visita del papa

La ‘papamanía’ desborda el fervor en las calles de La Laguna

Varios miles de personas emocionadas quieren estar cerca de León XIV; su paso quedará grabado en el corazón del pueblo tinerfeño
La ‘papamanía’ desborda el fervor en las calles de La Laguna
La ‘papamanía’ desborda el fervor en las calles de La Laguna. | Fran Pallero

El casco histórico de San Cristóbal de La Laguna recobró ayer su profunda historia, tradición y herencia religiosa para salir a la calle a aclamar la histórica presencia de León XIV, el primer papa que visita la Isla.

Desde antes de las 7.00 horas las calles de la ciudad eran un hervidero de personas, algunas de camino hacia la magna eucaristía en el puerto de Santa Cruz, pero la mayoría para intentar llegar al mejor lugar posible para poder ver de cerca al pontífice a su paso por las calles Viana y San Agustín.

La plaza del Cristo de La Laguna comenzaba a llenarse de representantes de las entidades comprometidas con la acogida y la integración de personas migrantes en el Archipiélago, tanto de la iglesia como laicas, así como otros grupos eclesiales. Muchos migrantes de diversas nacionalidades mostraban su emoción por poder participar en este encuentro en el que se visibilizó la realidad migratoria y los esfuerzos por la integración de estos individuos en nuestra sociedad. Tienden una mano amiga, ofrecen esperanza y oportunidades de integración socioeconómica, dejando atrás la vulnerabilidad.

Miles de personas esperaron con ilusión el paso del Papa León XIV.
Miles de personas esperaron con ilusión el paso del Papa León XIV. | Fran Pallero

Un crisol de culturas y nacionalidades copaban los asientos en el magno recinto lagunero, una diversidad de personas y procedencias de múltiples países de Latinoamérica, países de África, Europeos o de otras latitudes como Filipinas, que forman parte activa, de las diferentes comunidades parroquiales, y que se han convertido en la savia nueva para las comunidades que los acogen, construyendo puentes con su integración.

El tañir de las campanas de los diferentes templos de La Laguna informaron sobre la llegada del papa León XIV a Tenerife. Con su sonido rápido, continuo y festivo mostraban la alegría y gloria de la comunidad cristiana por la histórica presencia de un papa en la diócesis nivariense. Cada vez más personas se acercaban a las inmediaciones de la Plaza del Cristo, venían de diferentes puntos de la ciudad, de otros municipios vecinos, así como muchos visitantes sorprendidos por la llegada del Santo Padre, pero lamentaban que no podían acceder al recinto. Tampoco había pantallas gigantes en el exterior para seguir el acto y apenas se podía escuchar los testimonios.

El retraso en la agenda de actos se acumulaba, pero también crecía la emoción de muchas personas por ser testigos de un momento histórico y único en su vida. Con los accesos a la Plaza del Cristo y las calles Viana y San Agustín cerrados, la multitud se agolpó en las calles aledañas donde saldría la comitiva papal hacia Santa Cruz.

Usuarios de la Casa de acogida de los Betlemitas.
Usuarios de la Casa de acogida de los Betlemitas. | Fran Pallero

La finalización del acto del Cristo significó el inicio del baño de masas de Robert Francis Prevost por las calles de La Laguna y Tenerife. Aquellas que pudo recorrer en su viaje anterior a la Isla, como el prior general de los agustinos, de manera anónima.

Tras saludar a algunos asistentes en las primeras filas, coger en brazos y bendecir a varios niños, niñas y bebés, comenzó un recorrido que recordó a la entrada de Jesús a Jerusalén, cambiando el burrito por carrito eléctrico adaptado para esta histórica ocasión.

Al inicio de la calle Viana el papa puso reconfortar a muchos colectivos vulnerables. A su paso pudo bendecir a los residentes del Asilo del Santísimo Cristo de La Laguna, regentado por las Hermanitas de los Ancianos desamparados y con casi 130 años de asistencia y vocación de servicio a la población de avanzada edad, así como grupos de entre veinte y treinta usuarios, cuidadores y trabajadores de los hogares de los Franciscanos de la Cruz Blanca, de los distintos recursos de las Hermanas Hospitalarias de Tenerife Acamán, de la Casa de acogida de los Hermanos Betlemitas, del Hogar Santa Rita, así como de otros centros y residencias de personas vulnerables. En este recorrido ha bendecido a varios bebés y ha saludado de manera cercana a las Clarisas.

Uno de los centenares de voluntarios en la entrada de la plaza del Cristo.
Uno de los centenares de voluntarios en la entrada de la plaza del Cristo. | Fran Pallero

La entrada en la calle San Agustín desbordó el júbilo entre los miles de asistentes emocionados, personas de múltiples nacionalidades, con sus respectivas banderas, y entre gritos de alegría, vivas y vítores. También durante el trayecto entre Viana y San Agustín se pudieron oír a tres silbadores gomeros: “Qué corra la voz, que ya viene el papa, alcemos la mirada”.

A su llegada al palacio episcopal el Pontífice se acercó a algunos afortunados. No dudó en salir al balcón para saludar, dirigir unas palabras y repartir la bendición papal. En esas horas, los creyentes en las calles del casco de La Laguna compartían su hermandad en la fe, mientras aquellos menos practicantes y seguidores de otras creencias también eran testigos y observaban con expectación un acontecimiento histórico: la presencia del sucesor del apóstol San Pedro en una ciudad donde las iglesias, conventos, ermitas y capillas se multiplican por doquier.

“Somos hermanos: algunos peruanos, colombianos, de Tenerife…”

El papa León XIV agradeció la acogida que Tenerife da a todos los migrantes porque “todos queremos ser acogidos con la dignidad humana que Dios ha dado cuando nos ha creado”. Dio “gracias a Dios” por la vida y la capacidad de amar y ser amado. Sorprendido por las personas, de muy diversas nacionalidades, que abarrotaron las calles afirmó desde el balcón del Obispado: “Todos somos hermanos y hermanas: algunos peruanos, algunos colombianos, algunos venezolanos, algunos de Tenerife… somos todos una sola familia”.

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