Filmoteca Canaria inicia esta semana un ciclo de género negro dedicado a Abel Ferrara (Nueva York, Estados Unidos, 1951), con cinco películas que son otros tantos modos de mirar la noche desde dentro, como quien corre una cortina pesada para descubrir que el día no existe o que, si existe, es apenas una variación del mismo desconcierto. Un territorio donde invita, desafía y susurra.
LA VENGANZA
En colaboración con el Festival Atlántico del Género Negro Tenerife Noir, y con acceso libre para el público, la programación comienza con Ángel de venganza (1981), una historia en la que una joven sordomuda (Zoë Lund) es violada dos veces el mismo día, con dos agresores diferentes que nada tienen que ver entre ellos. A partir de ese punto, se desata la venganza.
El film se proyecta mañana martes en el Teatro Guiniguada, en Las Palmas de Gran Canaria, y el jueves en el Espacio la Granja, en Santa Cruz de Tenerife, en versión original y con subtítulos en castellano. Ambas sesiones comienzan a las 19.00 horas.
El ciclo incluye a lo largo de febrero y marzo El rey de Nueva York (1990), monarquía criminal sostenida sobre un vértigo moral que late como un corazón subterráneo bajo la ciudad, y Teniente corrupto (1992), considerada la mejor cinta de Ferrara, un descenso sin escalas a un alma hecha trizas que busca una improbable luz al final del túnel.
También se exhibirá El funeral (1996), una elegía gangsteril donde las balas parecen rezos y los rezos suenan a despedida, y New Rose Hotel (1992), cápsula futurista impregnada de deseo y traición, como si la tecnología solo fuera otro modo de repetir los pecados de siempre.
AMBIGÜEDAD
Ángel de venganza es un film de culto que sigue la historia de una joven sordomuda que trabaja como modista en Nueva York. Lleva una vida silenciosa y solitaria en una ciudad marcada por la hostilidad. Tras un hecho traumático, su mundo interior se fractura, y comienza a transformarse. Su mutismo se convierte en resistencia frente a un entorno urbano violento y deshumanizado, en un recorrido cargado de tensión, ambigüedad moral y extraña belleza.
De Abel Ferrara se dice que es una especie de “médium que filtra sueños rotos, violencia casi metafísica y redenciones del tamaño de una cerilla usada. Un cartógrafo de lo oscuro. Un cronista de noches interminables que parecen filmadas desde la fisura de un espejo sucio”.





