El puerto de Santa Cruz de Tenerife acogió ayer al mediodía la eucaristía de despedida de la visita a España del papa León XIV, en un marco histórico presidido por el Cristo de La Laguna y la Virgen de Candelaria, y cargado de simbolismo al lado del Atlántico para recordar la belleza del océano y la dureza de la ruta migratoria atlántica. Al fondo, tres cayucos sobre el muelle recordaron durante toda la celebración a las miles de personas que han llegado a Canarias atravesando una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo.
Durante su homilía, León XIV dio las gracias a los tinerfeños “por lo que son y por lo que hacen, convirtiendo a esta isla en un lugar donde encontrar el corazón de Cristo en el rostro amigo y hospitalario de personas y comunidades fraternas”.

“Me alegra celebrar con ustedes la eucaristía, dando gracias por la fe y la caridad de las que he recibido tantos testimonios en este viaje apostólico y que hacen también a este Archipiélago, tan conocido por su belleza y su acogida, un lugar donde el Señor Resucitado nos precede y se manifiesta”, añadió.
“¡Abran a todos este mar de amor! Es mi deseo y mi oración para ustedes y para todos aquellos que encuentren en su camino”, enfatizó ante las 35.000 personas que se congregaban en el recinto portuario.
León XIV recordó unas palabras de su antecesor, el papa Francisco: “Muchas personas experimentan un profundo desequilibrio que las mueve a hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas, en una prisa constante que a su vez las lleva a atropellar todo lo que tienen a su alrededor. Esto tiene un impacto en el modo cómo se trata al ambiente”.

“Son palabras -continuó- que interpelan también la vocación turística de Tenerife, sea respecto al corazón del que decide pasar aquí un período de vacaciones, sea para el que vive y trabaja en la Isla, en contacto con visitantes de tantos países del mundo. ¿Qué busca el corazón humano? ¿Cómo responder a su sed de manera no engañosa? Qué importante es, especialmente para quien se deja orientar por el Evangelio, no reducir todo a comercio y beneficio”.
La celebración eucarística transcurrió en un ambiente de oración, alegría y emoción compartida, acompañada de un coro integrado por diversas formaciones corales, por la Banda insular y el organista Juan Luis Bardón.
Las ofrendas fueron realizadas por una familia, desde la Delegación de Nueva Evangelización; una herreña y un gomero vestidos con el traje típico de sus islas, portando el vino; una tinerfeña y un palmero, también ataviados con sus trajes típicos, portando otro copón, y la madre Irma Cecilia, llegada de Colombia, superiora general de las Hermanas Betlemitas, congregación que recoge el carisma del Santo Hermano Pedro, junto con el hermano Wilmer Estuardo, de la orden Betlemita masculina.

Destacar también que a los pies de la Virgen de Candelaria se ubicaron dos relicarios con las reliquias del cuerpo de los dos grandes santos canarios: el Hermano Pedro y el Padre Anchieta.
Como apunte, el mantel del altar fue confeccionado por las monjas del monasterio de Santa Clara, en La Laguna, quienes a su vez hicieron las casi 40.000 formas que se repartieron para la comunión de los fieles. Además, el arreglo floral se encargó a un equipo de floristería de la parroquia de La Concepción del Realejo Bajo, destacando una flor muy identificativa de Canarias, la strelitzia.
Cerca del final de la celebración, el obispo de la Diócesis Nivariense, Eloy Santiago, agradeció “de corazón” esta primera visita de un papa a la Isla y afirmó que “quedará grabado en el corazón de cada uno de nosotros”.

En su discurso, el obispo recordó al santo José de Anchieta, “cuyos caminos le llevaron a anunciar el evangelio en Brasil”; así como la figura de San Pedro de San José de Betancur, conocido popularmente como el Hermano Pedro y el primer santo canario, “nacido en esta Isla hace justo 400 años”.
Eloy Santiago le indicó al papa que “se ha ganado el cariño del noble pueblo gomero, herreño, palmero y tinerfeño”. “El papa es uno de los nuestros, así lo sentimos y recordaremos Santidad. El papa León XIV también es canario y en estas Islas tendrá siempre su casa”, enfatizó.
Al finalizar la eucaristía, el papa impartió la bendición final y dio las gracias “a todo el pueblo de Tenerife”, “a Dios y a todos los que me han acogido y que de mil maneras han colaborado”. “Regreso a Roma conmovido por el gran afecto con el que me han recibido, y reconfortado por los testimonios de fe y amor a la Iglesia, expresiones del gran corazón católico de España”, afirmó.
“Desde este puerto, mi pensamiento se extiende al mundo entero y a sus heridas, que hacen sufrir a pueblos enteros. A todos quisiera repetirles el lema del viaje: ¡Alzad la mirada!”, enfatizó León XIV.







