Sucesos

Una banda de atracadores tiene en jaque a los negocios del barrio de La Salle

Uno de los delincuentes se apodera de la caja registradora del gimnasio en la madrugada de ayer. DA
Uno de los delincuentes se apodera de la caja registradora del gimnasio en la madrugada de ayer. DA

Están hartos, y se les nota, aunque en su enfado no deja de atisbarse una suerte de frustración al temer que las denuncias presentadas no lleguen a buen puerto. Tienen motivos para la desilusión, porque los atracos se suceden sin que la acción policial se traduzca en una necesaria respuesta judicial ante lo que consideran inadmisible. Son un grupo de pequeños empresarios a los que une la legítima aspiración de sacar adelante a sus familias con los negocios que abren al público en las calles de Garcilaso de la Vega y de Gumersindo Robayna Galván.

No es el extrarradio, precisamente, sino que se ubican en el santacrucero barrio de La Salle, en realidad el centro geográfico de la parte más privilegiada de la capital tinerfeña. Y, sin embargo, una banda de atracadores los tiene amargados. Su última fechoría, en la madrugada de ayer, entre el martes y el miércoles. Le tocó sufrirla al gimnasio, pero antes fue el bar, la farmacia, la tienda de deportes… Es la oleada de atracos que se registra hoy en Santa Cruz. “Fue anoche, sobre las 3.50 horas. Rompieron el candado de una ventana lateral y así pudieron levantar la reja y se coló uno de ellos, aunque sabemos que son tres. Entró y en las imágenes se ve cómo se lleva la caja registradora entera. Iba con guantes y capucha, está claro que novato no era, no”. Así relata Nacho, responsable del Star Gym, la desagradable visita de los amigos de lo ajeno.

Su rostro es serio pero sereno, propio de alguien al que le anticipa el bien ganado prestigio con que cuenta su local en ese sector. Precisamente, Nacho, en declaraciones a DIARIO DE AVISOS, abre la puerta a este escandaloso fracaso de la seguridad ciudadana en Santa Cruz de Tenerife. “Vino la policía, y está claro que trabajaron con profesionalidad, no tenemos problemas con ellos, pero, como sabemos lo que está pasando en el barrio, la verdad es que muchas esperanzas no tenemos en que los cojan”.

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Lo que está pasando en el barrio nos lo cuenta también Ariadna, una joven que comanda el bar ubicado en las inmediaciones. Su historia ahonda la preocupación despertada por el atraco en el gimnasio de Nacho. “Aquí lo intentaron dos veces; la primera vez fue el pasado 19 de diciembre. Por el reloj de las cámaras de seguridad sabemos que fue a las 4.33 cuando nos rompieron la puerta de entrada, y mientras dos hacían fuerza, un tercero pretendía colarse por debajo. Desistieron porque llegó el repartidor del periódico y se pusieron en fuga, pero volvieron dos días después, el 21.

Ariadna y Nacho son dos de los empresarios afectados por los asaltos. Sergio Méndez p457252afot3 p457252afot1
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En la tienda de deportes avisan a los ladrones de que ya no guardan dinero en el interior. S. M.

Esa noche lo intentaron a la una de la madrugada, para que no les pasara lo de la otra vez, pero esta vez se toparon con la rampa de minusválido que situamos para que no pudieran entrar”, explica Ariadna. Lo cierto es que lo de su bar no tiene nombre: “Hace unos meses, cuando aún estaba el anterior propietario, pero yo ya trabajaba aquí -sigue la joven-, entraron y se llevaron la registradora y arramblaron con la máquina tragaperras. Hicieron lo mismo: dos levantaron la reja y un tercero se coló por debajo. Imagínese cómo llegó a estar la cosa que el anterior dueño tuvo que quedarse a dormir en el bar por la noche para que no le robasen más”.

Lamentablemente, el frustrado asalto del 21 de diciembre no frenó a estos delincuentes. A buen seguro que, irritados por su fracaso en el bar, se dirigieron a la cercana farmacia para cometer allí sus tropelías. “Seguro que fue después de la una de la madrugada, porque esa noche tuvimos la cena de empresa y algunos de los trabajadores vivimos junto a la farmacia y volvimos, como muy muy tarde, a las doce y media de la noche”, explica Carol, responsable de la farmacia en la tarde de ayer. “Nos rompieron la cerradura de la reja y dos de ellos hicieron palanca con las puertas de cristal para que otro se colase”, detalla en una secuencia de hechos que, a estas alturas de la investigación, por el castigado barrio difícilmente provoca alguna sorpresa, por lo repetitivo que resulta. Tampoco llama la atención que “se llevaron la caja registradora y un portátil, también revolvieron el despacho del jefe, seguramente en busca de efectivo”, continúa la boticaria.

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La guinda a semejante panorama aparece en forma de cartel anunciador. “En este establecimiento no dejamos dinero en efectivo en caja”, reza el aviso público situado en la cristalera de una excelente tienda de deportes, especializada en artículos de montaña y otros. “Lo pusimos porque nos rompieron un par de veces las cristaleras para llevarse el cambio”, cuenta Aarón, un joven empresario que recuerda con pesar que “quebraron las cristaleras con una tapa de alcantarilla, y cada una de ellas vale entre 2.500 y 3.000 euros”, en unos hechos que tuvieron lugar hace medio año y cuyo responsable, al parecer, es un joven que acababa de salir de prisión y que al poco volvió a ingresar en la misma.

Los cacos intentan entrar en el bar por la reja el pasado 19 de diciembre. DA

Sea como fuere, estos vecinos están convencidos de que la oleada de robos se extiende más allá de estas dos calles, “lo que no se comprende cuando tenemos aquí cerca tanto una comisaría de la Policía Nacional como otra de la Policía Local”, recuerda con cierto asombro uno de los afectados. “Muchas veces, esta calle no está iluminada”, apunta otra de las víctimas de esta sucesión de atracos.

Todos ellos coinciden en algo: “Nos quejamos porque nos tienen fritos y, la verdad, ya está bien de aguantar estos robos”.