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10 años excavando en silencio hasta confirmar lo impensable: Roma estuvo en Canarias

Tras diez años en el islote en busca de restos del taller romano de púrpura, los arqueólogos se expanden a Fuerteventura en una investigación clave que ha cambiado ya muchas tesis
10 años excavando en silencio hasta confirmar lo impensable: Roma estuvo en Canarias. A. M.

La historia, por supuesto desde la óptica humana, no deja de ser más que un constructo de teorías y visiones subjetivas con refuerzos empíricos, materiales o factuales sobre lo que supuestamente ocurrió que, sin embargo, siguen la rueda hermenéutica de la interpretación perpetua. Eso sí, con consensos o disensos más o menos fuertes que asientan o diluyen las tesis del momento.

Lo que ocurrió en 2012 con una pequeña y simple pieza de cerámica descubierta por una pareja de turistas en el islote de Lobos, después de unas lluvias inhabituales en este atractiva perla del Norte de Fuerteventura, cambió muchas concepciones y abrió nuevos caminos a la investigación porque, tras diez años de trabajos arquelógicos, el equipo que estudia el yacimiento no alberga ninguna duda: se trata de un taller de púrpura romano que demuestra la presencia de, al menos, una empresa del imperio en Canarias (seguramente desde Lanzarote a Tenerife, no así en las llamadas Islas Verdes) casi durante un siglo, en pleno apogeo y expansión de Roma (desde el 30 antes de la era actual a los años 60 o 70 del s. I), si bien la etapa de esplendor romano duró siglos y siglos, con altibajos, pero expandiéndose como ninguna otra civilización antes en Europa, norte de África y parte de Asia.

Tanto es así que, durante este 2026, los expertos “invadirán” una parte de Corralejo (La Oliva, justo en frente del islote) para sondear y excavar en una zona en la que creen que hubo otro taller similar, aparte de darse los primeros pasos para un futuro museo que difunda en Lobos los descubrimientos de lo que ya implica, sin duda, un punto de inflexión sobre el estudio del deambular humano por estos maravillosos peldaños del Atlántico asomados a África a los que, con razón, llamaron Islas Afortunadas.

Una de las encargadas de la investigación es Carmen Del Arco Aguilar, catedrática de Prehistoria de la Universidad de La Laguna y conservadora del Museo Arqueológico de Tenerife, cuyo Cabildo colabora en la investigación junto al Gobierno regional y compañías como Binter. En declaraciones a DIARIO DE AVISOS, no solo subraya la relevancia de esta excavación histórica, en toda la amplitud del término, sino que recalca también la importancia del museo que se acabará habilitando en el islote para difundir bien los descubrimientos, con las medidas adecuadas para que no se convierta en un nuevo atractivo turístico que desborde la, de por sí, gran demanda de visitas diarias a Lobos desde Corralejo.

Hasta ahora, y según detalla, la cerámica (realizada en gran parte con torno, lo que la desvincula de la aborigen guanche), las herramientas, los restos de basura, las caracolas y los huesos de animales asientan la tesis de que el taller de púrpura (una de los materiales que da el mar más apreciados por los romanos como tinte para sus ropas: un símbolo de lujo y poder) seguramente fue impulsado por una empresa del imperio de la antigua Cádiz (Gadir). Exactamente cuándo llegaron y si emplearon a esclavos, trabajadores o si hubo intercambios con los guanches es algo aún por descubrir, pero las pruebas del carbono acotan la presencia en el islote a esos aproximadamente cien años y refuerza la idea de que abandonaron el taller en el momento en que se acabó la materia prima; es decir, en el instante en que la zona ya no daba más conchas o caracolas con púrpura (moluscos como la canaílla), como se cree que ocurrió también en asentamientos de Lanzarote, Gran Canaria y hasta Teno, en Tenerife.

Aunque hay historiadores que lo descartan, Del Arco considera reforzada la teoría de que los integrantes de esta empresa interactuaron con los majos y con los aborígenes de esas otras islas, lo que ha modificado ya la visión sobre la historia humana de las Islas y apuntala la teoría de los que sostienen que los llamados guanches, lejos de asentarse en Canarias a partir del siglo II, III de esta era o, incluso, muy posteriormente, pudieron estar ya desde el VIII previo a la llamada edad cristiana o, al menos, antes de que comenzara la era.

Por supuesto, el gran anhelo, el ‘Arca perdida’ de esta excavación y de otras muchas, consiste en hallar restos humanos o pruebas gráficas que, con el carbono, arrojen mucha más luz sobre este asentamiento romano, pero resulta innegable que lo descubierto hasta ahora ha cambiado muchas visiones sobre la historia antigua de Canarias y fortalece también las teorías no solo sobre la llegada de Roma a unas islas entendidas como periferia de su civilización (desde la monarquía -algo mucho más remoto-, a la República romana, que comienza en el 509 a C., y, luego, el Imperio, desde el 27 a C.). Además, y aunque de momento no se ha descubierto nada, se abre la puerta a que también hubiese expedienciones o, incluso, asentamientos fenicios, otros especialistas en navegación que se adentraron en el Atlántico desde el VIII a C. en busca de materiales como el estaño y que, como los romanos luego, partían de colonias en la Península como la de Cádiz hacia el noroeste y la costa africana, donde fundaron enclaves como Lixus (Marruecos) y seguramente bajando a Canarias.

Entre otras cosas, y según remarca Carmen del Arco, la excavación en Lobos ya ha descartado que los huesos de animales fueran de cabaña propia del islote, dadas las características vegetales del lugar, por lo que tuvieron que ser traídos por mar desde lejos o de otras islas. En este sentido, la catedrática subraya las aportaciones interdisciplinares que este tipo de trabajos siempre suelen acarrear y la gran colaboración con expertos en distintos campos.

RECREAR LOS HÁBITOS DE VIDA EN EL ISLOTE

La cerámica descubierta por la pareja de turistas se encontró debajo de una duna de la playa de La Concha. Al comprobarse que no seguía las características de los restos aborígenes, se precipitó una investigación que, en poco tiempo, se fue extendiendo hasta unos 520 metros cuadrados, donde se ha ido sacando a la luz el taller. Se confirmó así que Canarias ejercía seguramente como límite del Imperio romano en el Atlántico central y oriental. Poco a poco, parte de las piezas halladas se fueron exhibiendo en el museo de Fuerteventura, en Betancuria, aunque la idea pasa por difundirlas en gran parte en el propio islote.

Hasta ahora, y a las órdenes también del director del museo majorero, Isidoro Hernández, se excava en dos áreas: la del taller (del que se han ido descubriendo diversos muros de dependencias), junto a un pequeño cono volcánico, y una más cercana al mar, hacia el suroeste, más vinculada a la pesca y frutos marinos. La idea consiste en recrear los hábitos de vida de las personas que desarrollaron esta actividad, aunque se seguirá en busca de nuevos tesoros de un descubrimiento que ha supuesto un punto de inflexión sobre la historia de Canarias.

Satisfacción con los resultados y tesis publicadas o en camino

Aunque con prudencia, sin euforias desmedidas y confiada en que puedan darse descubrimientos aún más relevantes, Carmen Del Arco reconoce a DIARIO DE AVISOS su “satisfacción” con los resultados hasta ahora de las dos excavaciones en Lobos. “Estamos muy contentos”, recalca tras repasar los hallazgos que acabarán exhibiéndose en el museo previsto en el islote mientras siga la investigación en el futuro.

Unos resultados que, según recuerda, se tradujeron en una primera tesis doctoral defendida en 2022 en la ULL por José Ramón Cebrián Guimerá, precisamente bajo su dirección, y que llevó por título “Diagnosis del proceso tecnológico de la explotación de la púrpura. Sobre los patrones de fractura de los Muricidae en el taller de Lobos en el contexto del Círculo del Estrecho. Arqueología de análisis y experimental”.

Además, se desarrollan también otras tesis a raíz de esta investigación, un estudio de la fauna doméstica del taller a cargo de Celia Siverio Batista y otra sobre la cerámica común de Lobos, obra de Elia Garrido Chacón. Se trata de dos de las integrantes del equipo de excavación y del análisis del hallazgo en el islote, aparte de cursar su doctorado en la Universidad de Granada. En este caso, y aparte de Carmen del Arco, también codirige las tesis Isabel Fernández García, catedrática de Arqueología en Granada. Tres tesis que prueban la relevancia del descubrimiento y que, en función de lo que ocurra desde ahora, seguro que se enriquecerán con otras.