Una coalición de gobierno es como una caja de bombones: no sabes cuál está envenenado hasta que lo pruebas. Tradicionalmente, cada vez que se acerca el final de la legislatura en Canarias surgen tensiones entre los aliados que suelen acabar en ruptura para marcar distancias.
No parece que en esta ocasión se imponga la costumbre, pero lo cierto es que en los últimos meses han aflorado las diferencias, matices, entre los dos socios principales del cuatripartito (CC y PP) e incluso la bisagra de ASG ha chirriado por falta de lubricación (más bien, para llamar la atención).
La financiación autonómica y el tira y afloja sobre la inmigración irregular (con la dirección nacional del Partido Popular) han estirado la cuerda sin llegar amenazar la cordialidad entre Fernando Clavijo y Manuel Domínguez. Con tanto chocolate, se montó el cacao.
Las grandes cadenas hoteleras de la región gestionan su aprovisionamiento a través de una “central de compras única”. Y ahí interviene el viceconsejero Gabriel Megías para beneficiar presuntamente a los proveedores locales (familiares, por así decirlo), a los que defiende con el escudo del AIEM (arbitrio a la importación). ¿Chocolatinas de descortesía?







