“Cuando yo entré en Radio Club no se me ocurrió preguntarle a Paco Padrón cuánto iba a cobrar. Con estar allí era suficiente”. Maite Noda Fernández nació en Santa Cruz, pero se niega en rotundo a revelar su edad. “Fue un 20 de junio”, dice, y no la saco de ahí. En todo caso, ha sido un icono, un espectáculo, ejerció como productora de radio y televisión, como azafata de programas, como modelo de elite, trabajó con Fradejas y con José María Íñigo en espacios de éxito de TVE, en Madrid. Fue una de las pocas personas que pudo fotografiarse con Michael Jackson en Tenerife, en 1993. Bailó Isla Bonita, de Madonna con… no quiere decirlo. Estudió Magisterio, ejerció muchos años como maestra de niños pequeños en el barrio de Santo Domingo. No hizo la carrera de Historia del Arte por culpa de Radio Club, emisora en la que entró el mismo año que murió John Lennon, en 1980. Estaba nerviosa, tras la entrevista, por lo que yo iba a contar. Pero una llamada que me hizo, tras nuestra cita en Los Limoneros, acompañados por Noemi Carreras, su amiga, la tranquilizó: aquí se viene a recordar lo bonito, sólo lo bonito de la vida. Una hija, Raquel, 27 años, guapísima e inteligente, que trabaja y vive en Alemania. Un humor que sólo te regala una historia rica en vivencias. Yo, una vez, en la finca de Paco Padrón, escribí en el libro de visitas lo siguiente: “Lo mejor de Paco Padrón es Maite Noda”. Todos estábamos un poco enamorados de ella. “Sería porque yo dominaba aquel ambiente de Radio Club”, apostilla, partida de la risa.
-Casa de locos.
“Bueno, un poco sí, pero mira lo que significó la emisora en la historia de la radio en España”.
-Háblame de tu familia.
“Mi padre murió con 32 años, cuando yo tenía cuatro. Mi madre se encargó de que fuera una niña alegre. Y solía soñar con ser maestra, o secretaria, o modelo. Y, fíjate, cumplí los tres sueños”.
-¿Tenías más?
“Pues sí, y también se cumplieron: soñé con una hija llamada Raquel y con vivir en una casa en el Puerto de la Cruz. Todo se ha hecho realidad”.
-Y viniste a caer en aquella Radio Club, la de verdad. La del paso a la modernidad.
“Cuando terminé mis estudios de Magisterio, con la intención de seguir los de Historia del Arte, me presenté a una selección que hizo Paco Padrón para entrar en la nueva emisora, que se renovaba con una gran fuerza. Allí trabajaban grandes profesionales: Juan Rolo, Genoveva del Castillo, Miguel Rodríguez, Gilberto Alemán y habían entrado ya Carmelo y Martín Rivero, Zenaido, Xuancar, José Antonio Pérez, Paco González, un poco más tarde Lucas Fernández, que era un niño, y otros”.
(Voy a hacer un paréntesis para contar una anécdota de Miguel Rodríguez, en la vieja Radio Club, que no había referido nunca. Ocurrió antes del del cambio a la SER. Había muerto Pablo VI y Miguel Rodríguez no tenía ningunas ganas de trabajar. Llegó la noticia del fallecimiento del pontífice a la radio, Miguelito corrió al micrófono, ahuecó la voz, se puso rimbombante y dijo: “El papa ha muerto. En señal de luto, Radio Club Tenerife suspende sus emisiones por tres días”. Y le dio al botón de apagar y se fue al bar El Combate a echarse unos whiskies. Antológico).
-En la radio eras secretaria y productora, pero también ejercías como modelo de élite, fuera de la emisora.
“Sí, también, e inicié la aventura de Madrid, en contra de los deseos de mi madre. La isla y mi madre pudieron más que yo y después de dos años ganando un dinerito volví a Tenerife y Paco me trasladó a la emisora del Puerto de la Cruz, que había sido inaugurada, frente al Lido San Telmo, en la plaza de los Reyes Católicos”.
-¿Qué tal la experiencia?
“Los mejores años de mi vida, formando parte de un equipo de gente joven, grandes profesionales. Allí trabajábamos sin mirar ni las horas del día ni de la noche, ni siquiera sabíamos bien lo que cobrábamos, daba igual”.
-Hacías otras cosas, ¿no?
“Sí, era monitora de aerobic. Disfrutaba mucho”.
-Luego, el salto a la tele.
“Me llamaron para entrar en Canal 7, como secretaria y productora de programas. En 1997 tuve que dejar de producir porque me quedé embarazada de mi hija Raquel. Ya después de nacer mi hija me di de alta como maestra en la Consejería de Educación, saqué la oposición, con especialidad de inglés. Estuve 26 años impartiendo clases, los 16 últimos en un pueblo del Norte de Tenerife y ahí me gané el cariño de mis alumnos y de sus padres. Fue muy bonita y muy emocionante la despedida, después de tantos años enseñando a los niños”.
-¿Te das cuenta de que eres historia de la radio?
“No mucho, fíjate. Yo recuerdo que venían los de la SER de Madrid, en los tiempos de ETA; me acuerdo de un tal Cano. Nos contaba que habían recibido amenazas de la banda terrorista, como advirtiéndonos de los riesgos que corrían ellos allí”.
-¿Y?
“Pues yo le decía: “Nosotros registramos avisos de bomba, un día sí y otro no, del MPAIAC, y no nos asustamos”. Es que eran tantas llamadas amenazantes que ya no le hacíamos ni caso, seguíamos trabajando como si nada. No era cuestión de que el otro se apuntara méritos de valentía”.
-Tuviste una historia bonita con alguien muy importante.
“Sí, pero no voy a hablar de eso. Una vez me envió una postal muy cariñosa, de un lugar remoto del mundo. El cartero cuando me la trajo, me dijo (se ve que la había leído): “Fíjate bien en mi cara de cartero, ¿eh?”. Pero de eso no quiero hablar, repito. Sí te diré que viví una especie de cuento de hadas”.
-Conociste a personajes importantes de la tele.
“Sí, incluso trabajé como azafata con Sancho Gracia en un programa de televisión que se llamaba El Tren”.
-Una pregunta obligada: ¿Dónde estabas el 23F?
“Al pie del cañón, en Radio Club, con el jeep de policías militares en la puerta. Paco me quiso mandar a casa con Manolo Sáiz Mesa, que acaba de morir el pobre. Yo le dije: “De eso nada, yo me quedo aquí”. Y ahí estuve hasta por la mañana”.
-Siempre pareces agradecida a la vida. Y eso resulta bonito.
“Es verdad, porque la he vivido intensamente. Conocí a personajes como el propio Michael Jackson, al actual rey de España, a gente muy importante y cercana y, además, mis parejas han sido hombres excepcionales que me han tratado muy bien. Mi vida ha sido una ilusión permanente, sobre todo también en el campo de la enseñanza. Y algo inolvidable: el nacimiento de mi hija Raquel”.
-¿Cómo fue tu encuentro con Michael Jackson?
“Bueno, era el año 1993, cuando vino. Yo estaba allí, en el hotel Botánico, creo que trabajando, y él no se hacía fotos con nadie. O al menos con casi nadie. Me parece que necesitaban a alguien que hablara inglés que estuviera cerca de él. Total, que pedí hacernos una foto juntos y accedió, encantado. Los guardaespaldas ni los managers me dijeron ni pío, sonreían. Ahora tengo la foto en el garaje”.
-¿Qué te marcó más, la radio y la tele o la enseñanza?
“La radio, sin duda. Pero no sé si debo decir esto porque la enseñanza también marcó mucho mi vida. En esos dos cometidos disfruté lo que no está escrito, a lo mejor debo dividir en dos lo que me dejó huella en la vida”.
-Te dejo titular esta entrevista. ¿Qué pondrías?
“Gracias a la vida, que me ha dado tanto”.
-Eso es de Mercedes Sosa.
“Pues le pediremos el título prestado a Mercedes Sosa”.
-Un poco tarde. Cuéntame anécdotas de ese tiempo de radio y de televisión.
“Mira, pasaron tantas cosas allí que sería difícil resumir. Yo me reía mucho con Zenaido. Su programa se llamaba Tagoror, pero le decíamos Tagorror porque era un poquito… intenso. Qué gran persona Zenaido”.
-¿Es verdad que nunca pediste vacaciones?
“Sí, alguna vez las pedí, pero regresaba antes de tiempo porque donde me divertía era en el trabajo. Creo que es la primera vez que a alguien le divierte más el trabajo que las vacaciones, pero yo era así”.
-Un poco casa de locos sí que fue la radio, entonces. Creo que ya te hice esa reflexión.
“La publicidad venía sola, todos cobrábamos muy bien, era un no parar, pero llegábamos a todos sitios. En realidad, Paco Padrón fue mi único jefe porque en los demás trabajos yo iba por libre. Soy consciente de que Radio Club marcó toda una época y más que una emisora fue un fenómeno sociológico. Y Canal 7 también”.
-¿Y ahora?
“Pues ahora se acabó mi labor como docente, me he jubilado, creo que sigo siendo una mujer que vive la época que le toca, disfruto de mi hija y me llevo bien con todo el mundo, veo a algunas personas que han sido importantes en mi vida y gozo bajo el clima del Puerto de la Cruz, donde siempre quise vivir, como te he dicho”.
-¿Y la radio sigue igual?
“No, la radio no sigue igual, todo tiene su tiempo y los tiempos han cambiado. En mi época se entraba, pero jamás preguntaba nadie cuándo iba a salir. Era una época de deseos por cumplir que todos queríamos culminarlos; en resumen, otros tiempos”.
-¿Tú te dabas cuenta de cómo eras, Maite?
“Bueno, no estaba nada mal. Ni ahora tampoco”.
(Ha llegado, con un sombrero, vestida de diva de verano, pero estamos en otoño, que es una estación –y una edad, la de ella, porque ya yo la pasé, maravillosa–. Ha disfrutado de la comida, la ha venido a recoger uno de sus ex y una perrita encantadora y yo he cumplido mi promesa (hecha a mí mismo) de entrevistarla. Y respetaré, en lo posible, su deseo para el título de esta agradable conversación en Los Limoneros).





