Mientras miles de asistentes recorren los pasillos de una feria profesional, cierran acuerdos o descubren innovaciones, hay un impacto más amplio que a menudo pasa desapercibido: el que estos eventos generan en la economía de las ciudades donde se celebran. Hoteles, restaurantes, imprentas, empresas de transporte, alquiler de mobiliario, limpieza, montaje… Las ferias activan un ecosistema de servicios que se moviliza en torno a cada edición.
En 2024, España acogió 445 ferias comerciales, con más de 7,5 millones de visitantes y 60.105 expositores, según los datos más recientes de la Asociación de Ferias Españolas (AFE). La repercusión económica fue significativa: 13.000 millones de euros de impacto total —sumando producción directa, indirecta e inducida—, una aportación al PIB de 6.500 millones, y más de 123.000 empleos generados.
Son cifras que confirman lo que muchas ciudades ya saben por experiencia: cuando hay feria, todo se mueve.
La feria como catalizador de actividad local
Desde las grandes capitales feriales hasta las ciudades medias, los efectos son visibles. Aumenta la ocupación hotelera, se multiplican los turnos en la restauración, se acelera la producción gráfica, y se crean alianzas entre empresas locales para dar servicio a expositores y visitantes. Las ferias reactivan barrios enteros y benefician a profesionales y proveedores de proximidad que, en muchos casos, forman parte habitual de la “trastienda” del evento.
Y aunque el foco esté en los expositores y las marcas, el verdadero valor está en todo lo que permite que una feria suceda: carpinteros, montadores, diseñadores, personal técnico, seguridad, limpieza, transporte, señalética, audiovisuales… Un engranaje complejo que cobra vida semanas antes de que se abran las puertas y que desaparece en cuestión de horas, sin dejar rastro, pero habiendo dejado un importante impacto económico.
Un sector que libera potencial
Este fue precisamente el mensaje central del Global Exhibitions Day 2025, celebrado el 4 de junio bajo el lema: “Las ferias comerciales liberan el potencial”. Una campaña internacional que puso en valor cómo las ferias impulsan la innovación, facilitan conexiones presenciales, amplían el alcance de las marcas y favorecen el crecimiento de sectores, empresas y comunidades.
Tal y como subrayó Xabier Basáñez, presidente de AFE, “las ferias permiten lograr el éxito, impulsar el desarrollo económico y social, y fomentar la colaboración y la innovación”. No se trata solo de negocio, sino de progreso compartido.
Diseño y experiencia: una parte esencial del engranaje
En este contexto, el espacio expositivo no es un detalle menor. El diseño de los stands influye directamente en la experiencia del visitante y en la imagen que proyecta cada empresa. La primera impresión, la comodidad para mantener una conversación, la visibilidad de un producto o la calidez de un entorno son factores que pueden marcar la diferencia.
Por eso, muchas compañías no se arriesgan con proveedores que no generen garantías de éxito. Empresas como Servis, que llevan más de seis décadas acompañando a marcas en el entorno ferial, aportan ese equilibrio entre creatividad, funcionalidad y conocimiento técnico en el diseño de stands y su respectiva producción.
Un futuro que combina sostenibilidad e impacto
Además del componente económico, el sector mira hacia delante con un compromiso creciente hacia la sostenibilidad. El uso de estructuras modulares, materiales reutilizables, procesos más eficientes y reducción de residuos ya forma parte de muchas ferias y stands. También lo es el diseño pensado para durar, adaptarse y generar menos impacto medioambiental.
Porque si algo demuestran las cifras, es que las ferias no son una simple herramienta comercial. Son una infraestructura de impacto económico y social que favorece el empleo, fortalece los ecosistemas locales y construye relaciones a largo plazo.