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José Manuel, el último cabrero quesero vende las cabras ‘harto’ de sus vecinos: “El Ayuntamiento de La Matanza no nos ayudó”

José Manuel Martín se ha visto obligado a dejar el trabajo que durante 30 años fue su medio de subsistencia, una decisión que le supone consecuencias económicas y emocionales

“Las quejas de cuatro vecinos y un Ayuntamiento que no nos ayudó”. Ese fue el motivo por el cual José Manuel Martín, cabrero de La Matanza de Acentejo, tuvo que vender su rebaño de cabras -unas cien- que durante más de 30 años fueron su medio de subsistencia, una actividad de tradición familiar que heredó de su padre, abuelo y bisabuelo.
Una decisión que además de una fuerte carga emocional, le supone importantes consecuencias económicas que no sabe cómo va a afrontar.

José Manuel es el último cabrero quesero del municipio. “Hacía el queso a mano porque tengo el título, y lo vendía en el Mercadillo del Agricultor. Cuando llegaba allí, ya la gente me estaba esperando para comprarme”, cuenta. La última vez fue el sábado pasado. Llevó unos 30 kilos y en media hora lo vendió. “¿Dónde voy a comprar queso ahora?, me preguntan muchos vecinos después de enterarse que he vendido los animales”.

José Manuel dice que hay mucha gente que lo apoya “y está indignada porque dicen que lo que me están haciendo a mí no se le hace a nadie”.

Vive en la zona de La Resbala, en la calle Arrayán, una zona rural y donde siempre hubo pastoreo, pero desde hace unos años “han construido todo” y “hay gente a la que no le gusta que las cabras hagan ruido y caca en la calle. Esta gente no se adapta a la tierra, se cree que la comida viene de los supermercados”, apunta.

Asegura que la situación no es nueva y que lleva muchos años aguantando insultos de todo tipo pero llegó un punto en el que “no puede más” y por eso se vio obligado a vender sus animales. Tampoco uno de sus hijos, que también lo ayudaba pero que ya “no quiere saber nada”, y por eso él considera que tiene que seguir luchando.

“Me han tirado hasta cubos de agua, me decían hediondo, cabrón, y más insultos con mis padres muertos, es imposible de aguantar todo eso”, confiesa

Este vecino de La Matanza asegura que las “presiones” llevan mucho tiempo y lo peor, que provienen de personas que a su vez son familia lejana. “Antes el alcalde no lo les hacía caso pero ahora parece que ha tenido que intervenir para que no le digan que no hace nada”, sostiene.

Cuenta que en el año 2018 “fue un aparejador del Ayuntamiento a su casa para decirle que no podía soltar las cabras porque hacían sus necesidades en la carretera, que al lado había un guachinche y había personas que se habían quejado”. Las tuvo en su casa hasta después de la pandemia de COVID-19 “y cuando empecé a soltarlas ya me empezaron a amargar la vida otra vez”, apunta.

“Siempre limpié los corrales”

El cabrero sostiene que siempre limpió los corrales de su granja “y cuando venía Bienestar Animal estaba todo perfecto”. De hecho, en la Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca del Gobierno de Canarias no consta ninguna denuncia formal de incumplimiento de la normativa de Bienestar Animal.

Como no le encontraban ninguna irregularidad, fue sancionado por el Ayuntamiento por incumplir la ordenanza de convivencia ciudadana. La resolución, con 28 de abril de 2025, y a la que tuvo acceso este periódico, conllevó una multa de 90,15 euros. En la misma se expone que se originó tras recibir “denuncia vecinal alegando insalubridad en la zona por excrementos de un rebaño de cabras así como por los malos olores que se desprenden de la granja”, solicitándole que traslade su explotación ganadera a otro lugar. Una petición que no pudo cumplir debido a que no contaba con los recursos.

La decisión que tuvo que tomar días atrás José Manual además de tener una fuerte carga emocional, le supone importantes consecuencias económicas porque ha pedido un préstamo de 15.000 euros para seguir adelante con la actividad y a su hijo le habían concedido una subvención de 50.000 euros por parte del Gobierno de Canarias para mejorar la sala de ordeño, techar los corrales con planchas nuevas, y hacer la quesería más grande. “Y ahora vamos a tener que devolver ese dinero porque ya no tengo más cabras ni trabajo ni nada. A mi hijo le dieron una resolución que tenía que pagar eso pero no sabemos cuándo va a venir. Yo tengo que conseguir que me aplacen ese pago porque no sé con qué pagar”, se lamenta.

Un futuro incierto

Tampoco sabe qué va a hacer de aquí en adelante. “Tengo 60 años y una mano jodida, pero con las cabras iba escapando, si voy a trabajar en la construcción no sé lo que haré”, afirma.
Asegura que tiene “todos los papeles” que le requirió el Ayuntamiento, tanto a él como a su hijo, para “que se fuera a un terreno más arriba pero le dijo que no podía porque no tenía dinero y después no pasó nada”.

Consultado sobre este asunto, el primer teniente de alcalde, Miguel Ángel Pérez Pío, asegura que el Consistorio no tiene competencias en materia de ganadería y que este vecino no tiene ningún expediente abierto. Pese a ello, “habrá que ayudarlo y asesorarlo en todo lo que se pueda”.

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