Un vuelo de Turkish Airlines que cubría la ruta Estambul-Barcelona tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia este jueves, 15 de enero de 2026, en el aeropuerto de El Prat tras activarse el protocolo de seguridad por una amenaza de bomba a bordo.
La alerta no se debió a ningún mensaje directo ni a un objeto sospechoso. El origen fue el nombre de un punto de acceso WiFi creado por un pasajero durante el vuelo, que incluía una amenaza explícita, “Tengo una bomba y todos vamos a morir”, lo que llevó a la tripulación a actuar de inmediato.
El vuelo afectado fue el TK1853, un Airbus A321 con 148 pasajeros y siete tripulantes. El piloto activó el código de emergencia y solicitó prioridad para aterrizar. La aeronave fue desviada a una zona aislada del aeropuerto, donde se desplegó un amplio dispositivo de seguridad.
Una vez en tierra, los pasajeros fueron evacuados y el avión inspeccionado por los cuerpos policiales y equipos especializados. No se encontró ningún artefacto explosivo ni indicios reales de peligro, por lo que la alarma fue desactivada horas después.
La propia aerolínea confirmó que la incidencia se produjo al detectarse una red WiFi con un nombre que simulaba una amenaza, lo que activó los protocolos habituales para este tipo de situaciones.
Durante la operación intervinieron Mossos d’Esquadra, Guardia Civil, AENA y servicios de emergencia. El aeropuerto de Barcelona-El Prat continuó funcionando con normalidad pese al despliegue.
Fuentes oficiales han recordado que cualquier mensaje que sugiera un riesgo para la seguridad aérea, aunque sea una broma o una acción irresponsable, obliga a aplicar medidas estrictas. En este caso, la actuación preventiva evitó cualquier riesgo para los pasajeros y la tripulación.
El último caso en un vuelo a Canarias
En junio de 2025 otro avión que volaba con destino a Lanzarote desde Cardiff activó un protocolo de seguridad tras hallarse una nota con una supuesta amenaza de bomba en uno de los aseos de la aeronave.
El vuelo aterrizó con normalidad en el aeropuerto de Lanzarote y, tras revisar el avión con especialistas en desactivación de explosivos, se comprobó que la amenaza era falsa.
Las autoridades investigaron el suceso y no se encontró ningún artefacto, aunque se valoró la intención de la nota como una broma de mal gusto con posibles consecuencias penales.







