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María Oruña: “En ‘La Cámara de las Maravillas’ he explorado la oscuridad que se oculta tras la belleza”

La escritora gallega, autora de la serie literaria 'Los Libros del Puerto Escondido', acaba de presentar en Tenerife, en la Librería El Barco de Papel, su nueva obra, una novela de misterio en torno al mundo del coleccionismo de arte
La escritora María Oruña (Vigo, 1976). / DA

María Oruña (Vigo, 1976) acaba de publicar La Cámara de las Maravillas (Plaza & Janés), una novela de misterio, donde no faltan “el crimen imposible y el robo inexplicable”, que está ambientada en el mundo del arte. La autora de la serie literaria Los Libros del Puerto Escondido y de las novelas históricas El bosque de los cuatro vientos (2020) y El Albatros Negro (2025) presentó el pasado miércoles su nueva obra, con un lleno absoluto, en la Librería El Barco de Papel, en El Sauzal.

-El arte y el crimen confluyen en ‘La Cámara de las Maravillas’, su nueva novela. ¿Qué posibilidades literarias le ha brindado adentrarse en un ámbito que asociamos con la belleza para crear una trama criminal?
“Quizás eso sea lo más inquietante de todo, que detrás de la belleza podemos encontrar oscuridad. Este aspecto me interesó mucho: mi intención fue mostrar qué se puede ocultar tras la belleza, y para ello recurrí a distintos puntos de vista”.

“Busco maridar lo que es real y lo que no de forma que el lector no lo perciba, pues ya está metido en la historia que narro”

-Una familia de coleccionistas, un ladrón de guante blanco, los investigadores… Al comenzar a escribir esta historia, ¿los personajes estaban supeditados a la trama y fueron ganando en profundidad o se hallaban muy definidos desde un principio?
“Todo estaba muy definido desde el principio. De hecho, los personajes simbolizan un determinado aspecto de la escala social y de la cultural. En el caso, por ejemplo, de la policía de Homicidios, la subinspectora Mencía Rivera, representa a todas aquellas personas profanas en el mundo del arte, que incluso pueden llegar a despreciarlo. El inspector de Patrimonio, Marc Bru, alude a quienes lo aman y son los más soñadores en la búsqueda de la armonía visual, de la belleza. El ladrón de guante blanco, Dimas Chevalier, es alguien que escala en la pirámide social… Luego tenemos la élite, la familia coleccionista. Todos personifican algo”.

-‘La Cámara de las Maravillas’ le permite abordar el mundo del mercado negro del arte. ¿Cómo de complejo ha sido el trabajo de documentación?
“Me ha facilitado mucho las cosas la Brigada de Patrimonio Histórico, en Madrid, a quienes visité. Lo que quizás me ha sorprendido más mientras me documentaba ha sido conocer cómo las mafias incluso utilizan obras de arte como garantía en sus operaciones. O también la increíble cantidad de dinero que se mueve alrededor del mundo”.

“Comienzo a escribir cada novela a partir de un chispazo, pero nunca sé cuándo eso va a ocurrir ni de dónde va a proceder”

-¿Y de qué manera se imbrica todo ese material en la ficción para lograr un equilibrio entre lo que es real y lo que no?
“Justo ahí está la gracia del asunto: crear un arranque de trama que sea potente, presentar desde el comienzo un crimen imposible, con un robo inexplicable y, de forma paulatina, ir hilvanando todas esas cuestiones con datos, ubicaciones, profesiones reales, cuadros extrañísimos que sin embargo existen… Se trata de maridarlo todo de forma que el lector apenas lo perciba porque ya se encuentra dentro de la historia”.

-Galicia, Cantabria, ahora Madrid… ¿Qué importancia concede a los escenarios en los que se desarrollan sus historias?
“El escenario siempre tiene que estar al servicio de la trama. En este caso, me he trasladado a un ámbito urbano y a Madrid porque, si quería contar la historia de una familia multimillonaria, filántropa y que mercadea constantemente en el mundo del arte en el ámbito internacional, necesitaba que viviese en un lugar de Europa muy céntrico en ese sentido. Quizás más lógico hubiese sido escoger París, pero como quería escribir una novela ambientada en España, Madrid se adaptaba a mis necesidades narrativas”.

Portada de la novela. / DA

-¿Cuál suele ser el punto de partida de un nuevo relato? ¿Una imagen, lecturas previas, una idea muy vaga que casi no sabe de dónde procede…?
“Siempre se da un chispazo, pero nunca sabes cuándo eso va a ocurrir o de dónde va a proceder. Puede originarse a partir de una simple conversación o de un pequeño viaje sobre el que no tenía mayores expectativas que hacer una escapada. En esta ocasión, la culpa de La Cámara de las Maravillas la tiene mi anterior novela, El Albatros Negro (Plaza & Janés, 2025). No tiene nada que ver, es histórica, de aventuras, de arqueología subacuática…, pero mientras me documentaba descubrí la existencia de la Brigada de Patrimonio Histórico dentro de la Policía Nacional. En esa novela aparece de forma muy parcial y quise investigar más. Abordar el mundo del arte en relación a esta brigada me pareció interesante. A partir de ahí, de forma automática, mi cabeza se dirigió hacia un ladrón de guante blanco. Era algo que yo no había hecho antes y también quería hacer un homenaje a novelas de comienzos del siglo XX con personajes como Arsène Lupin, de Maurice Leblanc, o Fantômas [Marcel Allain y Pierre Souvestre], pero sin las trampillas que hacen para resolver las tramas. Me planteé si era capaz de hacer algo así, pero contemporáneo”.

“Abordar una serie como ‘Puerto Escondido’ me permitió crearles, a lo largo de las seis novelas, una vida propia a los investigadores”

-Es autora de la serie ‘Los Libros del Puerto Escondido’. ¿Es muy diferente trabajar en un proyecto como ese, en el que cuenta con ciertas coordenadas, aunque en cada ocasión aborde diferentes misterios y subgéneros, a comenzar a escribir una novela partiendo desde cero?
“Es otro tipo de creatividad. En La Cámara de las Maravillas tuve que crear un universo literario desde cero, pero en una serie también se dan complejidades añadidas. A favor están los personajes, que no debes volver a crear, y en contra, que no puedes dibujarlos demasiado en la siguiente novela porque hay lectores que ya los conocen y caerías en lo redundante. Y tampoco puedes mostrar cómo son con cuatro frases, pues hay nuevos lectores. Puerto Escondido me ha permitido crearles una vida propia a los investigadores, pero también está bien acabar la serie con seis libros, porque sus vidas no son planas en ese sentido y ya están contadas”.

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