Con más de 50 libros, centenares de relatos y miles de actividades de cuentacuentos, Pepa Aurora se convirtió con naturalidad en la escritora y narradora oral que hoy es reconocida en foros internacionales, y por supuesto en Canarias, como una figura esencial de nuestras letras. La tradición oral, los cuentos, leyendas, cancioncillas y dichos que desde niña escuchó en su casa y entre los vecinos de Ingenio fueron la semilla necesaria donde esta maestra de escuela de Gran Canaria encontró la herramienta para explicar Canarias a sus alumnos allá por los años 70, cuando en las escuelas estaba excluido todo lo que sonara a canariedad.
Generaciones de niños han aprendido a conocer y amar nuestra cultura, tradiciones, vocablos, flora y fauna… con sus cuentos. Sus libros son material básico en la escuela canaria, donde además ha participado en proyectos pedagógicos. Desde 2019 es miembro honorario de la Academia Canaria de la Lengua. Mañana miércoles, 15 de julio, a partir de las 17.00 horas, recibirá un homenaje en el Salón Europa del Parlamento de Canarias, donde también presentará su nuevo libro, editado por el Centro de la Cultura Popular Canaria (CCPC), Cuenteando con Pepa Aurora.
“Si un cuento puede cambiar a una persona, y una persona, el mundo…, un cuento puede cambiar el mundo”
-¿Qué ha querido transmitir a los jóvenes lectores en su libro ‘Cuenteando con Pepa Aurora’?
“Ahora que las analizo, las veo como pequeñas crónicas de espacios y hechos reales transformados en cuentos. Son como anécdotas o descubrimientos de la idiosincrasia isleña y que los niños desconocen, no porque estén desfasadas, en los libros de texto; pero que forman parte de nuestra manera de ser, de vivir y de estar sin ni siquiera darnos cuenta”.
-¿Qué le inspira a la hora de crear sus cuentos?
“La observación de la naturaleza o la vida misma. A veces la inspiración me viene de los propios niños cuando voy a los colegios: veo su situación y trato de ayudar con mis escrituras”.
-Este nuevo libro cuenta con las ilustraciones de Víctor Jaubert ¿Qué peso tiene el arte visual en la literatura infantil y cómo se plantea la conexión entre autora e ilustrador para sus proyectos?
“Víctor Jaubert ha ilustrado muchos libros míos, tal vez por eso no necesitamos hablar mucho sobre su trabajo. Él interpreta el cuento y lo dibuja con trazos cercanos que gusta mucho a los niños y hace las historias más asequibles. En estos momentos el arte visual es imprescindible en una obra para peques. Por suerte en Canarias hay ilustradores e ilustradoras maravillosos y hacen magníficos trabajos. Ellos son grandes artistas y tienen libertad para interpretar el texto. Te podría nombrar a los últimos con los que he trabajado: Nareme Melián, Clara B., Gervasio A. Cabrera…”.
-Siempre ha buceado en nuestra historia y cultura popular (tradiciones, refranero, coplas, vocabulario propio, flora, fauna,…) para integrarlas en su obra. ¿Cómo logra despertar el interés de los niños de hoy por elementos que podrían parecerles ‘lejanos’ o ‘antiguos’?
“Nunca olvido que soy narradora oral y presento las historias para ser leídas y contadas, y cuando las cuento en los colegios trato de ser los más clara y cercana posible. Trato de estar plenamente informada y cuando surgen preguntas entrelazo las historias con otras sucedidas a su alrededor y les dejo los interrogantes de querer leer más para saber… La oralidad es la propia vida”.
“El arte visual es esencial en una obra para peques; en Canarias tenemos ilustradores maravillosos”
-Su literatura rescata lo local, pero también abraza lo universal: usted es capaz de adaptar desde el folclore isleño hasta el Ulises de Homero.
“La mayoría de mis cuentos son para niños de primaria y para esas edades no existe el localismo, todo lo que aprenden es universal. Ellos son parte del universo y cuanto más aprendan sobre su entorno y sobre sí mismos, más universales serán y más conocerán y comprenderán a cualquier otro ser del mundo”.
-Además de una prolífica escritora, es una narradora oral de gran prestigio. ¿Qué magia aporta la comunicación oral a un texto escrito?
“Solo narro mis historias y me las sé con pelos y señales. Les hablo con sinceridad, sin artificios, poniendo énfasis en algunos espacios que deseo destacar, y ellos me comprenden. Después los hago participar con sus preguntas y la mayoría quieren saber más historias como esa o el nombre de los libros donde están escritas”.
-¿Cómo han cambiado los niños en estas décadas? ¿Qué diferencias nota entre aquellos que le escuchaban hace 40 años y los que le siguen hoy en día?
“Están más dispersos. Han perdido el hábito de escuchar en silencio. Quizás hay menos atención a las personas… Pero en cuanto comienzas a contarles y a intercambiar ideas, vuelven a ser los niños de siempre”.
-Vivimos en la era de las pantallas y el consumo digital rápido. ¿Ha tenido que modificar su forma de comunicar para captar la atención de las nuevas generaciones?
“Sí, ahora debo interactuar más con ellos antes de comenzar a contar. Debo saber qué les interesa, qué les gusta”.
-¿Son los niños un público difícil? ¿Cuál es el secreto para conectar con ellos?
“En eso sigo a Tagore. Él decía: ‘Yo no creo que deba volver infantiles las cosas que cuento a los niños: yo les hablo y ellos me comprenden”.
-Los padres y madres le admiran y le quieren tanto como los propios niños. ¿Cómo se logra traspasar esa barrera generacional y ganarse también a los adultos?
“No lo sé, siempre me he llevado bien con los padres, tal vez, como dice Tagore, ellos también me comprendan y saben que adoro a sus hijos; y que ellos y yo nos encontramos muy a gusto jugando con las palabras”.
-Mirando atrás, ¿quiénes o qué experiencias marcaron y definieron su propia trayectoria?
“Fue un poema encadenado de Juan Ramón Jiménez que le escribí en la pizarra a mis alumnos el primer día de clase. Me pareció una falta de respeto hacia ellos intentar despertar su amor a la naturaleza a través de una flora y una fauna de la que nunca habían oído hablar. Entonces pensé: ‘¿Por qué no comenzar hablándoles de la flora y fauna que tienen delante o de la belleza que tienen a su alrededor?’. Y como no había ningún escritor que lo hubiera recogido (salvo Pedro García Cabrera, que tenía cosas) comencé a escribirlo yo. Y así comenzó todo…”.
-No hay muchos escritores para niños en Canarias. ¿Cuál es el misterio de escribir para la infancia?
“Sí, no hay muchos. Creo que el misterio está en lo que cuentes: que sea interesante, dentro de los intereses de su edad, que despierte su curiosidad, que estés en la moda del momento… Y que tenga una ternura y un vocabulario a su alcance… ¡Que no es tan fácil! Sin embargo, creo que hay escritores para adultos que podrían hacerlo muy bien, pero piensan que no serán valorados o que no van a tener éxito y lo dejan. A veces leo un cuento o una novela y encuentro ese atractivo infantil y pienso: ‘Si rebajara un tono, les encantaría a los de quinto y sexto”.
-¿Qué siente cuando hoy en día un adulto de 50 años le para por la calle para agradecerle los cuentos que le contaba cuando era un niño?
“Me pasa a menudo. Después de mi enfermedad, cuando alguno me saluda con ese cariño del recuerdo y me pregunta sorprendido que cómo estoy, me alegro mucho más que antes, y le contesto: ‘¡Viva, mi niño! ¡Viva!”.
-Cuéntenos una anécdota con los niños que le haya marcado especialmente.
“Hace poco, paseando por el muelle de Arguineguín, sentí que me llamaban desde un barco de pesca. Era un hombre mayor con barba, que me gritaba: ‘Pepa Aurora, Pepa Aurora… ¿Qué, ya no te acuerdas de mí? Soy fulanito, tu alumno preferido… Espera a que atraque…’. Me saludó con un cariño inmenso y allí, en el barco, preparó un atún rojo, metió los cuatro lomos en una bolsa y me ayudó a llevarla hasta el coche. Nos despedimos con abrazos cariñosos y nuestros mejores y agradecidos deseos. Todavía tengo atún exquisito en la nevera”.
-Su labor va más allá de la escritura, es una activista de la palabra y la cultura. ¿Qué valores aportan los cuentos a la formación de un ser humano?
“Decía Schiller: ‘Hay más honda significación en los cuentos de nuestra infancia que en la verdad que la vida enseña’. El cuento forma la personalidad, nos ayuda a caminar en épocas difíciles y a buscar nuevas salidas, pero sobre todo, a ser más tolerantes y universales”.
-Una pregunta pueril… ¿Un cuento puede cambiar el mundo…?
“La premisa es fácil: si un cuento puede cambiar a una persona, y una persona puede cambiar el mundo… Un cuento puede cambiar el mundo… Para comprobarlo, escuchemos el cuento que nos están contando algunos políticos universales para cambiar el mundo a su imagen y semejanza…”.
-Vamos a soñar. ¿Qué Canarias le gustaría contarle a los niños del siglo XXII?
“Había una vez un país de muchos colores…”.





