El Círculo de Bellas Artes de Tenerife presentó este jueves la octava propuesta expositiva en el espacio La ventana, en su sede del número 43 en en la calle del Castillo de la capital tinerfeña. La intervención, que podrá contemplarse hasta el 4 de julio, se titula La mala hierba también tiene sed y es obra del artista Marco Alom.
La iniciativa, como ocurrió con las siete propuestas precedentes, se integra en el programa de la celebración del centenario del Círculo de Bellas Artes de Tenerife (1925-2025) y ha sido concebida y comisariada por Octavio Zaya, presente en el acto inaugural junto con Marco Alom y el presidente del Círculo de Bellas Artes de Tenerife, Pepe Valladares.
Sobre la instalación La mala hierba también tiene sed, el propio autor señala que “Bertold Brecht (1898-1956), en su poema Regar el jardín, recomendaba ser generoso con el agua, y regar incluso aquellas malas hierbas poco estéticas, pero que también tenían sed, y merecían ser regadas. El poeta se identificaba con una de esas hierbas mientras huía constantemente de la barbarie de la guerra mundial”.
En La mala hierba también tiene sed, dice Marco Alom, “nos encontramos con una pieza que se erige como un estandarte, un pendón para todos los vencidos y marginados, para los heterodoxos y desahuciados, para los poetas que no son publicados y los artistas desechados; aquellos que a pesar de todo siguen presentes, aunque sean invisibilizados. Una bandera que no termina de anclarse en ningún suelo porque carece de tierra, pero cuya punta de lanza se convierte en un punto de localización que sigue indicando que están presentes”.
Dentro de la trayectoria de Marco Alom (Tenerife, 1986), esta obra supone, según él mismo escribe, una deriva desde sus anteriores trabajos con papel gofrado ‑papel cuyas texturas y formas se obtienen mediante presión‑ hacia propuestas más escultóricas e instalativas.
La pieza surge como resultado de un mes de convivencia y conversaciones en Saint Louis, Senegal, junto a artistas como Carlos Nicanor, Pamen Pereira o Che Marchessi. Tomando como punto de partida el relato del barco Méduse y su dramático final (1816), ocurrido a pocas millas del lugar donde convivían, emerge aquí la figura del náufrago: “aquel a quien la suerte abandona, pero que continúa luchando por alcanzar tierra firme”.





