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Un epistolario sentimental, creativo, político e histórico

La editorial Renacimiento y TEA publican el volumen ‘Cartas de Óscar Domínguez a Marcelle Ferry’, un reflejo de la exposición que puede verse en el centro de arte de Santa Cruz de Tenerife
En la imagen, el artista tinerfeño Óscar Domínguez (1906-1957) y la escritora francesa Marcelle Ferry (1904-1985). / DA

El sello editorial Renacimiento acaba de publicar en su serie Biblioteca de la Memoria el libro Cartas de Óscar Domínguez a Marcelle Ferry. La edición de este epistolario junto a TEA Tenerife Espacio de las Artes, que se acompaña del poemario L’île d’un jour (1938), de la escritora surrealista francesa (1904-1985), es a su vez un reflejo de la exposición que puede visitarse en el centro de arte contemporáneo de la capital tinerfeña hasta el 18 de octubre [Óscar Domínguez. Cartas a Marcelle Ferry].

“El amor es el leitmotiv más importante en la obra de Óscar Domínguez (1906-1957), el elemento reconciliador de todas las contradicciones y escisiones posibles”, escribe Isidro Hernández, conservador de la Colección TEA, comisario de la muestra y a cargo de la edición y la introducción del volumen, que ha contado además con las traducciones de Emma Hernández Navarro y Marie-Christine del Castillo-Valero.

Portada del volumen. / DA

EL IMAGINARIO

Pero con ser un aspecto esencial en la vida y en el arte del artista tinerfeño, hay otros ejes, otras directrices, “que inciden en el imaginario de Domínguez de forma obsesiva” y se revelan también en el epistolario, explica Hernández en una charla con DIARIO DE AVISOS. “Una suerte de escritura automática, una tendencia natural hacia lo espontáneo, lo irracional; la metáfora y la metamorfosis como mecanismos para trastocar las cuestiones más obvias de la realidad; el impulso de juego, muy presente en su escritura y en su producción artística, la antítesis y los recursos de oposición como herramientas de tensión y conciliación…”.

La relación sentimental entre Óscar Domínguez y Marcelle Ferry se desarrolla entre finales de 1935 y 1938. En la escritura de las misivas a su amante, el artista “muestra un tono desenfrenado y una extraordinaria capacidad lírica de inventiva, en sintonía con la temperatura iconográfica de su obra pictórica -expone Isidro Hernández-, en esos años plagada de sorprendentes desbordamientos y llamativas imágenes; es el hallazgo de un lenguaje, el surrealismo, de caudal informe y abundante en imágenes que trasciende cualquier limitación creativa”. Las cartas, detalla, ilustran la breve duración de la historia amorosa, “si bien llama la atención el hecho de que Marcelle Ferry las guardara y conservara en tan buen estado durante tanto tiempo”.

La mayoría de las cartas que se recogen abarcan el periodo comprendido entre el 13 de enero de 1936 y el 18 de agosto de 1938. / DA

LA COLECCIÓN

Las misivas que figuran en el libro abarcan sobre todo el periodo que va desde el 13 de enero de 1936 al 16 de agosto de 1938, aunque también se han incluido algunas posteriores. Se trata de 34 cartas conservadas inicialmente por la nieta de la escritora. El lote principal lo subastó en 2008 la casa parisina Binoche & Giguello. Diez años más tarde fueron adquiridas a una colección particular por TEA Tenerife Espacio de las Artes. A ellas se unen otras misivas, fuera de ese lote inicial, que aparecen en diversos libros en los que Óscar Domínguez colaboró como ilustrador.

“Reunir este volumen de cartas, prácticamente la totalidad de las que Domínguez envió a Ferry, de una sola vez y en tan buen estado, es un milagro”, subraya Hernández durante la conversación con este periódico. “En casos similares, lo habitual es adquirir unas pocas en una subasta, quizás otras en una librería de viejo…”.

Pero además, como resalta el comisario de la exposición y autor del texto introductorio del volumen, esas cartas son importantes no solo por la cuestión amorosa, sino también por otros aspectos que ponen en evidencia.

En mayo de 1936, Domínguez toma en el puerto francés de Calais un barco que le llevará a las Islas. Aquí participa en la Exposición de Arte Contemporáneo, que organizaron en junio Gaceta de Arte y el grupo ADLAN en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife. El artista mostró sus pinturas Tengo razón, Mariposas perdidas en la montaña, Máquina de coser electrosexual, Recuerdo de mi isla, Cueva de guanches y Le sac à main, así como cuatro dibujos y siete objetos surrealistas.

LA POLÍTICA

“Se ha dicho que Domínguez era un ser apolítico, ajeno a toda dialéctica. Sin embargo, en una de sus cartas, enviada el 18 de mayo, le cuenta a Marcelle Ferry que ha participado en actividades políticas de ataque y violencia, en alusión a la toma del Obispado, en el lagunero Palacio Salazar, y el Seminario, en la calle Santo Domingo, junto a un grupo de jóvenes que reclamaban su uso como centros educativos. Pese al alboroto inicial, es un acto sin mayores consecuencia, ingenuo en cierto sentido, pero sobre el que él fabula y exagera, sobre todo para seducir a su amada, al tiempo que nos informa sobre sus convicciones políticas”, señala Hernández.

A esos componentes sentimentales, creativos y políticos que concurren en el epistolario, muy relacionado con este último, Isidro Hernández menciona el histórico. Óscar Domínguez tenía previsto regresar a Francia el 19 de julio. Pero un día antes se produce la sublevación de las tropas franquistas y el intento de golpe de Estado que desencadenaría la Guerra Civil.

Cuadros de Gloria y Víctor, sobrinos del artista, los últimos que realizaría en Tenerife. / DA

GLORIA Y VÍCTOR

El artista decide ocultarse en la casa de su hermana Julia, en Puerto de la Cruz, donde permanece varios meses. Desde ahí escribe varias cartas a Marcelle Ferry y a su amigo Marcel Jean, en las que expresa su desesperación por el encierro, así como por la situación política que se está viviendo. Y es también allí donde el artista realiza sus últimas pinturas en Tenerife. Los retratos de sus sobrinos Gloria -que sigue residiendo en la ciudad turística del norte de Tenerife y ha cumplido 100 años en 2026- y Víctor.

“Son pinturas que trazan una línea inusual en su obra”, manifiesta Isidro Hernández. “Podemos vincularlas a la nueva objetividad, a esa especie de realismo mágico del que habla Franz Roh; que en Europa podemos relacionar con Otto Dix; en España, con Mariano de Cossío, y en Canarias, con Carlos Chevilly, por ejemplo”. “En esas dos obras -argumenta- no hay un surrealismo exacerbado, uno reconoce a los personajes, a Gloria y a Víctor, pero sí que hay una gran extrañeza: los cuerpos son como muñecos, hay una petrificación de las figuras… Son de una calidad notable”.

Además de la vertiente amorosa, las misivas reflejan aspectos de la creatividad, el momento histórico que vivió y el pensamiento político del artista. / DA

EL ENCIERRO

“También resulta curioso que retratase a sus dos sobrinos en interiores, porque podía haberlos pintado en el patio de la vivienda. Sin embargo, están en una habitación, con lo cual reproducen esa misma sensación de aislamiento, de encierro, de la que habla Domínguez en sus cartas”, añade. Un misterio por revelar, del que incluso se ha fabulado, “son los últimos pasos de Óscar Domínguez en Tenerife y cómo logra salir, cuando otros amigos suyos, como Domingo López Torres, corrieron una suerte distinta”.

Muchos años después de su relación, el 28 de diciembre de 1957, tres días antes de suicidarse, Domínguez envió una última carta a Ferry

Como se ha apuntado, la dimensión creativa de Domínguez se despliega en sus misivas a Marcelle Ferry. “Cuando regresa a París -comenta Hernández- hay varias cartas en las que habla, por ejemplo, de Le grisou. Le lion-la fenêtre (1936), el libro de decalcomanías que hizo con Marcel Jean, y del objeto Mesa-piano, que realiza en 1937 y da cuenta Jean en su libro Histoire de la peinture surréaliste”.

‘Le dimanche o Rut marin’ (1935). / DA

El libro funciona también como catálogo de la exposición que alberga TEA: “Reproducimos obras que dedica a Marcelle Ferry, como Le dimanche o Rut marin (1935), una de las más importantes de la Colección Óscar Domínguez del Cabildo de Tenerife, pero también están los retratos de sus sobrinos, que nos ha cedido la familia de forma generosa; Los sifones (1938) y varias decalcomanías de 1936”.

Mucho tiempo después de su relación amorosa, el 28 de diciembre de 1957, tres días antes de suicidarse, Domínguez escribió una última carta a Ferry. Una breve nota, escrita a pocos metros de la casa de la escritora, en la que la cita en el bar La Rhumerie, ubicado en el Boulevard Saint-Germain, con el deseo de volver a verla y despedirse.

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