Tenerife vivió ayer una jornada para la historia con la visita de León XIV, un pontífice que no solo demostró su labor misionera ante la crisis migratoria que sufren las Islas, sino que acompañó su viaje de multitud de gestos y complicidad para con un pueblo emocionado y entregado.
Momentos irrepetibles que quedarán grabados en la memoria y en el corazón de una Isla con alma y por lo que el obispo, Eloy Santiago, aseguró que “el papa es uno de los nuestros, es canario, y en estas Islas tendrá siempre su casa”.
Miles de personas, incluso llegadas desde otras partes del Archipiélago y del mundo, acompañaron a su santidad en un ajetreado periplo de misas, encuentros con migrantes y entidades, y recorridos en papamóvil por La Laguna y Santa Cruz. Una isla en la que León XIV concluyó su viaje apostólico a España que ya ha quedado para siempre en el recuerdo.
Bebés que volaban sobre la multitud para ser bendecidos, balcones en los que llovían flores, pancartas y cánticos con mensajes de agradecimiento al papa, decenas de regalos institucionales y, hasta el avión papal que se averió en Los Rodeos y retrasó unas dos horas su partida a Roma, fueron algunos de los instantes que dejó una visita aderezada, además, con música, silbos gomeros y chácaras.







