El Ayuntamiento de Los Realejos asumirá los daños en los siete vehículos afectados por la caída del drago (Dracaena draco) de San Francisco, ya sea con fondos propios o a través de sus aseguradoras. El alcalde, Adolfo González, manifestó que se ha puesto a disposición de los vecinos y vecinas cuyos vehículos han resultado dañados para iniciar los correspondientes informes con las aseguradoras, y se mantendrá el contacto con las áreas de Servicios Municipales, Medio Ambiente y Desarrollo Rural y la Policía Local para proseguir con la investigación.
El mandatario interrumpió sus vacaciones para acudir hoy al lugar del suceso, donde se ha dejado vallado el parterre en el que se encontraba plantado este arbusto de gran tamaño, incluido dentro del Bien de Interés Cultural (BIC) del Realejo Bajo, para continuar con las inspecciones técnicas del subsuelo por parte de los expertos.
Un día después, la ciudadanía de Canarias sigue lamentándose la pérdida de un bien patrimonial insustituible. “No es una especie vegetal cualquiera sino un símbolo de la flora canaria, del paisaje y la historia del municipio, que ha presidido y soportado el paso de los siglos en este rincón de San Francisco, siendo el emblema identitario de Realejo Bajo”, lamentó González.
El historiador Manuel Jesús Hernández ratifica las palabras del alcalde. “A nivel identitario es muy importante porque está en un punto clave del municipio, en un altozano de Santa Lucía, porque se construyó el convento donde había una antigua ermita dedicada a la santa y allí debió plantarse este ejemplar, citado por muchos viajeros que pasaron por allí en el siglo XIX”. Respecto a la primera referencia gráfica que se tiene del drago, González apunta que se encuentra entre los años 1885 y 1888 “y ya tenía su porte”. Es un plano de Los Realejos donde se ven las principales construcciones religiosas y los centros poblacionales en el que, teniendo en cuenta la construcción de los edificios, “creemos que deben ser de mediados del siglo XVIII y ya se ve un punto verde al lado del entonces convento de Santo Lucía”, expone.
Hernández recalca que la ubicación del ejemplar, “en un perfil del barranco de Godínez hacía que se luciera más todavía”. A ello se suma la relevancia que tenía como patrimonio cultural asociado porque la gente mayor de la zona iba a recoger su sangre para calentarla y usarla como esmalte de uñas.
Ayer por la mañana, técnicos de Sanidad Vegetal del Gobierno de Canarias, del Jardín Botánico y del Parque del Drago, así como del Centro Ambiental La Tahonilla, dependiente del Cabildo de Tenerife, se desplazaron a la zona junto a la técnica agrónoma municipal, Tesi Hernández, y la encargada del servicio municipal de Jardinería, Mercedes González, para realizar las primeras inspecciones visuales, intercambiar impresiones, y tomar muestras para un análisis más exhaustivo que, con el informe pertinente, pueda determinar las causas de este desafortunado incidente.






