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Francisco Aznar: “La memoria que no se trasmite se apaga en una generación”

Aznar es presidente de la Fundación del CICOP y de los actos del Tricentenario de Montevideo
Francisco Aznar: "La memoria que no se trasmite se apaga en una generación"

El currículo del catedrático de Metodología y Didáctica de las Bellas Artes de la Universidad de La Laguna (ULL), Francisco Aznar Vallejo (Santa Cruz, 1951), es muy amplio, no cabría aquí. Tengo que resumir muchísimo. Ha sido vicerrector y rector en funciones de la Universidad de La Laguna (ULL), viceconsejero de Relaciones Institucionales del Gobierno de Canarias, viceconsejero de Acción Exterior del Gobierno regional, es presidente de la Fundación del CICOP (Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio), ha sido observador en procesos electorales celebrados fuera de España, director de varios másteres internacionales, autor de numerosos libros sobre temas muy diversos relacionados con el arte y el patrimonio, director de 18 tesis doctorales e investigador principal de importantes proyectos y está condecorado con la Orden de Francisco de Miranda de Venezuela (primera clase), con la Orden del Libertador (grado de oficial) de ese país, con el Gran Sol de Carabobo, con la Medalla del Instituto de Estudios Colombinos de España y es embajador cultural y turístico del Uruguay. Ha sido el mejor diplomático en la historia de las relaciones de Canarias con el exterior y su trabajo se ha dejado notar en sus contactos frecuentes, que se mantienen, con dignatarios de todo el mundo. Ahora trabaja en los actos del Tricentenario de la Fundación de Montevideo, por parte de canarios, un acontecimiento que el mundo no debería pasar por alto por lo que significó para la historia. La Fundación del CICOP organiza y colabora con el Gobierno de Canarias en un programa de celebraciones culturales y docentes. Con un calendario de actividades muy amplio destinado a la juventud canaria y uruguaya.


-No hay duda: la historia es preciso abonarla, como la tierra.
“Claro que sí. Mira, una fecha redonda es, en el fondo, una excusa noble. Lo que de verdad se cumple no es un número, sino una pregunta: si una comunidad que cruzó el Atlántico hace 300 años sigue teniendo algo que decirnos o si la dejamos morir en una lápida conmemorativa”.


-¿Cómo debemos interpretar esta fecha de la Navidad de 1726, cuando se fundó la ciudad?
“Prefiero pensar en el Tricentenario como un umbral, no como un cierre. Canarias no fundó Montevideo y se desentendió de la ciudad. Sembró una raíz que sigue viva en apellidos, en instituciones, en una manera de estar en el mundo. Si en 2026 sólo colocamos una placa y organizamos un acto, habremos fracasado. Si, en cambio, activamos programas educativos, vínculos institucionales y proyectos de futuro, entonces la fecha habrá cumplido su función: convertir la memoria en motor”.


-Trescientos años después, ¿cuánto le debemos a Montevideo y cuánto nos debe Montevideo a nosotros?
“Montevideo le debe a Canarias parte de su genealogía fundacional, sí, pero Canarias le debe a Montevideo algo menos evidente, pero más valioso: la prueba viva de que una emigración puede convertirse en civilización compartida y no en pérdida. Cada vez que miramos a Uruguay no vemos una colonia de canarios ausentes; vemos un espejo de lo que Canarias también pudo ser y, en cierto modo, sigue siendo a través de ellos”.


-¿Por qué llevar esta historia a las aulas y por qué en las dos orillas a la vez?
“Porque la memoria que no se trasmite se apaga en una generación”.


-¿Tan drásticamente?
“Un Tricentenario que sólo hablara a los adultos, a quienes ya conocen la historia, estaría predicando a los convencidos”.


-Y han recurrido a la escuela, entonces, a los niños, a las nuevas generaciones.
“Claro, porque la escuela es el único lugar donde ese relato puede echar raíces nuevas, en niños que aún no saben que llevan esa historia dentro. Y si el programa se quedara sólo del lado canario seguiríamos contando una historia de partida, de ausencia, de “los que se fueron”. Por eso insistí en una arquitectura binacional, porque en Uruguay esa misma historia no es de partida sino que es de llegada, de fundación, de legado que sigue produciendo frutos. Contarla desde las dos orillas no es un gesto simétrico por cortesía sino reconocer que se trata de una sola historia con dos protagonistas, no de una historia canaria con un apéndice uruguayo”.


-La eterna pregunta que nos hacemos, Paco: ¿Por qué partieron, por qué llegaron?
“Cambia el verbo y con el verbo cambia el sentido. Preguntar no sólo por qué partieron sino por qué llegaron, qué encontraron, qué construyeron, convierte la emigración de una fuga a una siembra. Y ese tránsito de “huir” a “sembrar” es exactamente lo que quiero que un niño de primaria en Tenerife o en Montevideo entienda, a través de este programa”.


-¿Y cómo se traduce un proyecto cultural en compromiso institucional real y no en una mera declaración de intenciones?
“Un proyecto cultural que no encuentra dónde apoyarse institucionalmente se queda en actuación bien intencionada, es verdad”.


-¿Entonces?
“Por eso hemos trabajado, desde el principio, con la Fundación Canaria de Montevideo como mediadora natural del proceso: es la institución que ya existe, que tiene legitimidad en ambas orillas y que puede convertir un programa educativo en un convenio firmado, en un centro socio confirmado, en una correspondencia real entre alumnos de Canarias y de Uruguay”.


-Y ahí entra la labor del CICOP, que presides.
“Desde el ámbito académico y conceptual, el trabajo que desarrollamos en la Fundación CICOP aporta rigor y estructura, la gobernanza, el calendario de implantación, la protección de datos, el marco pedagógico que evitan que la buena voluntad se disuelva en improvisación. La diferencia entre una declaración de intenciones y un compromiso institucional está, casi siempre, en los detalles que nadie ve en la ceremonia inaugural: quién firma el convenio, quién coordina el calendario entre dos sistemas educativos distintos, quién garantiza que los datos de los menores se protegen, conforme a la ley de cada país. Este trabajo silencioso es, para mí, la verdadera medida de si un proyecto es serio o solo es hermoso”.


(Aunque luego volvamos al papel de Canarias en la historia de las relaciones entre continentes, con Paco Aznar recordamos en Los Limoneros aquella Navidad que pasaron él y su ayudante, Quico Gutiérrez, atendiendo a las familias de los canarios sepultados en la escorrentía de Vargas y consolando y asistiendo a los isleños supervivientes de aquella tragedia. También la visita de Fidel Castro a Tenerife, o su relación con el “Gallego” Fernández, comandante de la Revolución e íntimo de Fidel, fallecido nonagenario, en Cuba. Y de su excelente relación con altas autoridades de países latinoamericanos: presidentes de Argentina, Venezuela y de Uruguay, ministros y altos cargos de naciones europeas y latinoamericanas. Y hasta la anécdota de un rebaño de cabras majoreras que terminó en Cuba, dando leche para los cubanos. Paco insiste en que yo no sea pródigo en el elogio de una persona que ha hecho tanto por Canarias como él).


-¿Qué legado deberían celebrar los canarios y los uruguayos que vivan en 2126?
“Me gustaría sentir que dentro de cien años alguien pudiera decir que todo lo que estamos haciendo no fue el final de una conmemoración, sino el inicio de una nueva generación de vínculos vivos entre Canarias y Uruguay: escuelas hermanadas de verdad, archivos compartidos, memoria familiar reconstruida entre orillas”.


-Todo eso conmueve y agita conciencias, Paco.
“Sí, por eso cuando en el programa educativo hablamos de “Una carta a 2126” no se trata de un ejercicio retórico para niños. Es una manera de obligarnos a los adultos a preguntarnos qué estamos construyendo hoy que merezca ser recibido dentro de un siglo”.


-¿Es este Tricentenario un ensayo de algo más amplio entre las Américas y Canarias?
“Yo creo que sí”.


-¿Por qué?
“Porque este ensayo se convertiría en realidad si Canarias es capaz de sostener con rigor institucional un vínculo atlántico tricentenario con Uruguay. Y si demuestra que tiene la madurez y la infraestructura para asumir un papel de puente permanente no sólo hacia América sino hacia todo el espacio macaronésico y atlántico del que forma parte. Este es el reto, ni más ni menos”.


-Abrirnos al exterior, una vez más.
“Exactamente, porque la vocación de estas islas nuestras no es mirar solamente hacia adentro, hacia el interior del archipiélago. Es entender que su verdadera geografía es el océano, que las conecta con tres continentes”.


-Pues con gente como tú no va a ser muy difícil, amigo.

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