El tinerfeño Adrián Q. S., de 33 años, denuncia que lleva más de tres meses esperando por una operación quirúrgica en la columna vertebral, debido a un tumor benigno con un rápido crecimiento que le ha fracturado la vértebra D5, oprimiéndome la médula. Además, le causa profundo dolor y se halla en grave riesgo de daños neurológicos severos si se retrasa más. “Solo pido ayuda para que me operen antes de que sea tarde en el Hospital de La Candelaria. Quiero volver a recuperar mi vida, regresar a mi trabajo y pasear con mi familia”, subraya.
Adrián denuncia que apenas puede moverse debido a un hemangioma expansivo agresivo en la vértebra dorsal D5, con rotura de la pared vertebral y compresión medular, que le está limitando cada vez más su cuerpo. Tras asistir a urgencias del Hospital de la Candelaria, su equipo de Neurocirugía estudió su caso y determinó que “la cirugía tenía que ser lo más pronto posible dado que, cuanto más tiempo, peor serían las secuelas, incluso llegando a tener daños irreversibles en la médula si colapsa la vértebra”.
Una vez realizadas diversas pruebas, y tras esperar durante casi un mes en planta hospitalaria por la operación, Adrián solicitó el alta ambulatoria, siendo concedida el 7 de noviembre del 2025, “prometiéndome que me llamarían enseguida para operarme. Por mi parte, con el compromiso de que no me movería ante los riesgos que tendría de daño medular”. “Todo lo que me sucediera fuera del hospital iba a ser responsabilidad mía”, resalta.
Un informe en su poder le notifica que, a partir del día 20 de noviembre, se le avisaría para empezar con todos los procedimientos programados, entre ellos la preanestesia. Sin embargo, desde el Hospital de La Candelaria aún no lo ha llamado para realizarle la operación y su salud ha empeorado.
El día 2 de diciembre, una sanitaria del centro le dijo que su operación “no sale porque al informe le falta una firma, que debería haber estado, como mínimo, desde el mismo día del alta”. Además, alude a “la grave situación de riesgo” para su salud que vivió el pasado 12 de diciembre, en plena huelga de médicos, “cuando me hicieron acudir al hospital para la prueba de anestesia, sabiendo que no me iban a atender, sin disculparse y con la única excusa de que lo hacían para obligar a los pacientes a poner reclamaciones”. Denuncia que “fue un riesgo innecesario porque podría haber tenido un percance durante el trayecto, un frenazo más o menos fuerte o un mal paso o resbalón que podría haberme dejado parapléjico”.
Tras el 16 de diciembre, cuando acudió a la cita reprogramada con el anestesista, critica que llamó “al menos en diez ocasiones” cada día al hospital en busca de información, pero sin éxito, además de haber presentado varias reclamaciones para intentar acelerar su operación.
Denuncia que sufre “un dolor intenso que me estaba matando” y solo toma para calmarlo Paracetamol o Nolotil. Además, presenta zonas de las piernas con hipersensibilidad y otras ya no las siente. Además de casi no poder caminar ni sentarse en el sillón para no estar todo el día en la cama, le cuesta orinar, defecar, padece temblores que no puede controlar y pasa noches sin dormir. “Me han dicho que, si me pongo peor, que acuda a Urgencias, pero que eso no asegura que me operen antes”, lamenta este joven tinerfeño que quiere recuperar la salud y su vida, actualmente comprometidas por una demora innecesaria.
“Temo que la tardanza me impida recuperar una vida normal y trabajar”
Adrián Q. S. no oculta que “tiene mucho miedo e incertidumbre” sobre su futuro. “Temo que esta desidia en la atención pueda ocasionar que no salga bien al operación quirúrgica por el aumento de los riesgos medulares actuales o en posteriores tratamientos que me impidan en un futuro volver a recuperar y realizar vida normal junto a mi pareja y nuestro perro”.
El afectado no hace vida social en absoluto, está encerrado en su vivienda en Santa Cruz, no solo por no poder moverse por prescripción médica, sino por el temor a contagiarse de una gripe y el riesgo de poder quedar parapléjico o tetrapléjico por un estornudo o golpe de tos.
No poder realizar una vida normal está afectando también a su salud mental, así como a la de su pareja y la convivencia entre ambos.
Adrián también echa de menos su trabajo en una empresa de automoción, como así comenta en varias ocasiones de la charla. “Una de las cosas que más deseo es poder reincorporarme cuanto antes”, así como hacer deporte, pero le asusta que la tardanza en la operación o las futuras secuelas se lo impidan.







