No todo causa enfermedad, pero las palomitas de maíz han sido durante décadas la merienda estrella para acompañar una película o un partido de fútbol desde el sofá. Sin embargo, detrás de su aparente inocencia, existe una enfermedad grave que ha sido relacionada con una de sus presentaciones más populares: las palomitas de microondas.
El caso más conocido es el de Wayne Watson, un hombre de Colorado que en 2012 demandó con éxito a fabricantes y minoristas de palomitas tras ser diagnosticado con bronquiolitis obliterante, conocida popularmente como “pulmón de palomitas”. Esta enfermedad irreversible estrecha y cicatriza las vías respiratorias, provocando tos crónica, falta de aire y sibilancias que no desaparecen con tratamientos convencionales.
Lo llamativo es que la enfermedad no se origina por comer el producto, sino por inhalar los vapores de saborizante artificial que desprenden las bolsas al abrirse, especialmente aquellos elaborados con diacetilo, un compuesto químico que hasta hace poco era habitual en el sector alimentario y que también aparece en algunos líquidos para cigarrillos electrónicos.
Una enfermedad ligada a un hábito cotidiano
Durante diez años, Watson consumió dos bolsas de palomitas de microondas diarias. Según su testimonio, no solo las comía, sino que además inhalaba de forma habitual el vapor de mantequilla artificial que desprendía el envase al abrirlo. Poco después comenzó a desarrollar síntomas respiratorios severos, que derivaron en una enfermedad crónica incapacitante.
Un jurado federal en Denver determinó que la exposición prolongada a los vapores fue el detonante de su condición, y concedió al afectado 7,2 millones de dólares en compensación. El veredicto fue un punto de inflexión que obligó a la industria a revisar la composición de estos productos.

La enfermedad conocida como “pulmón de palomitas” se documentó por primera vez a principios de los años 2000 en trabajadores de fábricas de palomitas de microondas en Misuri. Allí, varios empleados desarrollaron bronquiolitis obliterante tras años de exposición continua al diacetilo. Los estudios demostraron que la inhalación de este compuesto era el factor común en todos los casos.
Las autoridades sanitarias, incluida la OSHA y el NIOSH en Estados Unidos, establecieron directrices para reducir el riesgo de esta enfermedad en entornos laborales. Dichas recomendaciones incluyen ventilación adecuada, confinamiento de vapores y monitoreo de exposición.
La situación no es exclusiva de las palomitas. Investigaciones más recientes, como un estudio de Harvard en 2015, encontraron diacetilo o compuestos similares en líquidos saborizados para vapeo. Aunque el vínculo directo entre el vapeo y la enfermedad aún se debate, la posibilidad de que los usuarios estén inhalando sustancias peligrosas ha generado preocupación en organizaciones de salud pulmonar.
Lo que está claro es que el consumo de diacetilo por vía oral es considerado seguro, pero su inhalación puede desencadenar una enfermedad irreversible. De ahí que la diferencia entre comer palomitas y respirar su vapor sea crítica.
La respuesta de la industria y la prevención de la enfermedad
Tras el escándalo, muchas marcas de palomitas de microondas eliminaron el diacetilo de sus fórmulas en 2007. A día de hoy, la mayoría de los productos comerciales ya no contienen este aditivo, lo que reduce significativamente el riesgo de exposición.
Sin embargo, los expertos recomiendan precaución. Una medida sencilla es dejar ventilar la bolsa unos segundos antes de acercarse al vapor caliente. De este modo, se reduce el riesgo de inhalar partículas dañinas que podrían desencadenar la enfermedad.
Los consumidores habituales no deberían alarmarse en exceso, salvo que exista una exposición prolongada y directa al vapor. El verdadero riesgo se mantiene en los ambientes laborales donde el contacto con diacetilo o compuestos similares es frecuente y mal gestionado. En esos casos, la prevención es clave para evitar que aparezca la enfermedad.
El gran problema del “pulmón de palomitas” es que, una vez desarrollada, la enfermedad no tiene cura. Los tratamientos se limitan a aliviar síntomas, y en los casos más graves solo un trasplante de pulmón o la oxigenoterapia ofrecen alternativas.
Por eso, médicos y organismos de salud insisten en que lo más importante es la prevención: identificar y controlar los entornos donde el diacetilo está presente. Si bien la enfermedad es poco frecuente entre consumidores actuales, los antecedentes obligan a no bajar la guardia.