islas

El templo frente al Atlántico que sorprende en Canarias: está dentro de una barca, a pie de playa y con altares de conchas

Cada mes de agosto, este singular santuario acoge sus fiestas

El Archipiélago canario ofrece enclaves singulares repartidos por todas sus Islas, desde Tenerife, la más poblada de España, hasta Gran Canaria, con espacios tan reconocibles como las Dunas de Maspalomas. En Fuerteventura, una de las sorpresas menos conocidas se localiza en el pequeño poblado costero de El Jablito, en el municipio de La Oliva, donde se conserva una ermita que destaca por su construcción poco habitual.

La capilla se sitúa junto a la playa de El Jablito y está integrada en el interior de una antigua barca de pescadores colocada frente al Atlántico. El espacio cuenta con altares elaborados con conchas y está dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre, conocida como Cachita, patrona de Cuba. Según la tradición oral, la imagen llegó a la Isla de la mano de un inmigrante procedente del país caribeño.

Cada mes de agosto, este singular santuario acoge sus fiestas, cuyo acto principal es una procesión marítimo-terrestre que recorre la costa y refuerza una devoción compartida entre Fuerteventura y Cuba, en un encuentro que reúne a residentes y visitantes.

Senderismo, buceo y paisaje volcánico

La ermita es el principal reclamo del núcleo de El Jablito, una villa marinera caracterizada por sus casas tradicionales de pescadores y por la riqueza de su entorno marino. La zona es punto de partida para quienes se inician en el buceo, actividad en la que pueden observarse especies como viejas, sargos, salemas, abades, fulas, pejeverdes, morenas, pulpos y pequeños crustáceos.

A poca distancia del pueblo se encuentra la Montaña Roja, uno de los relieves volcánicos más representativos del norte de Fuerteventura. Este cono de tonos rojizos puede recorrerse mediante senderos de baja dificultad que permiten rodear su base y ascender por tramos definidos, con vistas abiertas al Atlántico y al paisaje árido del interior de la Isla. El recorrido facilita la lectura del origen geológico del territorio, entre coladas volcánicas solidificadas y extensiones de malpaís, y actúa como mirador natural hacia la costa norte majorera.

Un enclave con historia ligada al mar

El Jablito conserva playas de arena blanca poco concurridas, antiguos puntos vinculados a la pesca artesanal y miradores naturales desde los que observar el océano. Su trazado costero y el ritmo pausado del lugar lo mantienen alejado del turismo masivo.

Los orígenes del asentamiento se remontan a finales del siglo XVIII, cuando aparece documentado como un pequeño puerto natural utilizado por pescadores nómadas que se establecían de forma temporal durante las campañas de pesca. Con el paso del tiempo, el enclave también funcionó como embarcadero para la salida de piedra de cal, estiércol y ganado, además de otros materiales transportados a islas cercanas y a la costa africana. En la década de 1930, el lugar llegó a tener un uso militar, reforzando su valor estratégico dentro del litoral majorero.

Posteriormente, comenzaron a levantarse chozas de piedra que dieron origen a las primeras viviendas permanentes, identificadas por los apellidos de sus moradores, como la Casa de los Guerra, la de los Chinchas, la de los González o la conocida Casa de Andresito. Durante décadas, El Jablito fue también un espacio de veraneo para familias de Villaverde y La Oliva, que trasladaban sus pertenencias en camellos o burros y permanecían allí durante los meses de calor. A mediados del siglo XX, los descendientes de aquellos primeros pobladores modernizaron las construcciones con casas de bloques y cemento, manteniendo una relación directa con el mar.

Gastronomía local

La visita a El Jablito también se completa a través de una cocina ligada al producto marino. En el enclave y en los núcleos próximos es habitual encontrar pescado fresco del día, preparado a la plancha o frito, con especies como la vieja o la sama. A ello se suman mariscos y moluscos recolectados tradicionalmente en la zona, como lapas y burgados, acompañados de mojo verde o rojo, junto a platos habituales de la gastronomía majorera como las papas arrugadas, el gofio escaldado y el queso de cabra de Fuerteventura.