El Rincón de Juan Carlos cumplirá el próximo año los 25 años años de su apertura cuando Juan Carlos y Jonathan Padrón fundaron junto a su madre Ina el restaurante. Luego se incorporaron las mujeres de ambos, María José y Raquel, ambas sumilleres y responsables de sala. Un proyecto familiar de canarios que con el paso de los años ha sido capaz de crear un universo gastronómico propio, alejado de las modas, de las imposturas, de los falsos relatos, y, sobre todo con los pies en la tierra y con la mirada siempre puesta en que disfrute el comensal.
A punto de cerrar la jornada El Rincón de Juan Carlos Carlos se van marchando los comensales -la sala estaba repleta- con una amplia sonrisa, sin prisa, y con palabras de agradecimiento hacia todo el equipo por haberles hecho pasar una velada tan estupenda. Platos que superan con creces los reconocimientos recibidos, una selección de vinos sin atender modas (más de 600 referencias, algunas en exclusiva), y una atención en sala con un listón muy alto.
Si El Rincón de Juan Carlos es un proyecto familiar no se circunscribe solamente a los cinco miembros que la componen, sino a todo el equipo, algunos de los cuales llevan años junto a Juan Carlos y Jonathan compartiendo alegrías y otras que no lo son tanto junto a los fogones. “El equipo también es familia”, dicen.
La bienvenida ya anuncia que estás en el mejor restaurante canario. Bocado de nori con pastelera de foie; rulo de quisquilla con mantequilla de soja; lechuga de mar con brandada de bacalao; tartaleta de espinacas a la crema; crujiente de pollo con anguila y chantilly y tartaleta de carne madurada con mostaza. Cada bocado es en sí mismo una experiencia.
Tras la bienvenida llega la primera estación con una sopa de cebolla con flan roto y brioche de queso Flor de Guía; vieira curada; empanadilla de choco y el ya famoso turrón de morcilla canaria con praliné salado de almendra que no pueden retirar de la carta.
La segunda estación: un bogavante, pimiento, ajo blanco; capelletti de hinojo a la crema de hinojo y anchoas; caracola de apio, toffe de apio y piñones; besugo con emulsión de alcaparras; pichón con remolacha y wagyu con champiñones. Cada bocado es una explosión de todos los sentidos en un gran menú: nada sobra y nada falta para el mejor disfrute del comensal.
Las mujeres de esta casa, María José Plasencia y Raquel Navarro, son un punto y seguido de las cocina de ‘El Rincón’ en la sala, rodeadas de un equipo joven que entiende el mensaje de la familia y en la sumillería donde los vinos no atienden a modas, sino que además mantienen botellas exclusivas de algunas bodegas como el champagne Ensò Xavier Leconte o un verdejo, 25 años, de José Pariente. Otros que acompañaron el menú fueron el champagne R.H. Coutier; manzanilla Pastora de Sánlucar de Barrameda; PX de Gran Barquero; blanco Viñátigo de La Guancha criado en ánforas de barro; un chablis gran cru de Domaine William Fèvre, y un Viña Tondonia en este caso Magnum.
Jonathan Padrón, sin duda, uno de los mejores pasteleros
Las cenas en El Rincón de Juan Carlos se caracterizan por esperar las sorpresas de los postres. Aquí se produce un antes y un después en la cena. Cualquier ingrediente que pasa por las manos y el conocimiento de Jonathan Padrón convierte el mundo en una experiencia en sí mismo. No hay postre que haya elaborado en sus casi 25 años de trayectoria que no nos deje asombrados. Todo está equilibrado, elegante, ya en la boca te dan ganas de abrazarlo y darle gracias.
En esta ocasión fue un tomate, pepino y helado de mostaza, parchita y hierbas, todo muy refrescante. Luego un tupinambo con un sabroso helado de mantequilla, para chuparse los dedos y finalmente una delicada milhoja de maíz, crema de mantequilla tostada y ajo negro.
Finalmente, los petit fours acompañados de la tradicional nube de algodón que nos retrotae a la infancia.Yo propongo organizar una semana dedicada a los mejores postres de Jonathan, que seguro que darán mucho que hablar no solo en nuestro país.






