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Un informe advierte de rutas más peligrosas hacia Canarias: algunas travesías rozan los 2.000 kilómetros

El estudio detecta un mayor protagonismo de Gambia, Guinea y Guinea-Bisáu como puntos de salida y propone reforzar la alerta temprana sobre los corredores
Un informe advierte de rutas más peligrosas hacia Canarias: algunas travesías rozan los 2.000 kilómetros
Embarcación con migrantes en aguas del Atlántico. / EP

Las llegadas de migrantes por mar a Canarias han caído un 57,4% en 2026, pero esa reducción no significa necesariamente que haya disminuido en la misma proporción la movilidad hacia el Archipiélago. Un nuevo informe sobre la ruta atlántica detecta un desplazamiento de los puntos de salida hacia países situados más al sur, con travesías que pueden acercarse a los 2.000 kilómetros.

Hasta el 31 de agosto habían llegado a las Islas 5.163 personas en 70 embarcaciones, frente a las 12.126 contabilizadas durante el mismo periodo de 2025. Son 6.963 personas menos, según el balance del Ministerio del Interior.

El descenso es significativo, pero el informe Ruta Atlántica, Sahel y Canarias, elaborado por Islas Responsables Lab (IRLab) y el Instituto Español de Análisis Migratorio (IEAM), advierte de que contabilizar únicamente las llegadas no permite conocer todos los cambios que se están produciendo en la ruta.

El documento plantea que la disminución de desembarcos puede coexistir con una mayor contención de las salidas, desplazamientos hacia nuevos puntos de embarque o trayectos menos visibles.

El propio IEAM resume una de sus principales conclusiones de esta forma: la reducción de las llegadas visibles no implica necesariamente una reducción equivalente de la presión migratoria. El instituto relaciona esta situación con el refuerzo de controles en determinados puntos y la adaptación de las rutas.

Las rutas se desplazan hacia Gambia, Guinea y Guinea-Bisáu

Uno de los cambios identificados es el creciente protagonismo de Gambia, Guinea y Guinea-Bisáu como puntos relacionados con el corredor atlántico.

El informe señala que las restricciones y controles en lugares tradicionalmente utilizados para las salidas, especialmente Senegal y Mauritania, pueden favorecer el desplazamiento de los itinerarios hacia zonas situadas más al sur.

Este cambio tiene una consecuencia directa: las travesías pueden alargarse considerablemente.

Una salida desde Gambia hacia Canarias puede acercarse a los 2.000 kilómetros, según el documento presentado este martes. La mayor distancia supone más jornadas en el océano y una exposición superior a los riesgos asociados a este tipo de travesías.

El fenómeno ya ha sido relacionado con el alargamiento de la ruta atlántica en análisis recientes. La Organización Internacional para las Migraciones ha advertido de que el desplazamiento de determinados puntos de salida hacia el sur puede incrementar la duración y peligrosidad de los viajes.

El informe pide mirar más allá del número de llegadas

El documento propone ampliar los indicadores utilizados para analizar la migración hacia Canarias.

Además del número de personas que desembarcan en las Islas, plantea observar los cambios en los países de origen y tránsito, los puntos de partida, las interceptaciones, los tiempos de espera y la evolución de las redes que organizan o facilitan los desplazamientos.

El informe procede de un taller celebrado en junio en Gran Canaria con participación de representantes institucionales, Policía Nacional, Guardia Civil, organizaciones internacionales, entidades humanitarias, investigadores y especialistas en rutas migratorias y criminalidad organizada.

Entre sus propuestas figura desarrollar un sistema de alerta temprana por corredores migratorios, capaz de identificar cambios en las rutas antes de que estos sean visibles únicamente a través de las llegadas a Canarias.

También plantea aprovechar la posición del Archipiélago como punto de análisis y coordinación entre Europa y África Occidental.

Cómo están cambiando las redes de facilitación

Otra de las conclusiones afecta a las redes que intervienen en los desplazamientos.

Los participantes en el estudio describen una progresiva adaptación de determinados sistemas de facilitación: uso de grupos cerrados de mensajería, pagos por etapas, dinero móvil, compras fragmentadas de combustible o transbordos entre embarcaciones.

El informe precisa que esta evolución no implica necesariamente la existencia de grandes organizaciones jerarquizadas, sino un ecosistema capaz de adaptarse rápidamente a los controles y cambios en las rutas.

Entre las recomendaciones figura mejorar las investigaciones financieras para diferenciar a quienes facilitan determinados tramos de quienes coordinan, financian u obtienen mayores beneficios de las actividades ilícitas.

Cooperación, empleo y vías regulares

El documento no limita sus propuestas al control fronterizo.

Plantea combinar la seguridad y la lucha contra las redes criminales con políticas de cooperación en los países de origen y tránsito, formación, empleo y desarrollo local.

También propone reforzar las vías de movilidad regular y circular, de manera que existan alternativas más previsibles para determinados movimientos entre África Occidental y Europa.

El IEAM defiende en sus conclusiones que las medidas aplicadas en un punto concreto de una ruta pueden provocar efectos en otros territorios, como el desplazamiento de los puntos de salida, el encarecimiento de los viajes o una mayor dependencia de intermediarios.

La principal conclusión del informe es, por tanto, que la evolución de la ruta atlántica no puede medirse únicamente por el número de personas que llegan a Canarias. La caída registrada en 2026 es real y considerable, pero los autores consideran necesario analizar al mismo tiempo dónde se producen las salidas, cuánto duran los trayectos y cómo se están reorganizando los corredores migratorios.

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