Hay pocos espectáculos naturales capaces de dejar sin palabras a quien los contempla por primera vez. El glaciar Perito Moreno es uno de ellos. Situado en el Parque Nacional Los Glaciares, en la provincia de Santa Cruz, este coloso de hielo se ha convertido en el gran icono de la Patagonia argentina y en uno de los destinos más buscados por viajeros de todo el mundo, incluidos cada vez más españoles que eligen el sur del continente americano como alternativa a las rutas europeas de siempre.
Lo que hace único al Perito Moreno no es solo su tamaño —cinco kilómetros de frente, sesenta metros de altura sobre el agua y treinta kilómetros de longitud—, sino el hecho de que se trata de uno de los pocos glaciares del planeta que se mantiene en equilibrio. Mientras la mayoría retroceden año tras año por efecto del cambio climático, este avanza unos dos metros diarios y protagoniza rupturas espectaculares en las que bloques de hielo del tamaño de edificios se desploman sobre el lago Argentino con un estruendo que se escucha a kilómetros.
El Calafate: puerta de entrada a los glaciares
Cualquier visita al Perito Moreno comienza en El Calafate, una pequeña ciudad patagónica de unos 25.000 habitantes que sirve como base logística para explorar el parque nacional. Su aeropuerto internacional recibe vuelos directos desde Buenos Aires (unas tres horas y media), Ushuaia y Bariloche, lo que facilita enormemente la planificación del viaje.
El Calafate ofrece una infraestructura turística sorprendentemente completa para su tamaño: hoteles de todas las categorías, restaurantes especializados en cordero patagónico, agencias de excursiones y tiendas de equipamiento. La avenida principal, Libertador, concentra la mayor parte de la oferta comercial y es el punto de partida habitual para las salidas hacia el glaciar, situado a unos 80 kilómetros por una carretera asfaltada que atraviesa la estepa patagónica con vistas al lago Argentino.
Las pasarelas: la forma más accesible de ver el glaciar
El sistema de pasarelas del Parque Nacional Los Glaciares es una obra de ingeniería notable: kilómetros de plataformas metálicas elevadas que serpentean por la península de Magallanes y ofrecen vistas frontales del glaciar desde diferentes alturas y ángulos. Hay miradores a nivel del agua, donde se percibe la verdadera escala del muro de hielo, y otros más elevados que permiten apreciar la extensión del glaciar hacia el interior del campo de hielo.
El recorrido completo lleva entre una hora y media y dos horas a paso tranquilo. No requiere guía ni condición física especial, y es apto para familias con niños y personas con movilidad reducida, ya que los tramos principales disponen de rampas. La experiencia resulta especialmente impactante cuando se produce algún desprendimiento: el silencio se rompe con un crujido profundo, seguido del estruendo del hielo al impactar contra el agua y una ola que se propaga por el brazo del lago.
Minitrekking: caminar sobre el glaciar
Para quienes buscan algo más que contemplar el glaciar desde la orilla, el minitrekking sobre el Perito Moreno es probablemente la experiencia más emblemática del destino. La excursión combina una navegación por el brazo Rico del lago Argentino con una caminata de aproximadamente hora y media sobre la superficie del glaciar, equipados con crampones que la empresa proporciona in situ.
Caminar sobre el hielo milenario del Perito Moreno tiene algo de irreal. El paisaje cambia a cada paso: grietas profundas de un azul intenso, pequeñas lagunas de deshielo, formaciones caprichosas esculpidas por el viento y conductos verticales llamados molinos por los que el agua se cuela hacia las profundidades. Los guías, habituados al terreno, van señalando las formaciones más llamativas y explican los procesos glaciológicos que dan forma a ese mundo de hielo.
La actividad está abierta a personas de entre 10 y 65 años con una condición física razonable. No se necesita experiencia previa en montañismo ni equipo técnico: basta con llevar calzado de trekking con suela rígida, ropa de abrigo y protección solar. Al finalizar la caminata, antes de regresar en barco, se ofrece un brindis con whisky servido con hielo glaciar, un detalle que se ha convertido en parte del ritual.
Big Ice: la versión extendida
Quienes deseen una inmersión más profunda en el glaciar pueden optar por el Big Ice, una travesía más exigente que amplía el tiempo sobre el hielo a unas tres horas y media. Esta modalidad penetra más en el interior del glaciar, alcanzando zonas con formaciones de mayor tamaño y vistas panorámicas del campo de hielo patagónico sur, la tercera reserva de agua dulce más grande del planeta después de la Antártida y Groenlandia.
El Big Ice está restringido a personas de entre 18 y 50 años y exige un nivel físico algo superior. La recompensa es proporcional: la sensación de encontrarse en medio de una extensión de hielo que se pierde en el horizonte, rodeado de un silencio solo interrumpido por los crujidos del glaciar, es difícil de igualar.
Navegación por los glaciares: Upsala y Spegazzini
El Perito Moreno acapara la fama, pero el Parque Nacional Los Glaciares alberga otros 46 glaciares que merecen atención. La navegación por el brazo norte del lago Argentino permite acercarse al glaciar Upsala, uno de los más extensos de Sudamérica con casi 54 kilómetros de longitud, y al Spegazzini, cuyo frente alcanza los 135 metros de altura, el más alto del parque.
Esta excursión de día completo sale desde Puerto Bandera, a 47 kilómetros de El Calafate, y navega entre témpanos desprendidos de tonalidades que van del blanco al azul profundo. El barco se detiene frente a cada glaciar el tiempo suficiente para contemplarlos y fotografiarlos, y en algunas versiones del recorrido incluye una parada en la estancia Cristina, un establecimiento ganadero histórico accesible solo por agua.
¿Cuándo ir? La mejor época para visitar
La temporada alta va de noviembre a marzo, coincidiendo con el verano austral. Las temperaturas oscilan entre 5 y 20 grados, los días son largos —en diciembre anochece pasadas las diez de la noche— y todos los servicios funcionan a pleno rendimiento. El precio que se paga es el de las aglomeraciones: enero y febrero son los meses de mayor afluencia.
Las temporadas intermedias, de septiembre a octubre y de abril a mayo, ofrecen una alternativa interesante para quienes prefieran evitar las multitudes. Los precios de alojamiento bajan considerablemente, el clima sigue siendo manejable y los colores del otoño patagónico en abril son un espectáculo adicional. En invierno (junio a agosto) muchos servicios cierran o reducen horarios, aunque las pasarelas frente al glaciar permanecen abiertas.
Consejos prácticos
El clima patagónico es célebre por su imprevisibilidad. La recomendación universal es vestirse por capas y llevar siempre una chaqueta cortavientos e impermeable, incluso en pleno verano. El viento es una constante y puede cambiar las condiciones en cuestión de minutos. Las gafas de sol con buena protección UV son imprescindibles: la radiación solar reflejada por el hielo es intensa, especialmente en las excursiones sobre el glaciar.
La entrada al Parque Nacional Los Glaciares se abona en el acceso y su precio se actualiza cada temporada. Es recomendable llevar efectivo en pesos argentinos como respaldo, aunque la mayoría de servicios aceptan tarjeta. La señal de telefonía móvil es prácticamente inexistente dentro del parque.
Para quienes buscan organizar su visita con antelación, existen operadores locales especializados que ofrecen excursiones glaciar Perito Moreno con traslados, guías y logística incluida, lo que simplifica considerablemente la planificación, especialmente para viajeros internacionales.
Un destino que marca
Hay destinos que se visitan y destinos que se recuerdan. El glaciar Perito Moreno pertenece claramente a la segunda categoría. Ya sea desde las pasarelas, desde la cubierta de un barco o con los crampones clavados en el hielo milenario, la experiencia de enfrentarse a esa masa de hielo viva, que cruje, avanza y se derrumba ante los ojos del visitante, deja una impresión que no se diluye con el tiempo.
La Patagonia argentina no es un viaje corto ni barato desde España, pero quienes lo han hecho rara vez se arrepienten. Para los que buscan naturaleza en estado puro, lejos de las rutas masificadas y con una escala que resulta difícil de asimilar hasta que no se está allí, El Calafate y sus glaciares representan una de esas experiencias que justifican cruzar un océano.