Al amanecer, al sur de Tenerife y frente a la costa oriental de Gran Canaria, se dibujan siluetas a lo lejos. Más allá de la línea del mar, grandes petroleros permanecen quietos durante días. No hacen cola para entrar en puerto. Simplemente están ahí.
Canarias se ha convertido en un lugar de espera habitual para buques vinculados a la llamada flota fantasma: petroleros que realizan trasvases de crudo y productos refinados en aguas internacionales cercanas a la costa, moviendo cargamentos de origen principalmente ruso —aunque también venezolano e iraní— con destino final, por lo general, a mercados asiáticos, todo ello bajo banderas cambiantes y estructuras opacas.
Los registros de tráfico marítimo muestran que los buques se acercan al entorno del Archipiélago, reducen máquina y se mantienen en el límite exterior de las aguas españolas. Permanecen lo bastante cerca para reaccionar rápido, pero también lo bastante lejos como para evitar una intervención directa.
El trasfondo de la cuestión se halla en el endurecimiento del pulso entre Estados Unidos y las redes que siguen moviendo petróleo sancionado, con Venezuela como uno de los epicentros. Cada vez que Washington aprieta, las rutas se reajustan.
En ese contexto, Canarias se convierte en un refugio legal y un entorno previsible para estos buques que, bajo normas europeas y lejos de las zonas donde las incautaciones y los abordajes son más frecuentes, encuentran un espacio para esperar sin entrar en puerto.
Por ejemplo, el petrolero Agate, integrado en la denominada “flota fantasma”, permanece desde hace más de tres semanas a unas 290 millas náuticas al sur de Tenerife, con velocidad mínima y sin rumbo definido, según los datos de seguimiento marítimo de VesselFinder. Construido en 2005, dedicado al transporte de productos petrolíferos y actualmente bajo bandera de Vanuatu, el buque figura entre los sancionados por la Unión Europea y el Reino Unido.
De igual forma, el tránsito de petroleros vinculados a la flota fantasma rusa se ha multiplicado en el último año en aguas próximas al Archipiélago, con semanas en las que se han detectado varios grandes buques operando o permaneciendo a la espera frente a las islas, algunos de ellos cargados con millones de barriles de crudo.
Analistas del Real Instituto Elcano han advertido de que este tipo de flotas buscan corredores alternativos y zonas de espera seguras en el Atlántico, y que el entorno canario aparece cada vez con más frecuencia en esos movimientos.
El Bella 1, el petróleo y la persecución en el Atlántico
Un episodio ilustrativo de estas nuevas rutas lo protagonizó el petrolero Bella 1, con bandera de Gabón. El buque fue vinculado al transporte de crudo sancionado y, en diciembre, se acercó a aguas venezolanas con la intención de cargar petróleo. La Guardia Costera de Estados Unidos intentó abordarlo en aguas internacionales, pero el barco se dio a la fuga y puso rumbo al Atlántico abierto.
La persecución se prolongó durante semanas. Finalmente, el Bella 1 —rebautizado durante la huida— fue incautado por Estados Unidos en el Atlántico Norte, según publicó The New York Times.
Que estos buques aparezcan cerca del Archipiélago no es casual.
Canarias se encuentra en medio de la autopista atlántica. Ofrece espacio, profundidad y margen para maniobrar sin necesidad de tocar puerto. Además, es un punto desde el que se puede virar hacia África, América o Europa según cambien las órdenes.
A ello se suma un factor clave: el cálculo del riesgo. En ese cálculo de riesgos, esperar frente a Canarias resulta hoy menos incierto que hacerlo en el Caribe o en zonas donde la presión militar y política es directa.





