cultura

TEA selecciona a Lucía Dorta Abad y Oumaima Manchit Laroussi para Matadero Madrid

Una colaboración entre instituciones posibilita que la comisaria y la creadora desarrollen sus proyectos en el Centro de Residencias Artísticas de la capital del 14 de abril al 10 de julio
Lucía Dorta Abad y Oumaima Manchit Laroussi. / DA

TEA Tenerife Espacio de las Artes ha seleccionado a la comisaria Lucía Dorta Abad (Los Silos, 1998) y a la artista Oumaima Manchit Laroussi (Boujdour, 2001) para ocupar las dos plazas de residencia en el Centro de Residencias Artísticas de Matadero Madrid. Esta iniciativa, en colaboración con Madrid Destino Cultura Turismo y Negocio, se desarrollará del 14 de abril al 10 de julio, ofreciendo un entorno de trabajo profesional, creativo y de acompañamiento institucional.

Tras el cierre de la convocatoria en febrero, el jurado ha designado a las beneficiarias de las dos modalidades previstas: una residencia de comisariado y una artística. Con esta iniciativa, TEA “refuerza su compromiso con el apoyo a la creación contemporánea, el impulso a la movilidad de artistas y profesionales de la cultura y el establecimiento de redes de colaboración entre Canarias y otros contextos artísticos nacionales”.

Durante su estancia, Lucía Dorta Abad y Oumaima Manchit Laroussi contarán con acceso a espacios de trabajo, zonas comunes y asesoramiento profesional. Sus proyectos formarán parte de las jornadas de puertas abiertas de Matadero Madrid, previstas los días 12 y 13 de junio, donde mostrarán públicamente sus procesos de trabajo. Cada residente cuenta con una dotación de 7.500 euros, además de la cobertura de sus traslados.

Lucía Dorta Abad ha sido seleccionada para la residencia de comisariado con el proyecto Cuentos de fantasmas para antes de dormir, una investigación colectiva, junto a Oumaima Manchit Laroussi, Narelys Hernández y Sofía Martín Digiuni, que toma diferentes cuerpos y formas de materializarse.

A Oumaima Manchit Laroussi se le otorga la residencia artística por un proyecto de investigación en el que se sitúa en el presente para explorar la autoficción como un dispositivo que permite habitar el duelo de cuerpos marcados por la herencia oral del territorio norafricano.

Diversas figuras han sido moldeadas por relatos coloniales que exotizan, demonizan o patologizan cuerpos femeninos, racializades o marginales. Estos relatos no solo describen la realidad: la producen, reconstruyen socialmente la vida de quienes son señaladas, convirtiendo una mujer en amenaza o transformando el dolor en monstruo, legitimando el aislamiento bajo la apariencia de tradición.

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