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Escobas escondidas, papas podridas y pollo frito: las costumbres navideñas más curiosas del mundo

Desde cenas poco convencionales hasta rituales para ahuyentar malos espíritus

Aunque solemos asociar la Navidad con paisajes nevados, árboles decorados y la figura de Papá Noel, esa imagen responde en realidad a una visión muy concreta y minoritaria del planeta. La influencia cultural de Estados Unidos y el cine han hecho el resto, pero lo cierto es que en muchos países la Navidad se vive de formas muy distintas, con tradiciones que pueden resultar sorprendentes —e incluso chocantes— para quienes no las conocen.

Desde cenas poco convencionales hasta rituales para ahuyentar malos espíritus, estas son algunas de las costumbres navideñas más curiosas del mundo.

Pollo frito como menú estrella

En Japón, la Nochebuena tiene un protagonista claro: el pollo frito de Kentucky Fried Chicken. En los últimos años, comer un menú de KFC acompañado de patatas se ha convertido en todo un acontecimiento, hasta el punto de que la propia cadena reconoce un fuerte aumento de ventas entre el 20 y el 25 de diciembre.

El origen de esta tradición se remonta a los años 70, cuando el crecimiento económico japonés trajo consigo la adopción de celebraciones occidentales como la Navidad, a pesar de que la mayoría de la población practica el sintoísmo. Una exitosa campaña publicitaria logró popularizar la idea de que el pollo frito era el plato típico navideño en Estados Unidos, imponiéndose frente a otras cadenas de comida rápida. Como añadido, cada año se incluye un plato de cerámica conmemorativo que muchos coleccionan.

Aves fermentadas durante meses

En Groenlandia, los inuit —nombre preferido frente al término “esquimal”, hoy considerado ofensivo— tienen una tradición culinaria reservada para ocasiones especiales como bodas, cumpleaños o Navidad: el kiviak.

Este plato consiste en introducir cientos de aves marinas, como las alcas, dentro de una piel de foca previamente limpiada. Tras sellarla y dejarla fermentar durante unos siete meses, las aves se consumen tal cual, con pico y patas incluidos. Quienes lo han probado aseguran que no es apto para estómagos delicados, aunque para los inuit se trata de un auténtico manjar.

Castigos navideños con papas podridas

En Islandia, los regalos no siempre están garantizados. Durante los 13 días previos a la Navidad, los llamados Yule lads visitan los hogares para dejar obsequios a los niños que se han portado bien. Sin embargo, quienes no han tenido el mejor comportamiento pueden encontrarse una desagradable sorpresa: papas podridas en la ventana.

Estos personajes, vestidos con trajes tradicionales, combinan la figura del repartidor de regalos con la del travieso castigador, convirtiendo el 25 de diciembre en un día de emociones encontradas para algunos pequeños.

Escobas escondidas y disparos al cielo

En Noruega, la Navidad también tiene un lado supersticioso. Existe la creencia de que durante la noche del 25 de diciembre las brujas y los espíritus malignos salen en busca de escobas para volar. Para evitarlo, muchas familias esconden todas las escobas de la casa hasta que pasa la festividad.

En algunas zonas, además, quienes poseen armas de fuego salen a medianoche a disparar al aire como forma simbólica de ahuyentar a estos seres. Un ritual ancestral que contrasta con la imagen tranquila y moderna del país.

La cabra que nadie puede quemar

Desde 1966, la ciudad sueca de Gävle levanta cada Navidad una enorme cabra de paja como reclamo turístico. Lo que comenzó como una iniciativa comercial acabó convirtiéndose en una peculiar tradición… marcada por el vandalismo.

A lo largo de los años, la cabra ha sido incendiada, decapitada o arrojada a un río en repetidas ocasiones, pese a las medidas de seguridad. Solo unos pocos responsables han sido identificados. La fama del ritual llegó tan lejos que un turista estadounidense pensó que quemarla formaba parte de la celebración y acabó detenido tras prenderle fuego, pasando más de dos semanas en prisión.

Navidad con Krampus

En países como Alemania, Austria o Hungría, la figura de Krampus acompaña a Santa Claus como su contrapunto oscuro. Este personaje, con aspecto demoníaco, se encarga de castigar a los niños que se portan mal, golpeándolos simbólicamente con varas y cadenas.

En la actualidad, la tradición ha evolucionado hacia fiestas populares en las que adultos se disfrazan de Krampus, recorren las calles, bailan y celebran la Navidad de una forma mucho menos inocente… pero igual de arraigada.

Una muestra más de que la Navidad no se celebra igual en todo el mundo, y que detrás de cada costumbre hay siglos de historia, creencias y una buena dosis de imaginación.

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