El doctor Roberto García Sánchez (Puerto de la Cruz, 1991) es graduado en Psicología, máster en Psicología General Sanitaria, experto en Medicina de Estilo de Vida y experto en Coaching Nutricional. Doctor por la Universidad de La Laguna con una tesis sobre Freud, es profesor de la Universidad Europea de Canarias (UEC), coordinador del grupo de trabajo Nutrición, Metabolismo, Estilo de Vida y Salud Mental (NUMES) de la Asociación Española de Neuropsiquiatría y también secretario general del Instituto Español de Medicina de Estilo de Vida. Históricamente, su investigación se ha centrado en la personalidad y la psicopatología, pero en la actualidad se focaliza en la nutrición y el metabolismo aplicados a la salud mental (desde la Medicina de Estilo de Vida) y las humanidades médicas. Realiza actualmente investigaciones interuniversitarias con la ULL en las áreas de Toxicología y Psiquiatría, con publicaciones de artículos científicos, tesis doctorales, etcétera. En el campo de las humanidades médicas también tiene una prolífica producción científica. Ha escrito varios libros y numerosos artículos sobre su especialidad.
-En un reciente artículo afirmas que es preciso detenerse. ¿Para pensar? ¿Cómo respuesta a una vida de locos?
“Sí, he dicho que es preciso detenerse, pero no sólo para pensar, aunque lo de pensar sea una parte importante. Detenerse se hace preciso, antes que nada, para volver a estar, para salir del modo automático en que vivimos, donde todo es reacción, urgencia y rendimiento”.
-Cuánta razón veo en esas palabras.
“Pensar requiere tiempo, silencio y una cierta lentitud, pero lo que está en juego es algo más profundo: el hecho de recuperar una relación con la vida que no sea puramente funcional. Cada vez habitamos menos lo que vivimos y detenerse significa una forma de resistencia frente a esa inercia, una forma de conciencia, de presencia, de no ser arrastrado”.
-Una curiosidad. ¿Hemos regresado al matriarcado?
“Esa pregunta suele formularse mal”.
-¿Por qué?
“Porque parte de una simplificación histórica y termina atrapada en una guerra ideológica que hoy lo contamina todo. Si hablamos con un mínimo de rigor, no existe evidencia sólida de que hayamos vivido en un verdadero matriarcado en el sentido simétrico al patriarcado. Pero sí ha habido sociedades donde la herencia o la organización familiar pasa por la línea materna. Pero eso no equivale a un “gobierno de las mujeres”, ni a una inversión del poder político, militar o simbólico a gran escala”.
-¿Entonces?
“Tampoco es cierto que estemos simplemente en una fase de “igualdad” neutral, esto es otra cosa; se trata de una reconfiguración ideológica del poder, no de un matriarcado”.
-¿Vivimos en una sociedad muy ideologizada, entonces?
“Yo soy muy crítico con todas las ideologías contemporáneas y en este tema muy especialmente, porque tanto unos como otros leen la realidad con gafas de propaganda. Estamos, efectivamente, en una sociedad híper ideologizada, donde ciertos discursos –sobre todo los vinculados a identidades, victimismos y luchas simbólicas— han adquirido un poder cultural, mediático, jurídico y moral enorme. Y ese poder no lo ejercen “las mujeres” como grupo real, sino elites ideológicas muy concretas que usan la categoría “mujer” como instrumento político. Además de esto, hay grupos a los que se les ha otorgado autoridad moral automática y otros a los que se les ha asignado culpa estructural automática y eso es típicamente ideológico, no antropológico”.
-¿Hay algo más que decir al respecto?
“Yo creo que el hombre no ha sido desplazado por la mujer, ha sido desplazado por un sistema de gestión moral del conflicto, donde la victimización da estatus, la queja otorga poder, la identidad sustituye al argumento y la complejidad se castiga. Llamar a eso “matriarcado” es equivocarse de diagnóstico, es como llamar “socialismo” a cualquier intervención del Estado o “fascismo” a cualquier autoridad. Unas palabras grandes para una realidad mal pensada”.
-Considero que existe un discurso oficial preocupante, Roberto.
“Es verdad que la figura masculina se encuentra culturalmente deslegitimada, la autoridad paterna está erosionada y la sospecha sobre lo masculino es estructural en muchos discursos oficiales. Ciertas formas de poder simbólico hoy se ejercen desde códigos emocionalizados y moralizantes que culturalmente asociamos a lo materno. Así que no, no hemos regresado a ningún matriarcado, hemos entrado en una sociedad administrada por ideologías identitarias, donde el poder se justifica por la posición moral que uno ocupa en el relato y eso se llama, simplemente, decadencia simbólica”.
–Al margen de otras investigaciones, has estudiado los Evangelios apócrifos de Felipe y de Tomás. ¿Con qué motivo?
“Los he estudiado no por curiosidad histórica, ni por esoterismo, sino por interés psicológico. Los Evangelios de Felipe y de Tomás conservan un tipo de lenguaje simbólico y experimental que no busca organizar una moral ni fundar una institución sino describir transformaciones interiores de la conciencia. Ahí el “reino” no es un lugar ni una promesa futura sino un estado de lucidez. Para entender ciertos procesos psíquicos profundos –despertar, integración, reconciliación de lo dividido— estos textos son sorprendentemente precisos. No dicen cómo hay que creer, dicen cómo cambia alguien por dentro”.
-¿Crees que se produce, en estos tiempos, un cambio de roles entre el hombre y la mujer? ¿Por rechazo al pasado o se trata de meros ciclos?
“Sí, hay un cambio de roles, pero está mal planteado y peor entendido. Se trata, en gran medida, de una reacción ideológica al pasado. Como el patriarcado fue injusto se intenta corregir pero no comprendiendo sino invirtiendo simbólicamente culpas, sospechas y legitimidades. Esto no produce equilibrio, produce distorsión. Estamos viendo modelos humanos debilitados e instrumentalizados por discursos políticos cada vez más desconectados de lo que son fuera del relato ideológico. Los ciclos históricos existen, pero esto no es un ciclo sino una ingeniería cultural torpe, construida a base de consignas, resentimientos y simplificaciones. No se están redefiniendo los roles desde la verdad de lo humano, sino desde la culpa, la revancha simbólica y la propaganda”.
-Roberto, tras el covid se ha producido el llamado “síndrome de la cabaña”. ¿Qué te parece?
“Me parece un síntoma, no una enfermedad. No es que la gente tenga miedo de salir, es que ha perdido el hábito de vivir en el mundo. El encierro aceleró una tendencia previa, vidas cada vez más medidas por pantallas, más gestionadas desde la seguridad que desde el sentido. Lo llamamos “síndrome” para no decir algo más incómodo. Nos estamos volviendo psicológicamente domésticos, frágiles y dependientes de entornos controlados. No es prudencia, es empobrecimiento vital”.
(Hablamos de su tesis doctoral, que ya he dicho más arriba que versó sobre Freud. Le pregunto al doctor García Sánchez si las teorías del ilustre sabio han quedado desfasadas y que si hoy en día estaría vigente el psicoanálisis. Y me dice que, “tomadas literalmente, las teorías de Freud sí están en gran parte desfasadas, como su modelo biológico, su sexualismo excesivo y muchas de sus hipótesis clínicas, que no resisten a la ciencia actual. Pero eso no significa que Freud sea inútil”. Y añade:)
“Freud no sirve hoy como científico, sirve como un gran cartógrafo del alma moderna porque nos enseñó a pensar en términos de conflicto psíquico, autoengaño, deseo inconsciente, racionalización, culpa, repetición. Ese cambio de mirada es irreversible. El psicoanálisis, como técnica, no es una varita mágica y a veces se ha tornado en ritual caro y estéril, pero como instrumento de comprensión profunda del sujeto sigue siendo una de las pocas herramientas que no reduce al ser humano a química, conducta o estadística. Freud está superado en muchas cosas, pero no ha sido reemplazado en lo esencial y una psicología que olvida el inconsciente suele volverse superficial, moralista o tecnocrática”.
-Estoy triste y por eso tomo medicamentos. ¿Es presentable esto?
“Medicalizar la tristeza es muchas veces callar una pregunta, no curar una herida. Hay tristezas que son síntomas de una vida mal vivida, de duelos no hechos, de sentidos perdidos. Convertirlas en “desequilibrios químicos” es cómodo, rápido y superficial. Los fármacos pueden ser un apoyo, pero cuando intentan sustituir al trabajo interior, a la comprensión y al cambio no sanan, anestesian. Y una sociedad que anestesia su malestar no se cura, sino que se adormece”.
-La epigenética está de moda. Y yo soy un curioso.
“La epigenética muestra algo incómodo para las ideologías simples”.
-¿Por qué?
“Porque no somos solo genética, pero tampoco somos pura libertad. Se trata del estudio de cómo el entorno, el estrés, la alimentación, los traumas o los hábitos modulan la expresión de nuestros genes sin cambiar el ADN. Dicho en forma clara, la vida deja marcas biológicas. Lo que vives, y cómo lo vives, puede influir incluso en lo que heredan tus hijos. Esto rompe dos mitos a la vez: el biologicista, pues no todo está escrito; y el voluntarista, pues no todo se elige. Somos historia encarnada y eso hace al ser humano más complejo, más frágil y también más responsable”.
-¿Le interesa algo a la juventud? ¿Se encuentra atemorizada?
“La juventud no está vacía ni desinteresada, está saturada. Saturada de estímulos, de discursos, de consignas, de expectativas contradictorias. Cuando todo importa todo el tiempo nada termina importando de verdad. Sí, le interesan cosas, pero esos intereses no son búsquedas tranquilas, son defensas. Claro que está profundamente atemorizada la juventud, pero por el miedo a no tener consistencia interior, miedo a no ser nadie si deja de ser vista, miedo a equivocarse en público, miedo a no estar a la altura de un ideal de felicidad obligatorio”.
-Joder, qué mal me lo pones, Roberto.
“Se trata de una generación sin suelo alguno, que puede elegirlo todo, pero que no sabe realmente dónde elegir. Vive en una exposición constante y por eso mismo no tiene refugio interior. Más que desorientada, la juventud está ontológicamente insegura, no duda de lo que quiere, duda de quién es… o bien no lo sabe”.






