Los temblores registrados estos últimos días en Tenerife suponen “un paso más allá” en la actividad volcánica de la Isla, pero la probabilidad de una erupción a corto o medio plazo sigue siendo baja.
Así lo expuso ayer el director del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en Canarias, Itahiza Domínguez, tras la segunda reunión mantenida por el comité asesor del Pevolca (Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias). El primer encuentro tuvo lugar el 10 de febrero para analizar el aumento de la actividad detectada desde principios de mes.
En tan solo una semana, se han monitorizado tres enjambres sísmicos. El último de ellos, de hecho, seguía vigente durante la mesa científica de ayer. Se trata de un lapsus de tiempo corto e inusual entre uno y otro. “Desde 2016 solíamos tener uno cada varios años”, señala Domínguez.
Además de estas secuencias con muchos temblores en poco tiempo -el 18 de febrero se registraron 1.400 pequeños terremotos-, los expertos vienen observando desde el 7 de febrero un aumento de lo que denominan “actividad de baja frecuencia”: señales sísmicas que suelen asociarse a la resonancia de fluidos como magma o gases.
Ninguno de estos movimientos, ocurridos en la zona oeste de Las Cañadas del Teide y entre 8 y 10 km de profundidad, tiene la intensidad suficiente para ser percibido por la población. De hecho, esta baja magnitud es una de las claves que explican por qué la situación actual no es alarmante. “Para prever una erupción a corto o medio plazo, esperaríamos ver señales distintas: terremotos de mayor magnitud o movimiento hacia la superficie, que todavía no vemos”, tranquiliza el director del IGN.
Son anomalías que obligan a mantenerse atentos, pero que por el momento no implican motivo de preocupación. “Es una fase nueva. No sería de extrañar que tengamos más enjambres de este tipo, pero tampoco sorprendería que esto parara”. Un escenario variable que refleja el territorio volcánico en el que nos encontramos, y una incertidumbre científica que nos recuerda, una vez más, que por mucho que intentemos controlarla, la naturaleza sigue su propio ritmo.
Un volcán complejo
Es difícil no establecer un paralelo con la situación de 2021 en La Palma o la de 2011 en El Hierro. Sin embargo, desde el IGN advierten que “no podemos comparar siempre con lo vivido en el resto de islas porque son sistemas volcánicos distintos”.
A diferencia de otros, el complejo Teide-Pico Viejo cuenta con “una cámara a poca profundidad”, donde el magma se estanca y se vuelve más viscoso, lo que lo hace, en caso de erupción, “más explosivo”. Se trata de un sistema poco habitual y “no hay análogos fáciles para comparar”, por lo que cada señal sismológica debe analizarse cuidadosamente.
Pese a ello, lo que sí se sabe, “según la historia eruptiva de Tenerife, es que una erupción viene precedida de terremotos sentidos por la población, y esos terremotos deberían tener magnitud 2,5 o superior”. Algo que las más de 100 estaciones de vigilancia aún no han registrado.
No hay que olvidar que el monitoreo es más preciso que años atrás, por lo que “estamos viendo cosas que hace 15 años no podíamos ver”. Esto permite explicar, en parte, el aumento de anomalías detectadas, pero no impide a los científicos mantener los ojos en el interior de la Isla. “Si la actividad continúa, seguramente nos volveremos a reunir”, indican desde el Pevolca.
“Aún queda recorrido en educación y cultura volcánica”
El ejemplo habla por sí mismo: “Cuando ocurrió la erupción de El Hierro, algunos pensaban que la Isla iba a explotar”, comenta Itahiza Domínguez (IGN). Pese a vivir sobre volcanes, en Canarias seguimos sabiendo poco sobre su funcionamiento, así como sobre las medidas a tomar en caso de una emergencia eruptiva o sísmica.
En este sentido, las administraciones tratan, sobre todo desde la erupción del volcán de Cumbre Vieja, de mejorar los protocolos de actuación. En septiembre tuvo lugar, por primera vez en España, un simulacro de erupción volcánica en Garachico. Y previsiblemente, entre octubre y noviembre próximos se repetirá este ejercicio en Guía de Isora y Santiago del Teide, eso sí, con menos despliegue.
Con respecto a este ensayo, Domínguez declaró ayer que “es importantísimo, porque luego es lo que llega a la población: la gente puede ver, cuando ocurren estas cosas, qué información se le va a dar, quién se la dará y qué debe hacer en cada momento”. Aunque apuntó que los ejercicios “se deben hacer en tiempos de calma, porque es entonces cuando se practica”.
El objetivo no es otro que preparar a la sociedad para una situación que, en este Archipiélago, puede darse en cualquier momento. Porque si bien “científicamente estamos bastante preparados, aunque siempre se puede mejorar”, y aunque lo ocurrido en La Palma nos hizo estar mejor entrenados, “aún queda recorrido en educación y cultura volcánica para que se entienda bien a qué nos enfrentamos y se eviten alarmismos”.







