Vuelvo con el rescate de los cuatro astronautas de la misión Artemis en el Océano Pacífico. Sólo cuando dos técnicos de la NASA dieron varias vueltas a la nave con sus contadores de radiactividad se permitió el acceso a los rescatadores. Los controles ofrecieron resultado negativo y fue entonces cuando se acercaron los hombres-rana para asegurar la cápsula mediante balsas neumáticas. Ya se habían desplegado unos globos enormes en la parte alta del módulo para evitar que se sumergiera, aunque la verdad es que se mantiene a flote perfectamente por sus propios medios. Los paracaídas habían hecho su trabajo y el amerizaje fue suave. El mar estaba aceptablemente echado. Una rueda de prensa posterior con técnicos de la NASA (los directores del programa Artemis y el jefe de la misión) explicó cualquier detalle, sin eludir preguntas. La conclusión es que los astronautas traen a la Tierra una visión total de la cara oculta de la Luna, allí donde decían algunos que existían bases extraterrestres. No vieron ninguna. Ahora se analizarán esas imágenes, a la búsqueda de lo más importante para el futuro: el agua. Los escépticos, los de la Tierra plana y todos los idiotas del universo están callados. En América, este hito histórico se ha vivido con emoción y con respeto por la ciencia. En España, yo creo que más de la mitad de los españoles no se han enterado. Este país nuestro ha entrado en una vorágine de ignorancia muy preocupante. Repito (a lo que dije en el artículo de ayer) que las imágenes que ofreció la NASA TV fueron cinematográficas y que ahora están en la historia de la era espacial. Nos encontramos, sin duda, en un tiempo nuevo, mientras aquí en la Tierra siguen bombardeándose unos a otros. Qué bonito es soñar con otros mundos, aunque no seamos capaces de arreglar el nuestro.
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