Marta von Poroszlay (Budapest, 1952) se define como una artista multidisciplinar porque es escultora, pintora y escritora, pero lo cierto es que su última novela, que es la quinta, va como un tiro y que ella está como la caja del turrón, de feria del libro en feria del libro, firmando ejemplares.
La novela se titula El lenguaje de los olores (NPQ Editores) y cuenta una historia, que pudo ser real, de un mercader de especias que relata a una mujer apasionada por vivir, Lila, sus historias y sus viajes por el Medio Oriente. Marta ha sido capaz de esculpir desde un caballo sueco que se exhibe en la Gran Canaria a aquella Marianne North que visitó el Puerto de la Cruz y a la gran Agatha Christie, asidua del Sitio Litre portuense y que se alojó en el Hotel Taoro, hoy tan de moda y nuevecito.
Le pregunté por una estatua a Los Beatles que se pretende para el Puerto de la Cruz, pero me dice que no se encuentra ya con fuerzas en sus brazos para esculpir: “Con el tiempo he aprendido a escuchar los gritos de mi cuerpo y mi mente, que ahora demandan una atmósfera de mayor introspección”, asegura. Mantiene contactos frecuentes con creadores europeos, fundamentalmente escritores, a través de viajes y de video conferencias.
Vive con su marido en el monte de La Orotava, en una casa diseñada al alimón por su esposo, el abogado, escritor e historiador José Luis Machado, y el arquitecto Andrés Ascanio, uno de los pocos, compañero mío de colegio, además, que se ha atrevido a lanzarse desde el Teide en algo así como un parapente. En fin, con Marta hablé de todo, pero mucho de su última obra literaria.
-Y ahora, una novela de éxito.
“Ah, eso que lo diga el lector”.
-¿Has abandonado todo lo demás?
“En los últimos años, vamos a llamarlo algo así como una luz de inspiración, o quizá el destino, me han llevado a la narrativa. Vuelco ahora mi universo creativo en la escritura de novelas, orientando mis inquietudes culturales a la literatura”.
-¿Y te sientes feliz?
“Más allá de la búsqueda de la felicidad, mi motor es la autorrealización: ese estado en el que el ser se completa a través de la creación. Porque al abordar una obra pictórica o escultórica me sumerjo en un universo donde la cotidianeidad se disuelve y me permite habitar un espacio propio, ajeno a las fricciones del día a día. La escritura me ofrece un estado de libertad absoluta. En el papel soy soberana de mi pensamiento; y esta madurez, que he forjado tras años de trabajo, me otorga ahora seguridad plena para dar vida a mis palabras”.
-Cinco novelas publicadas, casi todas históricas. ¿Cuál es tu asignatura pendiente?
“Es cierto, ya van cinco novelas: Amanecer en Budapest, El festín de María, El viaje de Gerónima Van Dale a Flandes y El susurro de los animales fueron las cuatro anteriores a esta que ha aparecido ahora, El lenguaje de los olores, editada por Sargantana, bajo el sello NPQ. El hecho de publicar con una editorial de prestigio me hace pensar que mi obra ha logrado el reconocimiento que anhelaba. Es decir, que ya se valora mi trabajo. Y no, no tengo asignaturas pendientes”.
-Háblame de la novela. ¿Qué pretendes trasmitir?
“Se trata del fruto de dos años de investigación. El lector se embarca en un viaje sensorial por el exótico Oriente Medio de 1903, siguiendo los pasos de Lila, su protagonista. La recreación de este universo requirió una documentación meticulosa sobre la historia de los perfumes, las especias y la gastronomía de la época, así como un estudio detallado de las costumbres y de cuál era la complicada logística de los viajes a principios del siglo XX”.
-Reivindicas el olfato, por lo que he leído.
“Sí, mi propósito es reivindicar el sentido del olfato, ese órgano tan subestimado. La novela El lenguaje de los olores busca despertar la sensibilidad del lector hacia un sentido fundamental, íntimamente ligado a la memoria y anclado en lo más profundo de nuestro ser”.
(Para entender los entresijos del mundo del libro, Marta von Poroszlay realizó el curso MAPEA, creado por Roger Domingo, del Grupo Planeta, en donde aprendió a presentar los proyectos con el rigor que las editoriales demandan. Habla elogiosamente de la comunidad generada entre compañeros, un grupo multidisciplinar de escritores de todo el mundo hispanohablante, que acaba siendo como una “familia elegida”, según sus propias palabras. Lamenta que vivir en la periferia le impida poder asistir presencialmente a todos los encuentros, pero se alegra de que la tecnología acorte distancias. Ha hecho amistades entrañables en España, Argentina y México, por ejemplo. Y asegura que “la literatura es un puente entre personas”, lo que no deja de ser una verdad como un templo).
-Para escribir una novela como la tuya, me refiero a la última, que por cierto me ha encantado, se necesita mucha documentación. ¿En qué fuentes has bebido?
“La chispa que encendió la inspiración fue encontrar un libro, The Bazaar: Markets and Merchants of the Islamic World (Thames&Hudson). Ese volumen me abrió las puertas a un mundo fascinante y me reveló la importancia de los bazares como eje vertebrador del mundo islámico. A esta base se unió la rigurosa documentación de Odorama (Kukso, Penguin Random House), que me guio a través del universo olfativo. Mi investigación fue exhaustiva. Tuve que consultar más de treinta libros sobre perfumes y especias. La extensa biblioteca familiar, siempre a mano, fue mi aliada fundamental para este viaje literario”.
-Marta, naciste en Hungría, pero buena parte de tu vida la has pasado en las islas. ¿Es entendible esta sociedad?
“Yo encuentro en la identidad de mi país, Hungría, una esencia vitalista y una calidez similar al carácter español. Ambos comparten una realidad emocional muy cercana. En cambio, el haber vivido en Suecia supuso un contraste mucho más marcado. Al llegar a España, a principios de los 60, percibí una sociedad que se sentía distante y anclada en tradiciones que contrastaban, por ejemplo, con la modernidad sueca. No obstante, en un mundo globalizado como el de hoy esas brechas generacionales y culturales se han desdibujado bastante”.
-¿Y entonces?
“Pues que, más que juzgar, prefiero observar la condición humana. Creo que más allá de fronteras compartimos todos un anhelo universal por un entorno de mayor igualdad y de paz donde poder prosperar”.
-¿Te sientes cómoda en medio de la terrible endogamia de esta tierra?
“Vivir en estas islas es participar en un ecosistema multicultural único”.
-¿Lo dices de verdad?
“El flujo constante de artistas de diversas procedencias ha enriquecido profundamente el panorama cultural de las islas. Desde que llegué he sido testigo de una notable transformación social, superando la segmentación del pasado para dar paso a una sociedad más cohesionada. Jamás me he sentido aquí fuera de lugar y siento que la hospitalidad y la mentalidad abierta de la población local son los pilares que hacen de este entorno un lugar privilegiado para la creación y la convivencia”.
-¿A quiénes consideras tus maestros en la trayectoria literaria que has elegido?
“Leer es la base de toda escritura. Para mí las librerías son espacios de puro deleite donde la curiosidad se dispara. Es imposible no dejarse seducir por la constante renovación de los estantes. Durante la pandemia fuimos muchos los que encontramos en la lectura esa ventana abierta hacia la libertad. Para perfeccionar mi estilo me formé en el arte del microrrelato, bajo la dirección de Antonio López Ortega (reconocido autor venezolano, de origen materno canario), con el que aprendí el valor de la brevedad y de la economía del lenguaje, herramientas que han transformado mi estilo”.
-¿Hay más?
“Mis influencias son eclécticas. Los clásicos son, diríamos, mis cimientos, pero disfruto explorando autores ingleses en su lengua original. Maggie O´Farrell, por ejemplo, ha sido un descubrimiento fundamental. Su forma de narrar en Hamnet posee una fuerza visual única. Asimismo, reivindico siempre la calidad de los autores de mi tierra, de Hungría, cuya tradición literaria es, a mi juicio, una de las más sólidas del mundo”.
-Es curioso que en ‘El lenguaje de los olores’ utilices una especie de presente narrativo, muy propio de Azorín.
“Elegir el tiempo presente para narrar es una decisión deliberada, que busca eliminar la distancia entre el texto y el lector”.
-Pero no es lo habitual.
“Técnicamente, se trata de un reto mayor. El presente otorga una inmediatez cinematográfica, la acción no es algo que “ya sucedió” sino algo que está ocurriendo mientras el lector sostiene el libro. En una obra donde los olores y las sensaciones son protagonistas, el presente permite que el lector respire el mercado y sienta el viaje de Lila en tiempo real. Mi intención es que el lector no sea un mero espectador del pasado sino un acompañante que experimenta cada descubrimiento con la misma sorpresa y frescura que los personajes de la obra”.
-¿Estás pensando en otras novelas históricas?
“He iniciado un nuevo proyecto, impulsado por mi fascinación hacia la narrativa histórica”.
-No me dejes en blanco.
“Considero que este género es el vehículo perfecto para las mentes curiosas, ya que permite conjugar el deleite literario con el rigor del aprendizaje. La semilla de esta nueva historia surgió durante un congreso de escritores celebrado en Valencia. Allí, la visita a uno de sus museos más emblemáticos resultó una fuente de inspiración. Descubrí cómo una manufactura específica ha tejido la identidad valenciana, a lo largo de los siglos. Esa íntima conexión entre artesanía, historia y evolución urbana me ofreció un material narrativo de un inmenso potencial, que estoy ya trabajando para mi próxima novela”.
-Pues mucho éxito en una etapa apasionante de tu vida.







