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Víctor Ruiz: “Al abordar la narrativa no abandono el territorio de la poesía, al contrario: eso me brinda la oportunidad de ampliarlo”

El escritor tinerfeño ha ganado el Premio Benito Pérez Armas, que convoca la Fundación CajaCanarias, con la novela 'Nudo'
Víctor Ruiz
El escritor Víctor Ruiz (Tenerife, 1971). / DA

El escritor tinerfeño Víctor Ruiz ha publicado Nudo, la novela con la que ganó el Premio Benito Pérez Armas 2025 de la Fundación CajaCanarias. Con una trayectoria literaria vinculada sobre todo a la poesía, con títulos como Luminarias, Urnas de la vigilia y Viaje hacia los signos, en 2022 se adentró en la narrativa con el libro de relatos Lugar. De cualquier modo, como explica en esta conversación, no entiende la creación literaria como un ejercicio condicionado por los géneros, sino como un espacio de exploración del lenguaje, y de riesgo, siempre en busca de los límites.

-‘Nudo’ es definida como “un espacio y una experiencia de la extrañeza”, “un relato, pero también una inmersión en el lenguaje como territorio inestable”. ¿De qué manera ese extrañamiento y esa inconsistencia configuran su novela?
“Esta obra anhela situarse en una grieta entre la certidumbre y la incertidumbre, entre lo vivo y lo muerto, entre lo que aparentemente no existe y lo que existe… Y al habitar esa grieta se genera la extrañeza, un territorio intermedio, un espacio que en ocasiones no percibimos…, entre los ceros y los unos…”.

-Desde el mismo título, su relato alude a una trama en la que confluyen diferentes hilos narrativos. ¿Cómo ha sido este ejercicio en el que uno supone una voluntad de distanciarse de lo lineal y de lo explícito?
“Me acerco a la narrativa desde la poesía, por eso esta novela tiende a ser una no novela. Aspira a dar la misma importancia al lenguaje que al argumento. Equipara esos dos polos. Tenemos una novela, un argumento, unos personajes, pero el lenguaje es tan protagonista como esos otros elementos. Comencé a escribir desde esa consciencia del lenguaje e intenté avanzar en el territorio de la incertidumbre. Y ahí textos en apariencia dispares comienzan a conectarse, a integrarse en la obra. Hay un hilo principal, pero luego existen otros que se van acercando a medida que avanza la trama. Esto configura una novela que debe completar el lector de alguna forma. Él tiene una importancia vital como creador de significado”.

“Mi novela ‘Nudo’ es una grieta entre lo vivo y lo muerto, la certeza y la incertidumbre, lo que en apariencia no existe y lo que sí”

-Y si le planteo un ejercicio de síntesis, ¿cuál diría que es el argumento de ‘Nudo’?
“No es sencillo exponerlo, porque el argumento no es tan relevante. De cualquier modo, podría explicarse, como escribo en la sinopsis, diciendo que hay alguien supuestamente vivo que guía a alguien supuestamente extraviado hacia un supuesto destino. Esta trama, que quizás pudiera parecer convencional, a lo largo de la novela se intenta desconfigurar, desmontar, con el principal objetivo de que el lector no posea ninguna certeza. Todo el tiempo debe calzarse sus propios zapatos y transitar por ese camino de la extrañeza para darle significado a la experiencia del lenguaje. El argumento que acabo de enunciar está siempre condicionado por la interpretación de quien lee la novela. Aunque se podría considerar como un relato de tono distópico, en realidad no termina de asentarse en un territorio claro y definido, en un género, en un estilo concreto. Siempre hay pequeños giros que obligan a desmontar certidumbres”.

-La creación de una obra literaria es el fruto de un trabajo en soledad que luego se busca compartir con el mayor número de personas posible. ¿Qué sentimientos experimentó tras ganar el Premio de Novela Benito Pérez Armas 2025 de CajaCanarias?
“De entrada, para mí es muy relevante que este mismo galardón lo hayan recibido nombres tan importantes como Alfonso García-Ramos o Félix Francisco Casanova. Este premio supone una oportunidad de visibilidad. La obra se gesta en solitario y aspira a generar una resonancia en los demás, con esa complicidad de los lectores que entienden la literatura como una experiencia. Un premio como este permite llegar a ellos. Por otra parte, creo que todo el mundo puede acceder a esta novela, haciéndolo, además, por distintas vías. No considero que Nudo sea una obra difícil, complicada. Es, simplemente, un texto que se presta a ser interpretado por su lenguaje metafórico y por la manera en la que se ha construido, en la que convergen esos diferentes hilos narrativos. La oportunidad de ser publicada por la Fundación CajaCanarias sirve para que la obra llegue a las manos de un lector, de una lectora, que esté predispuesto a esa aventura que se le propone”.

“En la lógica consumista de hoy se diluye la dimensión trascendental de la cultura y del arte, por eso uno intenta escapar de ella”

-La poesía ocupa un lugar central en su trayectoria. ¿Cómo impregna ahora su prosa?
“De una manera clave. Cada vez que construyes una frase, persigues un ritmo, la metáfora está presente de un modo constante en ese lenguaje y, sobre todo, en lo que tiene que ver con la concepción de la obra como un artefacto del lenguaje. Es decir, no se trata tanto de generar una historia como de que esa historia esté plegada a las palabras, a esa forma de desarrollar el texto. Ahí la poesía ocupa un lugar fundamental: el de la exploración del lenguaje. Es como una inmersión que se produce cada vez que uno pretende crear. Para mí es inevitable que ese aliento poético aparezca en cualquier situación”.

-Visto desde otro lado, en 2022 publicó su primer libro de relatos, ‘Lugar’. ¿El ejercicio de la narrativa en estos últimos años es fruto de la búsqueda de otras posibilidades, de la necesidad de contar algo que se escapa a las fórmulas de un poema…?
“Hay que explorar la libertad creativa y situarse al margen de los géneros. Lo importante es explorar y no conformarse. La clave en la creación es intentar llegar hasta los límites. No quedarse en la fórmula encorsetada de un poema que quizás te ha dado cierto éxito o de una narrativa que a lo mejor ha generado un público. Si me defino de alguna manera, porque no sé si soy realmente un escritor, diría que soy una persona a la que le gusta asumir ciertos riesgos en el lenguaje. Por tanto, considero que cuando uno se adentra en la creación debe intentar aportar esa condición de vértigo, de verse ante una aventura. Contemplar la hoja en blanco como una oportunidad para expandir los límites. Por eso no creo que la narrativa suponga abandonar un territorio, sino, más bien, una oportunidad de ampliarlo”.

“El lector tiene una importancia vital en mi obra como creador de significado; debe ser quien complete la novela”

-¿Cuál suele ser el punto de partida de una nueva obra?
“Siempre hay ideas que vienen de la realidad y me traspasan. Y esas ideas, ya sean experiencias de la vida cotidiana, de arte, de música, de literatura…, permanecen. Llega entonces el momento en el que uno, con una voluntad determinada, quiere ir hacia el papel en blanco, avanzar en ese territorio, y las ideas van convergiendo. Todo va apareciendo de una forma natural. Lo importante es estar predispuesto a ser traspasado por esa realidad. Para mí es esencial que cuando llega el argumento, la idea que crees que puedes desarrollar o, simplemente, como ha sido mi caso, ves que se puede extender, te dejes llevar por la intuición de querer recorrer ese territorio”.

-Probablemente, todos los tiempos son convulsos, pero si nos situamos en el presente, ¿cómo concibe el ejercicio de la literatura, de la actividad cultural, en una época en la que se la limita y se la cuestiona?
“La literatura siempre ha estado presente en mi vida, pero nunca ha estado en ningún escaparate. Por tanto, con esta aparición a raíz del premio lo único que intento es contribuir a aportar una visión diferente a la lógica del entretenimiento que la sociedad busca en tantas ocasiones. Efectivamente, la sociedad está atravesando un momento muy convulso. Además de confluir inercias reaccionarias, se dan inercias consumistas. Creo que la cultura se está plegando al sistema económico, al del consumo. Y la dimensión trascendental que aporta el arte, la literatura, la música… se pierde, se diluye, para convertir toda obra en un producto de consumo. Uno intenta que eso no sea así: escapar de esa lógica y proponer una grieta desde la que se puedan ver las cosas de un modo diferente, alejado del maniqueísmo al que nos conducen esas fuerzas del pensamiento preestablecido. En definitiva, mi única aportación a este panorama desolador es procurar abrir esa grieta para mostrar que hay mucha vida y muchos hilos que explorar. En ese sentido, Nudo es una obra que construye un mundo con sus propias leyes, pero que, en todo caso, son las leyes de nuestra realidad. Es decir, estamos todos unidos, conectados. Existimos en realidades que no podemos separar, no podemos distanciar el yo del otro. Sí, esta obra tiene una resonancia con respecto a la situación actual del mundo”.

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