoras, un tema muy presente hoy, pero abordado desde el lugar íntimo de una pareja que se cuida”.

-¿Es frecuente que, cuando se pone a rodar, la realidad la sorprenda hasta el punto de cambiar por completo los planes que se había trazado?
“La gran diferencia entre el documental y la ficción es que, mientras en la ficción los directores parten de un guion, en el documental aprendemos de la realidad y a subordinarnos a ella. Eso implica aceptar la deriva, entender que no sabemos lo que va a ocurrir y estar dispuestos a adaptarnos. Los planes siempre cambian, pero la mirada no: uno sabe qué le importa de ese mundo y dónde tiene puesto el corazón. Los detalles del guion y de la narrativa, en cambio, son una sorpresa. Hacer documentales es estar presente, paciente, dispuesta a vivir el descubrimiento y a dejar que la película se transforme con la realidad”.

-¿Cómo concibe el guion de un documental? ¿Es más un punto de partida que la planificación de un relato que se alimenta de la realidad?
“En el guion de un documental, cada documentalista desarrolla su método. En mi caso, lo más parecido a un guion es una especie de lista de supermercado. Después de un largo periodo de observación -muy antropológico, de acompañar a los personajes y vivir con ellos sin cámara-, empiezo a identificar situaciones, dinámicas y personajes que me interesan. Solo cuando ya conozco profundamente ese mundo entro con la cámara. Para entonces ya tengo esa lista: momentos, comportamientos o escenas que sé que existen en ese entorno y que me gustaría encontrar. Y cuando finalmente aparecen, los voy tachando. Es una escritura que nace del conocimiento previo y del vínculo con el lugar, más que de una planificación tradicional”.

“En la ficción todo está en manos del director; en el documental es la realidad la que decide”

-De su cine se dice que es un híbrido entre ficción y realidad. ¿Qué papel ocupa lo imaginado?
“Definiría mi cine como un cine de lo real. No lo considero híbrido. Todas mis películas son documentales, porque las historias son reales y lo que aparece en pantalla sucedió. A veces pueden parecer híbridas porque toman mucho del lenguaje de la ficción, especialmente en la observación y en la construcción narrativa. Paso tantos años acompañando a mis personajes que termino conociéndolos profundamente, y esa familiaridad hace que el montaje adopte una estructura que puede recordar a la ficción. Lo imaginado aparece sobre todo en el montaje: en los cruces inesperados, en las asociaciones, en el ritmo. En el rodaje, lo que prima es la realidad y la paciencia que exige”.

-¿La empatía, la comprensión del otro, es siempre una premisa al elaborar sus relatos?
“La empatía es una de las bases del trabajo documental. Es algo que uno se exige al elegir un personaje o una historia. No podría filmar a alguien con quien no sienta una conexión profunda: la empatía es el motor que moviliza al director y, finalmente, al espectador. Si no logro comprender esa realidad desde adentro, es muy difícil traducirla en una experiencia que llegue a otros. Mi principal motivación al elegir una historia tiene que ver con ese impulso: entenderla, sentirla y querer compartirla”.

-Cada vez vemos más cine documental, aunque aún no está normalizado en las salas comerciales. ¿La industria está siendo más receptiva o queda aún mucho trabajo por hacer?
“Si comparamos con hace 10 años, hoy la industria y el público están mucho más abiertos al documental. Cuando estudiaba cine era muy raro encontrar documentales en salas o incluso en televisión. Ese panorama ha cambiado, en parte, gracias a las plataformas, que han creado nuevas audiencias. También es mérito de muchos directores que han entendido que el documental es un género como cualquier otro y merece hablarle al público con ambición narrativa. Esa relación más directa ha hecho que los distribuidores se atrevan a programarlo más, en salas y en plataformas. Queda camino, pero estamos en un momento de mayor apertura y curiosidad”.

“Mis películas abordan cuestiones contingentes y profundamente políticas, pero desde otro lugar”

-El año pasado se adentró por primera vez en el largometraje de ficción con ‘El lugar de la otra’. ¿Fue muy diferente construir esta historia con respecto a trabajar en el cine de realidad?
“Fue una experiencia muy distinta. Aunque es una ficción, está basada en un libro de no ficción, Las homicidas, de Alia Trabucco. Quizás por eso me interesó tanto: es casi un documental de época. El lugar de la otra es el documental que habría hecho si esos personajes estuvieran vivos. Pero dirigir ficción implica un grado de control totalmente diferente. En la ficción todo está en manos del director: cada decisión se toma desde el propio set. En el documental, la realidad decide. Los personajes marcan el ritmo y uno acompaña. No existen los planes de rodaje cerrados ni las decisiones en el sentido tradicional. Filmar ficción fue un regreso a lo que me enseñaron en la escuela de cine: dirigir en el sentido clásico. Fue especial reencontrarme con ese control después de tantos años de entregarme a la deriva documental”.