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El Museo de las Ilusiones cierra sus puertas en Santa Cruz

El espacio interactivo abrió en 2024 en el emblemático edificio que albergó la fábrica de tabacos La Lucha a principios del siglo XX

Santa Cruz pierde un nuevo referente cultural. El Museo de las Ilusiones, que fue inaugurado en agosto de 2024 en el emblemático edificio que fue sede de la gran fábrica de tabacos y cigarrillos La Lucha a principios del siglo XX, se prepara para decir adiós a la capital. El próximo mayo, este espacio interactivo, que ocupa una superficie de 700 m2 donde se exhiben invenciones científicas, misteriosas obras de arte y acertijos clásicos, cierra sus puertas definitivamente en el corazón de Santa Cruz para trasladarse a Costa Adeje, según ha confirmado a DIARIO DE AVISOS la propia franquicia.

Ubicado en la calle El Pilar, esquina Suárez Guerra, los propietarios del Museo de las Ilusiones capitalino realizaron hace dos años un gran desembolso económico para reformar los bajos de este histórico inmueble chicharrero, transformándolo en un recinto de fantasía y experimentación destinado a todos los públicos.

Una labor de restauración, en la que se logró, además, recuperar muchas partes originales de la antigua fábrica y de la tienda de tabacos que la acompañaba, como trozos del suelo, de paredes, barandillas y algunas cornisas.

Pese a que se presentó como una gran apuesta cultural para la ciudad, este novedoso recinto museístico apostó por ubicarse en un enclave repleto de historia, en los bajos de un edificio que, anteriormente también ocuparon negocios como el anexo de la extinta Galerías Preciados. Apenas dos años después de su apertura, el local se quedará vacío, dejando a Santa Cruz huérfana de un espacio que, pese a su carácter privado, se erigía como un lugar de encuentro para residentes y turistas.

El edificio que acogió La Lucha es una de las joyas arquitectónicas de la ciudad. A principios del siglo XX, el emigrante tinerfeño Manuel López Luis regresó desde Cuba a la isla con una pequeña fortuna, fruto de su trabajo en el sector del tabaco del país caribeño. Con ese dinero, decidió abrir una gran fábrica de manufacturación y de venta de cigarros en Santa Cruz, para lo cual se construyó en 1924 una majestuosa infraestructura, siguiendo el proyecto del arquitecto Domingo Pisaca, que cuatro años después abriría como industria tabaquera.

El inmueble, en el que se encontraba la fábrica y nueve viviendas, en las que aún hoy continúan residiendo propietarios, era muy representativo para la época, pues debía tener una función emblemática-comercial, dada la competencia existente entre los distintos tabaqueros de la ciudad, según relata el cronista de la ciudad, José Manuel Ledesma.

Además, como el hábito de fumar se identificaba con un placer enraizado en el Islam, el dueño contrató artesanos marroquíes para que le decoraran su despacho, recubriéndolo con una decoración arabesca, compuesta de líneas entrelazadas que formaban estrellas o polígonos, dibujos vegetales, etc. Un aposento que aún se conserva en el alto del inmueble.

En la fachada, el arquitecto, siguiendo el estilo ecléctico, añadió elementos ornamentales en los pináculos y copones que la remataban, así como balaustradas y detalles de forja. En el chaflán sobresalía un estilizado pabellón a la francesa, con una amplia logia sobre la azotea del edificio. El conjunto se remataba con una cornisa con parapeto con copones decorativos.

La fábrica disponía de una planta baja, donde estaban instaladas las máquinas, de manera que el entresuelo lo conformaba una ancha galería, donde las empleadas hacían la manufacturación, llegando a producir entre 50.000 y 80.000 cigarrillos a la hora. Asimismo, en la esquina del edificio se encontraba una pequeña tienda para la venta al público, atraído no solo por la calidad del tabaco sino por la colección de cromos que llevaban los paquetes, ilustrados con fotos de Benítez y con coplas de folias realizadas por Diego Crosa.
La empresa logró la medalla de oro en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929 por sus cigarrillos Súper Lucha y Ben Hur, aparte de sus exquisitos Habana y Extra-Habana, pero en 1962 cerró sus puertas para ser reubicada en las afueras de la capital hasta su clausura definitiva.

El edificio La Lucha, uno de los inmuebles más bonitos de la ciudad, posee unos valores históricos que le hacen merecedor de su catalogación como patrimonio industrial, por lo que se encuentra incluido en el Catálogo de Protección de Bienes Culturales de Santa Cruz, en grado de protección ambiental, que se encuentra en fase inicial por el Ayuntamiento capitalino. Esta salvaguarda confiere a la infraestructura la protección de su volumen, alturas, cubiertas, fachadas, muros o espacios no edificados, reflejando así, el interés histórico-industrial del mismo.

No obstante, como este documento se encuentra aún en fase de consulta pública hasta su aprobación definitiva, la Gerencia de Urbanismo ha acordado la suspensión automática del otorgamiento de licencias para obras o cualquier otra actividad a realizar en los bienes incluidos en el Catálogo hasta que concluya la redacción final tras las alegaciones recibidas. Una paralización burocrática que se prevé dure, como mínimo, dos años.

La Lucha se quedará sin su Museo de Ilusiones, pero seguirá siendo una de las joyas arquitectónicas del patrimonio industrial capitalino junto a otros edificios que, en su día, también albergaron fábricas de tabaco como La Victoria, La Tinerfeña, El Águila Tinerfeña y La Belleza. Inmuebles que aún siguen en pie.

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