medio ambiente

Pilar Zorzo, bióloga: “El turismo sostenible también implica dimensionar cuánta gente puede soportar una isla”

Pilar Zorzo es presidenta de la Asociación Española de Basuras Marinas
Pilar Zorzo, bióloga: "El turismo sostenible también implica dimensionar cuánta gente puede soportar una isla"

Con más de 30 años de experiencia en el sector público y privado, Pilar Zorzo es bióloga especializada en la gestión y el impacto de la contaminación oceánica. Desde 2015 preside la Asociación Española de Basuras Marinas (Aebam), una ONG fundada en 2014 para prevenir, reducir y concienciar sobre la polución por residuos en el entorno costero y marino. La científica madrileña estuvo la semana pasada en Tenerife con motivo del foro internacional sobre basuras marinas y economía circular Marlice. Organizado por la propia Aebam, el evento reunió durante tres días a más de 80 expertos de distintos países en el Lago Martiánez (Puerto de la Cruz), desde donde Zorzo atendió esta entrevista.


-A nivel global, ¿cuál es el estado actual de la problemática de la basura marina?
“Hay mucha preocupación por este tema. En las Naciones Unidas se está hablando del plástico y se está intentando sacar un instrumento jurídicamente vinculante para atajar esta situación. La ventaja, entre comillas, de esta polución es que es una contaminación macroscópica. Todo el mundo la puede ver. Entonces, digamos que es más fácil concienciar y tomar medidas que luego se puedan aplicar. Aunque las acciones que se toman tardan un tiempo en dar resultado, sí que se nota”.


-¿Cuáles son los residuos que predominan en el océano?
“Hay estudios que indican que el 80% de los residuos que encontramos en el mar son plásticos. Si bajamos a las playas españolas, y según la zona donde nos movamos, hay una media de unos 300 objetos por cada 100 metros lineales de playa. En Canarias, predominan las colillas y residuos asociados al turismo. Si hablamos de la zona norte del Cantábrico, ahí lo que más vemos son objetos relacionados con la pesca. En el Estrecho y Alborán también aparecen elementos relacionados con el turismo y con la agricultura… Los datos de las basuras marinas nos ayudan para muchas cosas, y una de ellas es establecer de dónde vienen las fuentes para tomar medidas efectivas. Porque al final no se trata solo de limpiar, la clave es no generar”.


-Al final refleja mucho lo que se ve en el mar con lo que pasa en tierra, ¿no?
“Claro, para que no haya basuras en el mar hay que gestionar bien los residuos en tierra. Si gestionamos bien, no van a llegar al mar ni se van a convertir en basura marina. Ahora mismo, estamos prohibiendo un material -el plástico-, pero realmente lo que tendríamos que hacer es cambiar la manera de consumir y de gestionar. Porque si prohibimos los bastoncillos de plástico y hacemos bastoncillos de papel, o prohibimos la cubertería de plástico y hacemos cubertería de madera, pero seguimos encontrándola en el mar, entonces no es un problema del material: es un problema de que estamos gestionando mal ese tipo de objetos”.


-¿Qué hace de Canarias un caso especialmente singular dentro de la problemática de la contaminación marina?
“Hay que pensar que las basuras marinas vienen tanto de tierra como del mar. Y el problema de las Islas es que están expuestas a las corrientes oceánicas. Muchísimos residuos llegan desde otros lugares. Pienso, por ejemplo, en la playa de Lambra, en La Graciosa, llena de microplásticos, estando lejos de cualquier industria o producción de granza. Eso viene del océano, de otros sitios. Es contaminación transfronteriza. Además, en una isla como Tenerife se puede conocer bastante bien las posibles fuentes: turismo, agricultura, plataneras… y eso hace muy interesante el estudio de las basuras marinas”.


-Justamente, un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona señala que, en el Mediterráneo, el 80% de la contaminación por residuos está vinculada al turismo. En ese sentido, ¿qué impacto tiene esta actividad en la generación de basura marina en Canarias?
“Pues influye de manera similar. Si el turismo no está concienciado y no gestiona bien los residuos, esos residuos terminan en el mar. Yo creo que debemos apostar por un turismo sostenible y de calidad. Y sostenible significa también pensar cuánta gente puede soportar una isla como Tenerife según sus infraestructuras. Porque si las depuradoras se colapsan, vierten sin depurar. Si los vertederos se saturan, no se gestionan bien los residuos. El turismo sostenible también implica dimensionar cuánta gente podemos recibir y luego concienciar a quienes vienen. Además, unas playas sucias nos cuestan muchísimo dinero y repercuten directamente en el propio turismo”.


-En las Islas el 72% de los emisarios no están autorizados. ¿Cómo valora esta situación?
“Con el tema de las aguas residuales hemos visto auténticas barbaridades. Ahí hay dos problemas. Uno es el ciudadano que tira algo al váter que no debe tirar. Pero el otro es que el sistema de depuración no funciona correctamente. Y claro, no solo hablamos de residuos sólidos, como toallitas: hablamos también de problemas sanitarios, bacterias, vertidos fecales…”.


-El Tribunal de Justicia Europeo sancionó hace unos meses a España, señalando especialmente a Tenerife, por incumplir la Directiva sobre el tratamiento de aguas residuales.
“Efectivamente. Si ya no estamos cumpliendo una directiva básica y de salud pública -que data de los años 90-, estamos jugando con algo muy serio”.


-Desde mediados de 2025 las aguas de Canarias pertenecen al convenio para la Protección del Medio Ambiente Marino del Atlántico del Nordeste (Ospar). ¿Qué supone exactamente?
“Pues supone un paso más en la protección del medio marino de Canarias. España ya formaba parte del convenio desde hace muchos años, pero el Archipiélago no estaba incluido. Ahora sí. Ospar establece programas de seguimiento, indicadores y medidas regionales que las Islas tendrán que cumplir también. Y muchos de esos requisitos tienen carácter vinculante. Por ejemplo, habrá que informar sobre descargas de aguas residuales y cumplir objetivos específicos. Eso hará que el Gobierno de Canarias tenga que ponerse las pilas todavía más”.


-Cuando hablamos de basura marina, se suele señalar al consumidor y a sus hábitos de compra y consumo. ¿Se responsabiliza de igual forma a las empresas que generan todos estos productos, que acaban convirtiéndose en residuos?
“Todos tenemos una porción de responsabilidad: los ciudadanos, la industria y también los gobiernos. Somos muchas personas y nuestra conducta podría cambiar radicalmente esta problemática. Según cómo consumamos, también estamos influyendo en la industria. Porque la industria responde a eso. Cuando voy a grandes superficies veo que la zona de productos a granel es enorme y cada vez más gente compra así. O ya se admite que puedas ir con tu táper y comprar pescado”.


-Comenta la responsabilidad de los gobiernos. ¿Es suficiente la regulación actual?
“Es una buena pregunta. Yo creo que siempre se puede hacer más, pero también creo que las bases ya están sentadas para poder avanzar. Además, hemos sido ejemplo para muchos países. Por ejemplo, para reducir las basuras procedentes del mar, en España se estableció una tarifa fija para la entrega de residuos en puertos de titularidad estatal. Eso significa que cualquier barco paga no por la cantidad de basura que descarga, sino por su tamaño o tonelaje. Eso incentiva que los barcos descarguen toda la basura en tierra y no se desprendan de ella en el mar. Ese modelo luego se copió en Europa y quedó establecido en la Directiva de Instalaciones Portuarias de Recepción de Residuos. Más que falta de medidas, yo creo que a veces el reto es implantarlas correctamente”.


-En el convulso contexto global actual, ¿cree que todas estas preocupaciones están quedando en un segundo plano?
“Mire, ayer, Irina Makarenko, secretaria ucraniana de la Comisión del Mar Negro, nos presentó todos los problemas que tienen allí. Han dinamitado una presa, están en guerra… Evidentemente siguen haciendo sus seguimientos, pero claro, todo es más complicado. También en Palestina, totalmente devastada, la cantidad de residuos que se están generando allí debe de ser enorme. Entonces sí influye y, sobre todo, lo más duro es que cambia el foco. Y es normal: es lógico que nos centremos más en la pérdida de vidas humanas que en la basura marina. Pero al final deberíamos intentar mantener un equilibrio”.


-Durante el foro se está hablando mucho de cooperación internacional. ¿Estamos yendo todos a una, por ejemplo en las negociaciones del tratado global sobre plásticos de la ONU?
“Hay países que ponen impedimentos. Por ejemplo, Estados Unidos con el cambio climático y el Protocolo de Kioto: ponen pegas, no se adhieren o no adquieren ciertos compromisos. Pero en el tratado global sobre plásticos lo que se está viendo es que, más que los países, es la industria del plástico la que está ejerciendo una presión brutal. Porque claro, si se aprueba, sería un instrumento jurídicamente vinculante. No sería una recomendación. Los países tendrían obligaciones reales”.


-Y en ese sentido, ¿qué papel está jugando España?
“España está haciendo una labor muy importante. Está participando activamente en todo el proceso de discusión y está claramente a favor de aprobar ese tratado”.


-¿Le preocupa, tanto a nivel internacional como nacional, la entrada de discursos negacionistas sobre el cambio climático y el medio ambiente?
“Claro. Los discursos negacionistas juegan totalmente en nuestra contra. Además el medio ambiente siempre se ha visto como una traba al desarrollo económico. Luego llegó el concepto de desarrollo sostenible para integrar las tres patas: desarrollo económico, protección ambiental y bienestar social. Pero todavía hay mucha gente que no se lo cree y sigue viendo el medio ambiente como un obstáculo. Entonces muchos políticos lo primero que hacen es actuar contra las regulaciones ambientales y decir: “emite lo que quieras, contamina lo que quieras, pero da trabajo”.


-¿Pueden ir de la mano el desarrollo económico y la sostenibilidad?
“Puede y debe. El problema es cuánto queremos enriquecernos o cuánto queremos crecer. Porque claro, imagina una industria que se va a un país donde no hay regulación ambiental fuerte. Allí no tiene límites de emisiones ni impuestos por contaminación y gana más dinero. Pero ¿cómo contabilizas el daño ambiental que estás generando? Porque eso también tiene un coste. Estás destruyendo tu casa. Por mucho dinero que tengas, si te quedas sin aire limpio y sin agua limpia, no te sirve para nada. El problema es que no se incorpora realmente el coste ambiental ni el coste de restauración en la contabilidad económica. Estamos actuando como si los recursos fueran infinitos y no lo son”.


-El tema de la conciencia ambiental ha salido constantemente en la conversación. ¿Hasta qué punto es importante educar a una sociedad sensibilizada e implicada?
“Para mí es lo básico. Porque al final la responsabilidad es compartida y, si la gente no es consciente, difícilmente va a cambiar. Yo siempre quiero pensar que muchas conductas incívicas se producen porque la gente no conoce realmente las consecuencias. Si una persona supiera que tirar una colilla al suelo puede contaminar miles de litros de agua y generar microplásticos, ¿cómo iba a hacerlo?”


-Y aquí en Canarias están teniendo mucha importancia los divulgadores en redes sociales. ¿Estas plataformas pueden ser un buen aliado?
“Sí, totalmente. La gente joven se informa muchísimo por redes sociales. Hay divulgadores ambientales con millones de seguidores hablando de microplásticos y sostenibilidad. Me parece una herramienta maravillosa para concienciar”.


-¿Es optimista con respecto a las nuevas generaciones?
“Totalmente. Yo creo que si se les informa bien, sin imponerles nada, lo entienden. Son inteligentes y coherentes. Soy optimista y mi esperanza está totalmente puesta en ellos y ellas”.

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