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Raquel Lojendio: “Aunque me gane la vida cantando, no renuncio a la literatura: es otra de las vías que necesito para expresarme”

La soprano tinerfeña, que en 2022 debutó como escritora con la novela 'Bajo la piel del gecko', publica el poemario 'Invertebrada'
La artista canaria Raquel Lojendio. / Danimantis

En Raquel Lojendio (Santa Cruz de Tenerife, 1972) confluyen múltiples inquietudes artísticas. La del canto es la que se ha revelado con mayor frecuencia ante el público, pero la soprano tinerfeña también es bailarina, compositora, ilustradora, docente… Y escritora. En 2022 realizó su debut literario con la novela Bajo la piel del gecko y ahora acaba de publicar Invertebrada, un poemario en el que traza un amplio recorrido emocional por una etapa de su vida.

Fragmentos de una experiencia en la que Canarias, la isla, las islas, siempre está sobre el escenario, ya sea con un rol protagonista, ya sea como horizonte más o menos cercano. De todo ello habla en esta entrevista con DIARIO DE AVISOS, donde tampoco falta -no podía faltar- la vivencia de la música.

-Si existe un hilo conductor en las páginas de ‘Invertebrada’, ¿cuál diría que es?
“En Invertebrada escribo acerca de lo que me ha ido aconteciendo en la vida desde mi infancia hasta el tiempo que pasé en Madrid; ahora resido en Valencia. Se trata de todo ese periodo de la infancia, de la juventud, de tener que vivir fuera de mi tierra… De hecho, en uno de los poemas escribo que yo no soy de cemento, para reflejar, de algún modo, cómo nos sentimientos los canarios al estar lejos de las Islas”.

-¿De qué manera surge la escritura poética? ¿Cómo ha sido el proceso de creación?
“De una forma casi instintiva. Básicamente, escribo poesía desde que aprendí a escribir. Y, claro, al principio era una poesía muy infantil, de niña, salía de aquella manera, incluso cursilona, pero seguí avanzando. Pasados los años, llegó el momento en el que me planteé realizar una publicación de poemas, aunque finalmente se convirtió en una novela, Bajo la piel del gecko. Y ahora me propuse por qué no llevar a cabo esa idea que tenía en un principio y publicar un volumen que reuniese muchos años de escritura. Un poemario que está muy inspirado en mi tierra. Aparece La Palma, la isla de mis abuelos, de mi padre; sale La Laguna, donde estuve un tiempo, aunque yo soy de Santa Cruz de Tenerife; el periodo que pasé en Londres, los años vividos en Madrid… Aunque todo está teñido siempre de las Islas y de mi sentir como canaria”.

“A mis alumnos les digo que sean ellos mismos, que no falseen nada, porque eso se nota mucho luego sobre el escenario”

-¿Existe en este caso una disciplina de trabajo o más bien la literatura va apareciendo casi de forma espontánea?
“La novela comencé a escribirla y luego llegó la pandemia del coronavirus, que en ese sentido me vino bien para terminarla. Ahí sí que tenía un horario de trabajo: mis cuatro horas por la mañana, mis tres por la tarde… Sin embargo, el poemario es otra cosa… Es una especie de recopilación de muchos textos escritos durante años. La escritura de poesía, al menos en mi caso, no tiene que ver tanto con los horarios que te impongas como en la narrativa, donde resultan fundamentales. Ahí picas piedra y te absorbe mucho tiempo cada día. El poema está relacionado con sentimientos que te salen al paso, que te sorprenden”.

Portada del volumen. / DA

-En 2022 publicó ‘Bajo la piel del gecko’, su debut literario en forma de novela. ¿Hay mucha distancia entre su lenguaje poético y el narrativo o, al fin y al cabo, no dejan de ser dos caminos que se cruzan para una misma voluntad de expresión?
“Son dos caminos diferentes, pero, mientras escribía la novela, me di cuenta de que mi afinidad por la poesía se reflejaba claramente en la narración. En Bajo la piel del gecko, además de diálogos, de narración…, hay momentos que en realidad son poemas en cuatro párrafos. De manera que se trata de dos ámbitos distintos, pero sí que es cierto que en la novela procuro, no todo el rato, porque sería insoportable [ríe], crear momentos poéticos. Con eso busco alejarme de una escritura que traslade siempre, poco más o menos, el lenguaje hablado, y darle en cambio un vuelo simbólico”.

-Cantante, compositora, bailarina, escritora, ilustradora… ¿Cómo conviven en usted todas estas vertientes artísticas?
“Han convivido durante toda mi vida de manera bastante regular. Me costó mucho decidir qué carrera estudiar porque siempre me ha gustado hacer muchas cosas. He llegado a sentirme desplazada. No como ser humano, sino en el sentido de no saber muy bien cuál era mi sitio. Pero con el tiempo, según te vas haciendo amiga de ti misma, también te sientes cada vez más afín a esa especie de personaje bipolar renacentista [ríe]. Decidí que me iba a ganar la vida cantando, porque así me iba bien, pero sin renunciar a las otras facetas artísticas. Necesito siempre buscar otros medios para comunicarme. Como digo, con los años, poco a poco, me siento más cómoda al desarrollar todas estas inquietudes”.

“En mi caso, la escritura poética se desarrolla a partir de sentimientos que me salen al paso, que me sorprenden”

-¿Y le resulta complejo reservar un espacio para desarrollar cada una de ellas?
“El tiempo es el que es. Me gustaría pintar más, tener más tiempo para la escritura…, pero, por ejemplo, ahora preparo Las bodas de Fígaro [Wolfgang Amadeus Mozart, 1786] y estoy todo el día estudiando… Llegué a preguntarme qué es lo que realmente hago bien de todas esas cosas que me encantan. No obstante, la madurez me ha llevado a no plantearme esa cuestión. No necesito ser la mejor cantante, la mejor escritora… Me gusta el ballet y he tenido la suerte de que me pidiesen bailar, ponerme las puntas, en varias representaciones… Pues mira, lo he aprovechado. En el caso de la escritura, a lo mejor no me han dado ningún premio, pero escribo, publico, las dos primeras ediciones de Bajo la piel del gecko se vendieron enteras… Me voy adaptando, sin exigirme continuamente grandes metas”.

-Otra de las facetas que ejerce es la educativa. ¿Cuál es la principal enseñanza que intenta trasladar a sus alumnos y, a su vez, qué aprende de ellos?
“De ellos aprendo muchísimo. Sobre todo, porque se trata de gente muy joven. En la Escuela Superior de Música Reina Sofía, a lo mejor el estudiante mayor al que enseño es una alumna de 30 años que ya está haciendo su máster, pero, por lo general, son veinteañeros. Aparte de la académica, está la vertiente social, la personal, porque también vienen con sus problemas, con sus circunstancias. De manera que, en medio de la enseñanza que imparto, descubro cosas que luego pongo en práctica conmigo misma. Yo les enseño técnica, técnica y técnica, porque es lo más importante para afrontar cualquier problema que se les presente. Y sobre todo incido mucho en que sean ellos mismos, que no intenten falsear nada porque eso luego se nota mucho sobre el escenario. Querer ser lo que no son… Querer cantar con la voz que no tienen… Deben estudiar mucho, trabajar mucho y ser fieles a lo que son. También es esencial que sean conscientes de la importancia de la palabra, que por otro lado, está muy relacionado con lo que hemos hablado acerca de la escritura. No solo se trata de cantar bonito, sino también de darle a cada palabra el valor que posee. No puedes cantar igual belleza que locura o que tragedia. Todo eso tienes que modularlo. Creo que ese es mi punto fuerte como profesora. Intentar que los alumnos, cuando canten, puedan transmitir diferentes emociones a partir de cada palabra”.

“Pese a que escriba de los periodos que pasé en Londres y en Madrid, las Islas siempre están presentes en este libro”

-Y transmitir esa verdad no se aprende pronto, sino a lo largo de toda una carrera.
“Cierto, pero si desde muy jóvenes se les transmite la idea de que en el escenario no merece la pena mentir, porque el resultado final no va a ser bueno, de forma paulatina van siendo más fieles a quienes realmente son. Que de eso se trata”.

-En las Islas, este año se la ha podido escuchar, por ejemplo, en el Festival de Música de Canarias. ¿En qué nuevos proyectos musicales trabaja?
“De lo que puedo contar, está Las bodas de Fígaro, en Madrid, en el Teatro Real [con dirección musical de Stefano Montanari y escénica a cargo de Robert Carsen, se escenificará del 10 al 27 de noviembre], donde interpretaré a Marcellina, un papel que me apetece mucho hacer. Es muy divertido y tiene un dúo maravilloso con Susanna [que interpretarán las sopranos Sara Blanch y Giulia Semenzato]. También hay otro rol que me gusta mucho: con la Sinfónica de Galicia haré el principal de La vida breve, de Manuel de Falla, en versión de concierto [4 y 5 de diciembre, en el Palacio de la Ópera de A Coruña, con José Trigueros al frente de la orquesta y Javier Fajardo, de su coro], que ya interpreté en enero en el Festival de Música de Canarias con la Orquesta y Coro de RTVE”.

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